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Vida en la Palabra: Resistiendo la indolencia

La grave situación que atraviesa el país la estamos padeciendo a diario todos los venezolanos. Tanto los que se rasgan las vestiduras en defensa del gobierno como la oposición ciudadana que resiste. Por eso, resulta repudiable que un grupo de la población se mantenga indiferente al daño propio y al de sus coterráneos. Se ha hecho costumbre que familias completas hurguen la basura buscando algo para comer y no morirse de hambre. Enfermos de cáncer, portadores del VIH, hipertensos y diabéticos, entre otros, peregrinan por las farmacias de todo el país en busca de tratamiento farmacológico. La impunidad y el colapso del sistema judicial ha favorecido el incremento del hampa y el crimen en todo el territorio nacional. La represión de los cuerpos de seguridad del Estado contra las manifestaciones opositoras cobran cada día nuevas víctimas. La lista de nuestros padecimientos continúa de manera prolongada y progresiva. El asunto que quiero exponer es la indolencia de un sector de la población que también experimenta la crisis, mas no se conmueve ni se solidariza con la misma. Según la psicóloga María Rivas, “la indolencia social, la insensibilidad y la indiferencia ante el dolor ajeno es una característica marcada de ladrones, corruptos y criminales. Los indolentes no piensan en los demás, se concentran en sí mismos. Esto les permite no sentir remordimientos, recato ni consideraciones con otros. Así, los delincuentes son indolentes con sus víctimas. Los corruptos son insensibles al daño que ocasionan”. Mi pregunta es, ¿qué estás haciendo para mejorar tu entorno? ¿Te has solidarizado con los pobres y los enfermos o eres como el sacerdote de la historia que narró Cristo en Lucas 10:30-37, el cual no se detuvo a ayudar a un hombre que se hallaba medio muerto en el camino? Solo un corazón egoísta es indiferente ante el sufrimiento de los demás. Estoy convencida que Dios permite las calamidades de los pueblos para enseñarles lecciones de amor y humildad. No basta con sentir indignación, rabia o tristeza, debemos movernos a misericordia como el buen samaritano de la historia. La pasividad también es indolencia. Los indolentes ‘pasivos’ están ocupados en lograr sus objetivos sin ‘ver para los lados’, algunos son arribistas que perjudican a otros o no les importa su sufrimiento con tal de que ellos estén bien. Proverbios 21:13 dice: “El que cierra su oído al clamor del pobre, también él clamará y no recibirá respuesta”. No endurezcas tu corazón, ni cierres tu mano al pobre. No ames de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad (1ª Juan 3:18). Involúcrate en los problemas sociales, colabora, cumple la ley de Cristo: “El que tiene dos túnicas, comparta con el que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo” (Lucas 3:11).

Liliana Daymar González
Periodista
Lili_vidaenlapalabra@hotmail.com

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