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Vida en la Palabra: Cambia la queja por el agradecimiento, Liliana Daymar González

 «La voluntad de Dios es que estemos siempre alegres, oremos sin cesar y le demos gracias en toda situación» (1ª Tesalonicenses 5:16-18).
Si meditas en esta exhortación quizás llegues a pensar que agradecer en cualquier circunstancia es una tarea absurda. Quién podría dar gracias a Dios cuando su hijo ha muerto o está gravemente enfermo, cuando no tiene empleo, o cuando se convierte en un expatriado por la crisis de su país.
A pesar de lo que estemos padeciendo jamás olvidemos que Dios es digno de toda honra y adoración, que Él nos ha dado más de lo que merecemos, y es tan grande su amor por nosotros que en todo tiempo nos cuida como a la niña de sus ojos.
Cuando agradecemos a Dios por sus bondades, recibimos su paz. Pablo nos dejó este valioso consejo: «No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús» (Filipenses 4:6-7. NVI).
Los que honramos a Dios con acciones de gracia también recibimos fuerza espiritual para resistir con paciencia las dificultades. Pablo se gloriaba en los problemas, Él decía: «Por todos lados nos presionan las dificultades, pero no nos aplastan. Estamos perplejos pero no caemos en la desesperación. Somos perseguidos pero nunca abandonados por Dios. Somos derribados, pero no destruidos» (2ª Corintios 4:8-9. NTV).
Cuando agradecemos a Dios por lo bueno y por lo malo, aumenta nuestra fe. De un modo asombroso, Él siempre dispone todas las cosas para nuestro bien (Romanos 8:28). El salmista exclamó: «Me hizo bien haber sido afligido, porque así llegué a conocer tus decretos» (Salmos 119:71. NVI).
En su libro: «Versículos que cambian vida», el pastor Erwin Lutzer, dice que para aprender a practicar la gratitud primero debemos convertir cada queja en un motivo para dar gracias a Dios. Además, relató que una tarde alguien robó al escritor Matthew Henry y, después del incidente, éste escribió en su diario: «Estoy agradecido porque se llevó solo mi cartera y no mi vida. Estoy agradecido porque aunque se llevó todo lo que tenía, no era mucho. ¡Estoy agradecido porque yo fui al que robaron y no el que robó!».
¿Te das cuenta? Siempre hay razones para dar gracias a Dios, hasta cuando atravesamos la senda más oscura. Es allí donde comprobamos que la vara y el cayado del Pastor nos infunden aliento, que su amor inagotable permanece para siempre, y que su fidelidad es eterna.
Liliana Daymar González
Periodista
lili_vidaenlapalabra@hotmail.com

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