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Vilmente asesinada por su padre y rescatada por Jesús

He visto las marcas de los clavos en sus manos. Era mi Señor Jesús. Él me cargó en sus manos y me sacó del pozo, y me dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; quien cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25)

(Joe Irizarry – Verdad y Vida).-

“Yo nací en una familia musulmana ortodoxa y fanática en el mes musulmán del Ramadán, en un imperio de Oriente Medio. Ahora nací de nuevo, acepte a Jesucristo como mi Señor y Salvador, convirtiéndome en una ciudadana del Reino de Dios”. Así se expresa la joven Ramza, quien atravesó por un momento asfixiante y conmovedor, pero donde sobresale la unción del Espíritu Santo. A continuación de viva voz conozca su historia.

PRIMEROS PASOS

Yo era una niña religiosa desde mi infancia. Siempre estaba adelante para recitar el Corán. Realizaba las oraciones cinco veces al día, ayunaba en el mes para el Ramadán. Mantuve la tradición de usar las vestiduras “abaya”, con la cabeza y el rostro cubiertos.
Mi familia era grande, un padre, tres madres y trece hijos (incluyéndome). Mi padre tiene una renta enorme de varias agencias comerciales. He terminado la enseñanza escolar. Una de mis amigas, que estudió conmigo, intentó transmitirme el mensaje de Jesucristo. Ella era hija de un pastor, que está ministrando con una entidad misionera y distribuyendo Biblias para Oriente Medio. Pero nunca acepté su mensaje y argumentos.
Luego que terminé mis estudios, mi padre quería casarme con un hombre viejo y rico, ya tenía tres esposas y varios hijos. Creo que sería más joven que su hijo menor. Una noche fui a encontrarme con mi padre en su cuarto, estaba hablando con una de sus esposas. Rogué que no organizara mi matrimonio; sin embargo, quería seguir preparándome académicamente, rechazó mi petición. Discutí con él, porque era incapaz de imaginar tal boda, no me oyó en nada, le hice saber que lo mejor era irme de la casa antes la boda.

ACCIÓN SANGUINARIA

Mi padre se enfadó por lo que dije y discutí con él. De repente, tomó una silla y golpeó mi cabeza con sus piernas. Debido a su ataque brutal, tenía un traumatismo craneal. Pensó que estaba muerta. Su mente criminal se despertó. Ellos (padre y madre) no informaron mi muerte a los demás. Ellos ataron mi cuerpo dentro de una bolsa de plástico, llevándome en coche a una distancia larga, donde me arrojaron en un pozo profundo, en una plantación. El pozo no tenía agua los demás miembros de la familia podrían pensar que salí de casa a causa del matrimonio desinteresado.
Cuando mi cuerpo fue arrojado, vi que mi alma iba al infierno a través de una terrible oscuridad. Yo estaba mal, deseaba una gota de agua para saciar mi sed. Yo sabía que mi alma estaba sedienta, no por el agua terrestre, sino por el agua de vida, que es la Palabra de Dios. Yo vi el Evangelio, dado por mi amiga de escuela, delante de mí. Eso me trajo algún consuelo. Traté de alcanzarlo, pero mis manos no podían tocarlo. El Evangelio guió mi alma hacia un jardín increíble.

JESÚS SALVADOR

Había un hombre fuerte, sano y hermoso que estaba dentro del pozo. Tomó la bolsa de mi cuerpo muerto con sus manos, desató y acarició mi cabeza y cuerpo. Abrí los ojos como despertando de un sueño. He visto las marcas de los clavos en sus manos. Era mi Señor Jesús. Él me cargó en sus manos y me sacó del pozo, y me dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; quien cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25).
Me postré delante de Él, y dije con lágrimas de alegría: “Señor Jesús, tú eres mi Señor y Salvador. Usted fue crucificado y murió por mí, está resucitado verdaderamente. Yo soy tuya. Yo creo en ti”. Levanté la cabeza y lo miré, pero no había nadie. Yo no sabía qué hacer, pero estaba tan feliz, alabando y agradeciéndole.

SIERVOS ENVIADOS

Dentro de unos minutos, una pareja misionera vino a mí, se presentaron como cristianos y dijeron que el Señor Jesús los guio hacia mí. Compartí mi experiencia con ellos. Ellos me dieron una Biblia y me llevaron a una casa donde viven cinco mujeres trabajadoras de una granja agrícola y ganadera. Ellas son nacidas de nuevo, y yo me quedé con ellas. Aprendí más sobre la Palabra de Dios y adoramos a Jesús juntos en nuestra casa-iglesia, voy con ellas a la hacienda como trabajadora y sierva del Señor. Oro por mis familiares y todas las personas de Oriente Medio para ser salvos.◄

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