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Vida en la Palabra: Te concedo lo que me pidas, Liliana Daymar González

Supongamos que Dios se te aparece en sueños para concederte lo que más anhelas. ¿Qué le pedirías? Permíteme adivinar. Le pedirías buena salud, prosperidad financiera, ayuda para alcanzar tus metas, encontrar el amor de tu vida, un buen trabajo, comprar una casa, un carro… ¿Y en esa lista de deseos pedirías sabiduría? Santiago, el hermano de Jesús, recomienda que, si a alguno de nosotros nos hace falta sabiduría se la pidamos a Dios, y Él nos la dará generosamente sin menospreciar a nadie (Santiago 1:5).
Numerosos versículos bíblicos exponen el incalculable valor de la sabiduría. Proverbios 3:13-15, dice: «Alegre es el que encuentra sabiduría, el que adquiere entendimiento. Pues la sabiduría da más ganancia que la plata y su paga es mejor que el oro. La sabiduría es más preciosa que los rubíes; nada de lo que desees puede compararse con ella».
Es tan valioso ser sabio que cuando Dios se le apareció en un sueño al rey Salomón y le dijo: «—Pídeme lo que quieras; yo te lo daré. Salomón contestó: —Dame sabiduría, para que pueda saber lo que está bien y lo que está mal» (1 Reyes 3:9. TLA).
A Dios le agradó que Salomón le pidiera sabiduría más que cualquier otra cosa en el mundo, y le dijo: «—Como has pedido esto, y no larga vida ni riquezas para ti, ni has pedido la muerte de tus enemigos sino discernimiento para administrar justicia, voy a concederte lo que has pedido. Te daré un corazón sabio y prudente, como nadie antes de ti lo ha tenido ni lo tendrá después. Además, aunque no me lo has pedido, te daré tantas riquezas y esplendor que en toda tu vida ningún rey podrá compararse contigo. Si andas por mis sendas y obedeces mis decretos y mandamientos, como lo hizo tu padre David, te daré una larga vida» (vs.11-13).
Una persona sabia teme a Dios y se aparta del mal. Es alguien que demuestra buena conducta a través de sus obras hechas con humildad y tiene como prioridad complacer a Dios antes que a sí mismo (Santiago 3:13). ¿Te consideras una persona sabia? ¿Te das cuenta de que no es lo mismo ser inteligente que ser sabio? La inteligencia es la facultad de aprender, entender, razonar, tomar decisiones y formarse una idea determinada de la realidad. La sabiduría, en cambio, tiene que ver con nuestro carácter y el modo en el que nos conducimos en la vida.
Alguien con sabiduría cuida como un tesoro su reputación y su integridad. No se molesta fácilmente, no reacciona con ira ni violencia en situaciones de crisis porque ha aprendido por el ejercicio a callar y a esperar el momento oportuno para hablar. El sabio mantiene buenas relaciones humanas con las personas que le rodean y ha aprendido a discernir lo que está bien y lo que está mal.
¿Quieres mantener una buena relación con tu cónyuge y con tus hijos? ¿Quieres llevarte bien con tus compañeros de trabajo? ¿Quieres prosperar en todo lo que hagas? ¿Quieres dejar de meterte en problemas? Necesitas sabiduría. ¿Cómo la obtienes? ¡Pídasela a Dios! En Cristo están encerradas todas las riquezas de la sabiduría y del conocimiento (Colosenses 2:2-3). A medida que profundizamos nuestra relación con Dios nos hacemos más sabios y entendidos. El primer paso para lograrlo es aceptar la salvación a través de Jesucristo. Luego, día tras día, lee y meditar en las Escrituras, congrégate en tu iglesia local, reúnete semanalmente con otros cristianos para estudiar el Evangelio, obedece a Dios y apártate del mal.

Liliana Daymar González
Periodista
lili_vidaenlapalabra@hotmail.com

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