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Vida en la Palabra: ¿En quién confías?

(Liliana Daymar González – Periodista).-

Si has sufrido la traición de algún ser querido, familiar, amigo, compañero o grupo sabes que es una de las experiencias más dolorosas de la vida. La lealtad es mutilada por el traidor sin compasión con el puñal del engaño abriendo heridas profundas en la víctima difíciles de cerrar porque la decepción y el rencor son hilos que no suturan. Sobre este tema así a dicho Dios: «¡Maldito aquel que pone su confianza en la fuerza humana, mientras su corazón se aparta del Señor!» (Jeremías 17:5). El Padre nos exhorta a evitar depositar nuestra confianza en las personas por más que las amemos, pues el corazón del hombre es engañoso y perverso, (Jeremías 17:9); de él dice el Señor: «Salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias» (Mateo 15:19).
Al apoyarnos ciegamente en brazos de carne descansamos sobre arenas movedizas, pues el ser humano olvida compromisos, incumple promesas e ignora acuerdos. Indudablemente los amigos o familiares nos dan consejos con la mejor intención, pero al no ser bíblicos nos perjudican, ya que muchas veces, para evitarnos el sufrimiento nos persuaden a desobedecer las leyes establecidas por Dios e incluso por los hombres y si les prestamos atención podemos torcer los propósitos que el Señor tiene para cada uno. Comprende que el dolor es necesario para alcanzar madurez y evolucionar. Para todas las situaciones negativas que vivimos Dios siempre tiene una salida positiva; descansar en Cristo y esperar en Él es actuar sabiamente.
Cuando Jesucristo predijo ante sus discípulos su muerte y resurrección fue con la intención de hacerles comprender que todo aquel horror por el cual pasaría estaba ordenado y establecido en los propósitos divinos. Pedro en medio de su incomprensión humana y el supremo amor hacia su Maestro se convierte en instrumento de Satanás y le sugiere la desobediencia a la voluntad de Dios, interponiéndose así, entre Cristo y la cruz. La lógica humana nos hace reaccionar como lo hizo Pedro, para evitar ver a alguien amado sufrir le proponemos soluciones perniciosas. La respuesta de Jesús fue: «¡Quítate de delante de mí, Satanás! Me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en la de los hombres» (Mateo 16:23). Conocer la Palabra y tener los pensamientos de Cristo nos aclara el panorama para tomar decisiones sabias y benditas.
Fue también Pedro, el amigo de Jesús, quien juró: «Señor dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a la muerte» (Lucas 22:33), horas más tarde, en la misma presencia de su Maestro, lo negó tres veces. Judas lo besó en la mejilla como muestra de amistad, pero en realidad era la señal del pacto con sus trasquiladores. Ni los 30 denarios que recibió le fueron suficientes para calmar su conciencia y se colgó.
Medita en qué o en quién depositas tu confianza, creer en los hombres es igual a «morar en los sequedales del desierto» (Jeremías 17:6). «¡Bienaventurado el hombre que puso en Dios su confianza y no mira a los soberbios ni a los que se desvían tras la mentira!» (Salmo 40:4).

lili_vidaenlapalabra@hotmail.com

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