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Vida en la Palabra: Vida en construcción

(Liliana Daymar González – Periodista).-

¿Cuántas veces has sembrado los cimientos de un proyecto para más tarde abandonarlo? Me refiero a negocios sin consumar, estudios a medio concluir, deudas sin liquidar, matrimonios a medio acabar, planes a media milla. Gente que comenzó a caminar hacia sus metas, pero se rindieron cuando la situación se puso difícil. Prefieren vivir en ruinas simplemente porque no quieren volver a empezar.
Puedes pasar años en medio de los escombros, deprimido, derrotado, lamentándote de tu situación o te levantas de una vez, decidido a reconstruir tus sueños. La Biblia narra la historia de Nehemías, un hombre común como cualquier otro. Decidió levantar los muros de Jerusalén luego de décadas de estar en ruinas y lo logró en 52 días, gracias a la ayuda de Dios. Nótese que fue Nehemías quien lo hizo, muchas veces esperamos milagros que nosotros mismos podemos lograr con algo de esfuerzo y compromiso.
Gracias a sus constantes oraciones recibió el apoyo de Dios en aquello que en sus fuerzas humanas no podía realizar. Porque Jesús dijo: «Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios» (Lucas 18:27). No esperes a que el Señor reconstruya tus fracasos. Si no te mueves y haces tu parte, puedes estar seguro que todo permanecerá igual. Necesitamos crecer, desarrollarnos y convertirnos en lo que Dios quiere que seamos, no es su deseo vernos caídos ni debilitados.
La Palabra de Dios dice: «No tenéis porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites» (Santiago 4:3). Dios responde a necesidades, no a la codicia, es por eso que muchas oraciones no llegan al cielo. Escúchate hablar cuando le pides a Dios, le has dicho alguna vez: ‘Señor necesito dinero para hacerme la liposucción, quiero un cargo en tal o cual empresa, haz que fulano se fije en mí, que el avaro de mi jefe me aumente el sueldo, dame un carrito, aunque sea usado’. Lo que estás haciendo es condicionando a Dios, le exiges que las cosas se den a tu modo y no al suyo, tal vez lo que Dios quiere es cerrarte las puertas de la empresa en la que tu tanto te empeñas en trabajar para darte mejores oportunidades laborales, desea relacionarte con alguien que aún no has conocido; en sus planes está entregarte las llaves de un carro cero kilómetros. Dios siempre nos da «mucho más abundantemente de lo que pedimos o pensamos» (Efesios 3:20), pero cuando oras sin dirección ni control, deseando las cosas que satisfacen la carne, pides mal y no obtienes respuesta.
Lo que agradó a Dios de la oración de Nehemías fue su sensibilidad a la necesidad ajena. Al saber que los muros seguían en el suelo y que el pueblo era vulnerable a los ataques de sus enemigos; hizo duelo, ayunó y oró por varios meses. Su confianza no residía en la fuerza humana, sino en Dios. Nehemías confrontó una fuerte oposición mientras edificaba los muros: burlas, menosprecio, quejas, falta de apoyo, pesimismo y hasta intento de asesinato, pero el Todopoderoso miró su corazón, vio su compromiso con la obra y le dio las estrategias para lograr la victoria.
La vida se construye todos los días. De nada sirve afanarse en colocar ladrillo sobre ladrillo si antes no cavamos un hoyo profundo para fundamentar la edificación que llamamos vida. En otras palabras, tus habilidades y talentos no te servirán de mucho si careces de preparación (conocimiento) valores y principios morales para desarrollar y administrar los recursos que Dios te ha confiado.
El verdadero fracaso es permanecer caído. No dejes que los escombros de tu vida te hagan perder la visión y la oración. ¡Vuelve a construir! Dios está al control. Ninguna circunstancia te sacará del camino. Dios peleará por ti. No es tu batalla, es la suya. Con Él tienes el éxito asegurado.

lili_vidaenlapalabra@hotmail.com

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