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Vida en la Palabra: Vivir sin apegos

(Liliana Daymar González – Periodista).-

Nadie está exento de apegarse a las personas con las que convive, a los objetos, a sus mascotas e incluso a los hábitos y a la rutina, lo grave es depender irracionalmente de eso para alcanzar paz y bienestar. Si temes a que alguien te deje de amar, a perder el empleo, a que tus hijos abandonen el hogar, a envejecer, a la soledad, vives en cautividad, porque la principal causa del sufrimiento son los apegos.
El psicólogo Walter Riso, en su libro Desapegarse sin anestesia dice que «el apego es un estado mental y emocional de vinculación compulsiva a una cosa o persona determinada, producto de la creencia de que sin eso, no es posible ser feliz». La mente entreteje una cadena de mentiras que suponemos son ciertas y pensamos: No puedo ser feliz si fulano me deja. El centro de mi vida es el trabajo. Yo vivo para mis hijos. Sin la droga estoy perdido. Al supeditar la felicidad a algo o alguien, vivirás en un estado de angustia permanente.

¿Conoces la historia del Joven rico y Jesús?
Supongamos que el pasaje bíblico narrado por Lucas, ocurre en nuestros días: Un joven elegantemente vestido, al estilo de Armani, baja de su Ferrari, saca un lustroso pañuelo de uno de sus bolsillos, y limpia un insignificante sucio de la carrocería. Al ver a Jesús pasar por ahí, le dice: Buen Maestro, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Y Jesús le responde: «Vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoros en el cielo; luego ven y sígueme» (Lucas 18:18). Al oírlo, el joven miró su reloj de diamantes, su flamante automóvil, a la rubia despampanante que lo acompañaba y se afligió mucho.
El joven no estaba dispuesto a perder lo que él suponía le daba felicidad por seguir a Cristo. Lo sorprendente, es la intención de Jesús, Él no estaba interesado en dejar al muchacho sin fortuna, buscaba con su respuesta, revelarle lo que había en su corazón: un apego desmedido hacia el dinero que le impedía heredar los tesoros eternos.
La mayoría de nosotros somos como ese Joven rico, deseamos la Salvación que Dios ofrece, pero sin Salvador. Desconfiamos de Su Palabra, no creemos que al seguirlo, Él pueda suplir todas nuestras carencias con sus riquezas en gloria y nos aferramos con fuerza al timón de nuestra vida, impidiendo que Dios tome el control. ¿A qué te apegas?, ¿al trabajo, al sexo, a la belleza, al dinero, al poder,  a la droga, al novio, al cónyuge, a los hijos, al facebook…?
La persona que no está llena de la plenitud del amor de Dios, busca ocupar sus huecos emocionales, su necesidad de afecto, compañía o de aceptación, con gente, objetos, dinero, vicios, redes sociales, Internet, viviendo en un estado de aflicción constante, porque nada, excepto el amor de Dios, es eterno. Sin embargo, se niega a soltar lo que supone llena, al menos transitoriamente, sus vacios e  inseguridades.
La única forma de liberarnos de los apegos es «conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para ser llenos de toda plenitud de Dios» (Efesios: 19). Cristo llena todos nuestros vacios con su amor y misericordia eterna. Eso nos libera de buscar el amor de los demás para llenar nuestros abismos emocionales. Podremos vincularnos sin depender de nada ni nadie para ser feliz, e incluso renunciar a ellos y continuar viviendo,
lili_vidaenlapalabra@hotmail.com

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