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Vida en la Palabra: Oraciones S.O.S

Estoy convencida de que si queremos ver milagros diarios en nuestras vidas necesitamos orar persistentemente. Sin embargo, «orar sin cesar» parece una tarea imposible, pues tenemos numerosas obligaciones por cumplir y la sola idea de permanecer de rodillas con la cabeza inclinada y las manos entrelazadas se torna absurda.
Empero, no podemos olvidar que la Biblia dice que los creyentes somos templo y morada del Espíritu Santo, en nuestros cuerpos habita el Señor, razón por la cual no es preciso buscar a Dios en un lugar específico, nosotros somos el lugar de oración. Esto quiere decir que podemos hablar con Dios mientras cumplimos con nuestras actividades habituales, a toda hora del día y bajo cualquier circunstancia.
En la agenda de un cristiano genuino siempre hay un tiempo especial para cerrar la puerta e ir en busca del Padre, leer la Biblia y meditar en ella. Un creyente inicia y concluye su día orando a su Señor; y para cumplir el precepto bíblico de «orar sin cesar» hace oraciones breves durante todo el día. Estas cortas oraciones lo mantienen enganchado a Cristo: «Padre, acompáñame», «Señor, dame fuerzas», «Oh, Dios mío, controla mi temperamento», «Ayúdame, Señor, a tomar esta decisión», «Líbrame del mal, Altísimo Señor».
Hay otro tipo de oraciones que yo llamo S.O.S, son plegarias implorando auxilio como aquella que hizo Pedro cuando estuvo a punto de ahogarse en el embravecido mar de Galilea: «¡Señor, sálvame!», gritó el apóstol. Enseguida Jesucristo extendió su mano y lo salvó.
Si hoy tienes el agua al cuello y sientes que te hundes en un mar de problemas, quiero que sepas que nunca es demasiado tarde para elevar una plegaria al Señor. Clama por un matrimonio en dificultad, por hijos con adicciones, por un familiar enfermo, por un esposo alcohólico, por un padre desentendido, por penurias económicas, por un país en crisis. Siempre que implores con sinceridad, y en espíritu y verdad, Dios está dispuesto a extender su mano para salvarte.
No es necesario hacer oraciones que rimen y suenen bonito. Las genuinas oraciones son voces de auxilio que no se planean, salen espontáneamente; basta con que te acerques a Dios con un corazón arrepentido y humillado y le digas como David: «Ten misericordia de mí, oh Señor, debido a tu amor inagotable; a causa de tu gran compasión, borra la mancha de mis pecados» (Salmo 51:1. NTV). En este nuevo año toma la trascendente decisión de llevar una vida devocional más profunda y consagrada a Cristo.

Liliana Daymar González
Periodista
lili15daymar@hotmail.com

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