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Vida en la Palabra: ¿De dónde vendrá mi socorro?

(Liliana Daymar González – Periodista).-

Cual mujer abusada Venezuela clama por justicia. Los hijos que ha parido con amor apasionado, hoy se enfrentan al defender su causa. Desde tierras lejanas recibe postales de aquellos que han emigrado. Ella, valiente y esforzada, seca sus lágrimas, coloca un parche sobre sus heridas, viste de luto y sigue adelante preguntándose una y otra vez: ¿De dónde vendrá mi socorro?
Independientemente de la polarización política de Venezuela a todos nos importa y nos duele nuestro país. Aunque seas de derecha o de izquierda, aunque estés a favor o en contra del gobierno y/o de la oposición, ora por Venezuela. Únete diariamente a las cadenas de oración por nuestra nación.
Dios creó a todos los pueblos de la tierra con un propósito bueno, agradable y perfecto. Roguemos al Altísimo para que cumpla los planes que concibió desde antes de la fundación del mundo para nuestro amado país. Clamemos para que Dios pose su rostro sobre Venezuela y nos conceda la paz (Nm 6:26).
Isaías fue un profeta que intercedía fervientemente por la restauración y redención de su pueblo. Cuando él oraba, recordaba el abundante amor del Señor y todas las cosas buenas que Dios había hecho por los descendientes de Israel, eso le infundía confianza para insistir en su clamor sin desfallecer. Los que confiamos en Dios debemos orar sin descanso; no desmayemos hasta que la justicia resplandezca como la aurora, y como antorcha encendida veamos la salvación de nuestra nación (Isaías 62:1).
Isaías también imploraba el perdón por los pecados de su pueblo y por la desobediencia a los mandamientos del Señor, porque tenemos un Dios que ama la justicia y odia la iniquidad (Isaías 62:8).
Oremos sin cesar, así como una antorcha encendida puede verse desde lejos, así también la paz de Venezuela será visible a todos. Declaremos juntos la oración de Isaías: «Las naciones verán tu justicia y todos los gobernantes tu gloria; recibirás un nombre nuevo que el Señor mismo te dará. Serás en la mano del Señor como una corona esplendorosa. ¡Como una diadema real en la palma de tu Dios! Ya no te llamarán más Abandonada, ni a tu tierra la llamarán Desolada, sino que serás llamada Mi deleite, porque el Señor se deleitará en ti» (Isaías 62:4).
Dios hará lo que ni tú ni yo podemos hacer. Él derribará fortalezas, transformará corazones de piedra en corazones de carne, sanará, libertará y prosperará nuestra tierra.
Sigue adelante Venezuela, levanta tus ojos al cielo, de allí vendrá tu socorro.
lili_vidaenlapalabra@hotmail.com

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