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Víctor Turcios, una nueva vida para predicar el Evangelio

“Ya está lleno el vacío que yo tenía, con Cristo estoy completo, no necesito fútbol, soy feliz, tengo paz, tengo gozo, Cristo me llena y eso es suficiente para mí”

(Agencias/ VyV).-

Víctor Samuel Turcios desde pequeño soñaba con jugar al fútbol profesionalmente, aunque la escuela era una prioridad para él, no dejaba de pensar en jugadas, pases y goles. Cada día salía a la calle a jugar fútbol. Vivían en la pequeña isla de Zacatillo en El Salvador.
“Nosotros éramos pescadores, mi papá era pescador, mi madre ama de casa. Miraba el estilo de vida de todos los isleños, sin grandes sueños, su vida era pescar, estarla pasando ahí. El único sueño que tenían era el sueño americano. Y yo decía: ‘quiero ser profesional, yo quiero jugar al fútbol, no quiero terminar de pescador ni ir a lavar baños a los Estados Unidos. Si algún día voy, será de turista’”, comentó Turcios a los medios.
A los 14 años partió de la isla para jugar en la escuelita de fútbol de La Unión. Llegó el fútbol profesional fue el tiempo de los inicios en Balboa. Al año de haber cruzado desde la isla ya formaba parte del plantel superior del equipo pero lo asustó la pretemporada.
Su carrera ascendió rápido, pasó por todas las selecciones menores, jugó en la Sub-17, Sub-20, se consolidó en Balboa, pasó por Firpo, llegó a la Selección mayor, Alianza, jugó en el exterior… Sin dudas sobresalía en ese rectángulo de juego que para muchos es el paraíso; para Turcios la vida de futbolista se convertiría, en cambio, en un infierno.

 Victor Turcios (i) (EFE)

El lado oscuro del deporte
Detrás de cada gol, de cada celebración, de cada triunfo, el deporte esconde historias antideportivas. “Muchas drogas, alcohol, placeres, la corrupción”, dijo el hoy ex futbolista. Turcios, ex capitán de la Selección salvadoreña tuvo un ascenso exitoso como futbolista. “A corta edad me convertí en uno de los jugadores con proyección a futuro”, comentó.
Pero rápidamente conoció lo oscuro del deporte. “Algunos padres que son tan apasionados están dispuestos hasta vender a sus hijas para que estén con un jugador de fútbol, porque de esta manera como que ganan prestigio en la sociedad”, dijo.
Las injusticias del medio futbolístico también comenzaron a desilusionar a Turcios. “A veces, jugadores con familias e hijos… a los dueños de los equipos no les importan si ellos han comido, no les pagan su salario a tiempo y todo esto a mí me conmovía y yo decía esto no está bien”.

Un vacío en el corazón
Los sueños de jugador se habían cumplido para Turcios. Lo imaginado de niño estaba hecho. Era un futbolista profesional, capitán de la Selección, jugaba en el Rops de Finlandia, pero…Siempre hay un pero.
“Entré en una etapa de crisis sentimental, emocional, deportiva, económica y espiritual”, enumera memorioso. Y luego las explica, una por una: “Sentimental porque me golpeaba estar en un país totalmente diferente, lejos de la familia, con otra cultura e idioma. Deportiva, porque no llegué en las mejores condiciones físicas y el entrenador me excluyó, me marginaron. Aparte, no me llegaba la transferencia internacional y no podía jugar. Un país sumamente caro, no podía recibir salario del equipo. Quería regresarme pero no tenía el dinero para pagarme el boleto. Me sentí impotente, solo, angustiado. Sentía que mi mente me iba a explotar. Venían pensamientos a mi mente que no servía para nada, pensé en el suicidio. Si hubiera tenido un revolver, me pegaba un tiro y se acababa todo. Ahora entiendo por qué muchas personas, actores, músicos, tienen fama y dinero y no son felices”, explicó el futbolista.

Dios le salvó
Comentó que su madre le dio un Nuevo Testamento antes de viajar y eso fue una señal. Que su mamá recibió el mandato de hacer “tres ayunos por su hijo”, justo en el momento más duro para él, eso fue otra señal. Que a partir de ese momento empezaron a mejorar todas las cosas: recibió la transferencia, le pagaron su salario, empezó a jugar, salió campeón.
En su mejor momento y cuando estaba en la mira de equipos de Turquía y Grecia, sufrió la lesión más temida por los futbolistas: rotura de ligamentos cruzados. Automáticamente ocho meses afuera de las canchas.
Dijo que dos días antes de la operación se dio cuenta del cambio que necesitaba su vida. Recordó que llegaban a su mente todos los pecados de su vida, se sintió envuelto en calor y empezó a hablar en otras lenguas. En ese momento comenzó a llorar y necesitaba que alguien le preguntara si quería entregar su vida a Jesús pero estaba solo. Por eso dijo: “Yo no quiero religión, quiero conocer al Cristo vivo que estoy leyendo en la Biblia”. En ese momento, Turcios confesó que entró a su corazón una paz inexplicable y que sintió que dormía en una nube blanca y se miraba nuevo, limpio.
Días después llegó una difícil prueba: Dios le dio el valor para destapar un escándalo a nivel mundial. “Públicamente declaré que había ciertas cosas que estaban pasando en la Selección que no eran normales…”. Turcios declaró que sus compañeros de Selección habían vendido partidos, durante muchos años.
“Yo ya era un cristiano, hijo de Dios, si yo no hablaba estas cosas entonces yo era cómplice y coparticipe con aquellas personas que andaban haciendo estas cosas”.
Sus declaraciones hicieron llevar a prisión a una peligrosa mafia mundial que amañaba partidos.
“La INTERPOL me abordó en Finlandia y pudo darme a conocer que estas personas son muy peligrosas y que están dispuestas a hacer cualquier cosa, por supuesto mi confianza estaba en Dios y hasta el momento así ha sido”.
En la cima de su carrera y con un futuro prometedor, recibió el llamado y decidió dejar ese ambiente descompuesto. “Había dentro de mí un deseo profundo de predicar la Palabra de Cristo”. En la actualidad, Turcios predica la Palabra de Dios y la vive a plenitud.
“Ya está lleno el vacío que yo tenía, con Cristo estoy completo, no necesito fútbol, soy feliz, tengo paz, tengo gozo, Cristo me llena y eso es suficiente para mí”, enfatizó Turcios.
Pasar de una vida a otra para Víctor Turcios no fue sencillo. Por lo menos, así lo contó: “He perdido fama, he perdido dinero, he perdido amigos, he perdido comodidades, he perdido carro, he perdido casa”, pero asegura que hoy es feliz con Cristo Jesús en su corazón.◄

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