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Vida en la Palabra: Obsesionados por un “like”

Las redes sociales han revolucionado la manera de relacionarnos. Hoy en día es muy raro que alguien no tenga un perfil en Facebook, Twitter o Instragram. Millones de personas comparten diariamente lo que hacen en tiempo real, no necesitan salir de sus casas, simplemente buscan su mejor ángulo y se toman un selfie frente al espejo; ya no hay espacio para la intimidad, exhiben sus comidas diarias, atuendos, visitas a la peluquería y hasta su postura antes de dormir, todo por un «like» (o me gusta). Si bien es cierto que todos necesitamos nuestra cuota de aprobación hay que tener mucho cuidado para no caer en la dependencia. Las personas que publican recurrentemente fotografías de sí mismas o las que exhiben sus aparentes «vidas perfectas», sufren de inseguridad y tienen una gran necesidad de reconocimiento y/o aprobación. Como el «me gusta» es tan gratificante como fugaz, repiten una y otra vez sus esfuerzos para ganar popularidad entre sus seguidores.   La popularidad puede ser desgastante. La estrella del pop Selena Gómez, quien en la actualidad cuenta con 126 millones de seguidores, dijo el año pasado en una entrevista, que había iniciado terapia porque tenía la autoestima destruida y era adicta a la red social Instagram. «En cuanto me convertí en la persona más seguida en Instagram, como que me asusté. Se había convertido en algo que me consumía tanto. Me levantaba a verlo y me iba a dormir viéndolo. Era una adicta», dijo Gómez.En una sociedad narcisista, donde ¡la imagen lo es todo!, las personas necesitan copiar estereotipos: el que viaja es más feliz, la delgada es más exitosa, el que sigue las tendencias de la moda es más popular. Hay una acentuada obsesión por ser el centro de todas las miradas y por agradar a las multitudes.La Biblia enseña que los seguidores de Cristo no debemos imitar las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien debemos dejar que Dios nos transforme en personas nuevas al cambiarnos la forma de pensar (Romanos 12:2).  Las redes sociales son una gran herramienta para exhibir y desarrollar nuestros talentos, para expandir nuestros negocios, para relacionarnos con los amigos y familiares que tenemos lejos y son estupendas para difundir el evangelio, siempre y cuando mantengamos el equilibrio entre lo público y lo privado. No necesitamos compartir una foto para que otros reconozcan lo felices o próspero que somos. Nuestra meta en la vida es agradar a Dios, y no a las personas. El apóstol Pablo declaró: «No es mi intención ganarme el favor de la gente, sino el de Dios. Si mi objetivo fuera agradar a la gente, no sería un siervo de Cristo» (Gálatas 1:10. NTV).Piensa y reflexiona: ¿a quién estás más interesado en agradar? ¿A las multitudes o a Dios?

Liliana Daymar González
Periodista
Lili15daymar@hotmail.com

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