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Vida en la Palabra: Cómo resolver conflictos familiares

Sabemos bien por propia experiencia que los conflictos familiares causan severos daños a sus miembros. Ninguna familia está exenta de sufrir divisiones y enfrentamientos. Jesús dijo a sus discípulos: «los tropiezos son inevitables, pero ¡ay de aquel que los ocasiona!» (Lucas 17:1. NVI). En algún momento, seremos ofendidos y ofenderemos, nos quejaremos unos de otros y nos decepcionaremos. Por eso necesitamos orar persistentemente para mantener buenas relaciones con nuestra familia.
Vi sufrir a mi esposo durante tres años por el distanciamiento que le causó un disgusto con su padre. El dolor que origina la ofensa hace que el ofendido levante la muralla del orgullo y no perdone. Cuando el rencor se enraíza en el corazón produce un tallo amargo que destruye poco a poco a la persona que no quiere perdonar. Doy gracias a Dios que las oraciones persistentes de mi esposo suavizaron el corazón de mi suegro y se restauró la relación.
La familia es un precioso regalo de Dios. Él nos da padres, hermanos, tíos, primos, cónyuges, hijos, nietos, suegros, yernos, nueras, cuñados para que no estemos solos. Con ellos nos enlazamos tan profundamente que llegan a ser nuestros confidentes, aliados, socios y mejores amigos. Aunque si no cuidamos la relación también pueden convertirse en nuestros enemigos.
En el Génesis encontramos una historia que nos enseña a resolver los conflictos de manera eficaz. «El señor dijo a Abram: Vete de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré» (12:1. LBLA). Abram obedeció a la orden del Señor a medias, pues tenía un sobrino llamado Lot a quien amaba como a un hijo y lo llevó con él. Ambos llegaron a ser muy ricos. Tenían abundancia de ovejas y ganado. Pero debido a que vivían muy cerca uno del otro con todos sus rebaños y manadas, surgieron los conflictos entre los pastores que cuidaban el rebaño de Abram y los que cuidaban el rebaño de Lot. Así que para solucionar el problema «Abram le dijo a Lot: “No permitamos que este conflicto se interponga entre nosotros o entre los que cuidan nuestros animales. Después de todo, ¡somos parientes cercanos! Toda la región está a tu disposición. Escoge la parte de la tierra que prefieras, y nos separaremos. Si tú quieres la tierra a la izquierda, entonces yo tomaré la tierra de la derecha. Si tú prefieres la tierra de la derecha, yo me iré a la izquierda”» (Génesis 13:8-9. NTV).
De esa manera amistosa Abram y Lot se separaron. No hubo ganadores ni perdedores. Ambos quedaron conformes con la solución convenida y lo más importante fue que conservaron los lazos fraternales.
Sabemos que no todos los conflictos se resuelven con tanta celeridad y justicia. El diablo celebra cuando los miembros de una familia están enfrentados. Su propósito es robar, hurtar y destruir (Juan 10:10) nuestras relaciones. Quiere que acabemos solos, aislados, deprimidos y enfermos. Para evitar caer en la trampa del enemigo, tan pronto surja el problema busca una solución que no perjudique a nadie. Admite tus errores. Ejercita el perdón. Mientras más rápido perdones serás libre del resentimiento y la amargura. Cuando tengas pensamientos de venganza llévalos en oración a los pies de Cristo. No hables constantemente de lo que te hicieron porque estarías echándole sal a la herida y no la dejarás cicatrizar.

Liliana Daymar González
Periodista
lili15daymar@hotmail.com

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