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Volver a Dios

(George Laguna – Pastor y periodista).-

¿Se puede caminar con Dios? ¡La Biblia nos enseña que si podemos! Miqueas fue uno de los hombres de Dios que lo hizo. Él era un profeta para el pueblo de Judá en una época de gran maldad e injusticia social. Había falsos profetas, líderes crueles, comerciantes y funcionarios deshonestos, violencia y corrupción.
Los sacerdotes, que debían representar a Dios en el templo y enseñar a la gente la Palabra de Dios, eran codiciosos y avariciosos con los bienes materiales. Estaban tomando ventaja de los pobres y de las viudas y los jueces aceptaban sobornos. Los hombres de negocios fueron deshonestos en sus tratos y engañaban a la gente. Era muy similar a nuestra sociedad hoy.
«¿Hay aún en casa del impío tesoros de impiedad, y medida escasa que es detestable?» (Miqueas 6:10).
Al mencionar los tesoros de impiedad el profeta Miqueas se refirió a las riquezas que acumularon  por medio de negocios deshonestos. Eran usureros y oprimían al pueblo. Muchas de estas personas iban al templo con un sacrificio, y participaban en las ceremonias, pero lo hacían de manera superficial.
Aparentemente, obraban con honestidad, y parecía que amaban la misericordia. Pero, ¿cómo actuaban durante la semana, cómo se comportaban en el día a día? Dios dijo: «¿Daré por inocente al que tiene balanza falsa y bolsa de pesas engañosas?» (Miqueas 6:11).
Los vendedores en aquellos días pesaban no sólo la mercancía, sino que también apoyaban engañosamente sus manos en la balanza, engañando a la gente con unas pesas falsas. Muchas personas estaban haciendo negocios de manera deshonesta, y Miqueas les recriminó. Había personas deshonestas, avaras y codiciosas. Y aun así, querían engañar a los demás haciéndose pasar por personas muy honestas.
¿No es éste un cuadro bastante real de la situación en nuestros días? ¿No es cierto que parece una descripción de las circunstancias en la cual vivimos?
Es muy delicado el depositar nuestra fe o esperanza en algo o alguien que no sea Dios. Bueno, esa era la misma situación en esa tierra, en los tiempos del profeta Miqueas. Dios reprobaba esa sociedad y la manera en que actuaba su pueblo escogido.
Miqueas instaba al pueblo al arrepentimiento y a la necesidad urgente de regresar a Dios. Al observar la similitud de la sociedad de aquel entonces con nuestra actualidad, también creo que es urgente y necesario como nación arrepentirnos y volver a Dios.
Recordemos que a pesar de la justicia de Dios, Él se dedicó con pasión a Su pueblo. Él dijo: «Si se conducen según mis estatutos, y obedecen fielmente mis mandamientos, yo les enviaré lluvia a su tiempo, y la tierra y los árboles del campo darán sus frutos» (Levíticos 26:3-4), y continúa en versículo 12, «y andaré entre vosotros, y yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo».
Bienaventurada la nación que pone su confianza en el Dios Altísimo.

SOLI DEO GLORIA.

georgelaguna@gmail.com

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