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Vida en la Palabra: Economía minimalista, Liliana Daymar González

Sin duda, lo bueno que hemos aprendido de la crisis económica del país es a tomar conciencia del ahorro. El índice inflacionario de Venezuela ha originado que el poder adquisitivo de los ciudadanos sea cada vez menor. Actualmente es muy arriesgado despilfarrar el dinero en lujos y en bienes que no son necesarios. Cada compra que vayamos a realizar, por mínima que esta sea, debe ser sometida a reflexión. Antes de adquirir un bien o servicio es prioritario tomarnos un tiempo para pensar si realmente lo necesitamos o es un capricho. Si hacemos esa meditación, aprenderemos a reconocer lo innecesario y evitaremos caer en el despilfarro.
Culturalmente estamos acostumbrados a comprar en base a impulsos. Justo cuando adquirimos el celular de última generación, se nos antoja una nueva computadora. Esa conducta descontrolada nos lleva a desear cosas que están más allá de nuestras posibilidades. Hay personas viviendo en casas y conduciendo vehículos que no pueden pagar y están sobrendeudados. La Biblia enseña: «Disfruta de lo que tienes en lugar de desear lo que no tienes; soñar con tener cada vez más no tiene sentido» (Eclesiastés 6:9. NTV).
Algunos economistas están promoviendo una corriente denominada «minimalista», donde podemos optimizar el presupuesto familiar identificando todo lo sobrante e innecesario con el fin de eliminarlo. Un buen ejemplo, es el dinero que malbaratamos comprando exceso de alimentos perecederos como frutas, hortalizas y verduras que más tarde botamos a la basura, porque no los utilizamos en su tiempo óptimo y se pudren dentro de la nevera. Los gastos en la calle, las comidas en restaurantes, el cafecito diario en la panadería, las visitas semanales a la peluquería, son gastos que se podrían suprimir del todo o realizarse eventualmente.
No compres cosas por moda o para aparentar un estilo de vida que no puedes llevar. Proverbios 21:20, dice: «En casa del sabio hay riquezas y perfumes, pero el necio gasta todo lo que tiene». Para alcanzar libertad financiera necesitamos reducir los gastos innecesarios y ahorrar aunque sea una mínima cantidad mensual para ir formando un capital.
En la economía de Dios «quien ahorra, poco a poco se enriquece» (Proverbios 13:11) y «deja herencia a sus hijos y nietos» (Proverbios 13:22). En esta época de crisis, donde las familias son esclavas de los acreedores, un plan de austeridad te ayudará a ahorrar para el futuro, porque es la voluntad de Dios que comas, bebas y disfrutes de la vida en paz y libertad.

Liliana Daymar González
Periodista
lili_vidaenlapalabra@hotmail.com

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