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Vida en la Palabra: El alma de un extranjero

(Liliana Daymar González – Periodista).-

A lo largo de la historia de la humanidad hemos visto los desplazamientos de millones de inmigrantes y refugiados. La gran mayoría huyen de sus países de origen a causa de la guerra y de la crisis política, económica y social que enfrentan. Algunos han perdido sus vidas durante la huida, y otros, después de pasar hambre, sed y numerosas penurias, llegan a nuevas naciones con la esperanza de hallar paz, libertad y calidad de vida.
Tomar la decisión de convertirse en un expatriado no es fácil. Generalmente, los migrantes son forzados al exilio. Dejan sus casas, familias, empleos, estudios universitarios y la mitad de su corazón en la tierra que los vio nacer. Aunque sean acogidos por un grupo de personas en el país que los recibe, siempre habrá otro grupo humano que los discrimine por sentirse amenazados con su presencia.
Dios nos ordena a todos, en todas partes, que amemos, respetemos y ayudemos al extranjero:
«Pues el Señor tu Dios es Dios de dioses y Señor de señores. Él es el gran Dios, poderoso e imponente, que no muestra parcialidad y no acepta sobornos. Se asegura que los huérfanos y las viudas reciban justicia. Les demuestra amor a los extranjeros que viven en medio de ti y les da ropa y alimentos. Así que tú también tienes que demostrar amor a los extranjeros porque tú mismo una vez fuiste extranjero en la tierra de Egipto» (Deuteronomio 10:17-19).
El libro de Éxodo narra cómo Moisés, con la ayuda y dirección del Señor, movilizó a una gran masa de seres humanos que tenían cuatrocientos años esclavizados en Egipto. A pesar de ser una tarea nada sencilla, milagrosamente lograron cruzar el Mar Rojo y el desierto con la esperanza de llegar a la Tierra Prometida.
La historia se repite una y otra vez de generación en generación. Actualmente las naciones del mundo se enfrentan a una migración masiva de seres humanos, incluyendo a nuestros coterráneos.
No olvides que el alma de un extranjero palidece de miedo por la incertidumbre de no saber con lo que se va enfrentar. Sale de su país con poca ropa, con algo o nada de dinero, y con la esperanza de superar todos los obstáculos (pobreza, discriminación, un nuevo idioma, costumbres extrañas, personas diferentes) para llegar finalmente a su Tierra Prometida.
Muchos de nosotros somos descendientes de inmigrantes o tal vez nos toque emigrar algún día. Recuerda la regla de oro «todo lo que quieran que la gente haga con ustedes, eso mismo hagan ustedes con ellos» (Mateo 7:12 RVC).

lili_vidaenlapalabra@hotmail.com

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