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Vida en la Palabra: Mancillan el matrimonio

[quote]Dios aborrece la homosexualidad porque es antinatural, quebranta su plan original, destruye a la familia, distorsiona la sexualidad, deforma los valores morales y espirituales, propaga enfermedades, y acarrea irremediablemente la muerte de la humanidad[/quote] El Espíritu Santo gime al ver multiplicada la maldad. Hemos llamado a lo malo bueno, y a lo bueno malo; hemos hecho de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz (Isaías 5:20). El 26 de junio de 2015 se legalizó el matrimonio homosexual en los Estados Unidos de Norteamérica, convirtiéndose en el vigésimo país en sodomizar a los pueblos.
La Biblia enseña que Dios creó al hombre a su imagen; «varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos: llenad la tierra» (Génesis 1:27-28). Nadie puede elegir su sexo, ni sus preferencias sexuales, porque ya las trae al nacer y fueron definidas por su Creador. Dios instituyó el matrimonio como el vínculo de amor que llevaría a un hombre y a una mujer a cumplir el propósito de la multiplicación de las razas. Ni los animales, ni las personas del mismo sexo pueden reproducir, engendrar y multiplicar la propia especie.
La homosexualidad es una desviación del plan de Dios. Levítico 20:13 establece que «si alguien se acuesta con otro hombre como quien se acuesta con una mujer, comete un acto abominable y los dos serán condenados a muerte, de la cual ellos mismos serán responsables». Dios aborrece la homosexualidad porque es antinatural, quebranta su plan original, destruye a la familia, distorsiona la sexualidad, deforma los valores morales y espirituales, propaga enfermedades, y acarrea irremediablemente la muerte de la humanidad. Las leyes de Dios son como las leyes físicas, siempre se han de cumplir. No importa las justificaciones que le demos a los pecados sexuales, Dios es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Estemos o no de cuerdo ¡su Palabra se cumple!
«¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos de vosotros, pero ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios» (1ª Corintios 6:9-11).
El pecado comienza cuando rechazamos la voluntad de Dios y nos conducimos de acuerdo a nuestros deseos. Es tan pecador aquel que comete la falta como quien la aprueba y justifica. Sepan todos que la voluntad de Dios es que seamos santificados; y nos apartemos de la inmoralidad sexual (1ª Tesalonicenses 4:3) para que no caigamos en la condenación eterna.

Liliana Daymar González
Periodista
lili_vidaenlapalabra@hotmail.com

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