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Yo podía nadar, pero no lo sabía, Hageo Herrera

Mi padre me llevó a una excursión, fuimos a un lugar llamado «Matahambre», fuimos en búsqueda de leña y a dar una vuelta a una siembra que tenía en ese lugar, era en la ribera del río Orinoco. No hacía mucho que habíamos zarpado del Puerto del pueblo, cuando de pronto, extrañamente, la embarcación dio una vuelta y quedamos todos en el agua. Mi papá nadó hacia la orilla y yo me sujete a la proa del barco. Cuando papá llegó a la orilla, me gritó: ‘¡VENTE!’. Aunque fui criado en el río, yo nunca había nadado. Suponía cómo se hacía, pero nunca lo había hecho. El barco naufragado y yo, abrazado de la proa, éramos arrastrados por la corriente del río hacia un fuerte raudal llamado «Cedeño», que estaba muy cerca. Papá insistía desde la orilla: ‘¡VENTE!’.
Ante cualquier crisis en la vida, uno tiene que tomar decisiones con mucha sabiduría y seguridad. Más aún, cuando uno está cerca de alguien que, con toda seguridad, le defenderá en el momento más oportuno. En la historia que les cuento, también debo confesarles que yo creí en la presencia y en la mirada de mi padre. Yo nunca había nadado, observé a mi papá, me desprendí de donde estaba sujetado, comencé a hacer los movimientos que veía en los que sabían nadar, mi confianza aumentó cuando notaba que avanzaba y continuaba viendo a mi padre que en la orilla me esperaba. Ante cualquier amenaza o situación de peligro, Dios está contigo, por ello, como dice el Salmo 91:7, «caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra: Mas a ti no llegará»
Lo que importa es que siempre tengas la convicción de que Dios está contigo, esa convicción será tu brújula, con su dirección sabrás siempre el norte que debe seguir. Esa convicción no es solo para los momentos de crisis, esa convicción se llama Fe; también, esa convicción, es el principio de la sabiduría. Todos los que viven su vida en el temor de Dios tienen la más segura garantía. El Salmo 34:7 nos recuerda que el ángel de Jehová acampa alrededor de nosotros y nos defiende.
Mientras yo continuara abrazado a aquella embarcación, mi seguridad era provisional. Muy pronto llegaría al lugar de corrientes caudalosas y la situación iba a empeorar. En esa ocasión, a mí me convenía escuchar la voz de mi padre y tratar de avanzar hacia su presencia, llegar hasta él, acercarme a él. Yo sé muy bien que papá nunca dejaría que el mal ocurriera, en medio de la crisis él nunca me abandonaría.
Te recomiendo que no te aferres a las cosas efímeras de este mundo, eso puede acercarte más y más hacia el abismo. Recuerda que lo único que podrá mantenerte sobre cualquier dificultad, es la convicción de la presencia de Dios en tu vida. ¡Qué sabroso es cuando tú puedes decir Él está ahí! Con esa convicción tú podrías decir como el salmista: «Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra» (Salmo 121:1-2).
Tu servidor y amigo.

Hageo Herrera
Pastor

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