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Víctima de abuso sexual, libre del dolor en Cristo Jesús  

(Verdad y Vida – Redacción).-

Beatriz Bustamante, siendo una jovencita de 17 años de edad vivió en carne propia algo que ninguna persona debería vivir. Siempre escuchaba el consejo de su madre: “ten cuidado, cuídate, no salgas sin tus hermanos mayores”, pero en esa oportunidad, salió sin sus hermanos.

Atraída por un jovencito que no llegó a la fiesta, Beatriz cayó en el engaño de los amigos problemáticos y corpulentos de su soñado príncipe azul, quienes le aseguraron que él la necesitaba y que se subiera a un carro para ir a su encuentro. Ella, bajo la ilusión de poder compartir con el joven que le gustaba, subió, pero poco después recordó las palabras de su madre y el miedo comenzó a invadirla. El joven que le atraía, estaba en el carro y su semblante no reflejaba cariño o ternura hacia ella sino que más bien su mirada y expresiones eran de odio y maldad.

Preguntó en varias oportunidades cuál era el destino, pero a gritos, los tres sujetos, incluido el supuesto príncipe azul, la mandaron a callar y con ella fueron a parar a un lugar solitario y en ruinas en la ciudad de Caracas, Distrito Capital.

Allí, la golpearon, la maltrataron verbalmente, la empujaban y arrastraban por todo el lugar. Sus ropas comenzaron a desgarrarse y la sangre de su cuerpo cubría gran parte de él. Así fue por varias horas, ella luchó, peleó, mordió y trató de defenderse con todo lo que pudo, hasta se lanzó por un pequeño precipicio esperando morir, pero no fue así, y aunque aún no la habían abusado sexualmente, ella sabía que ese era el siguiente paso.

Y así fue, esta jovencita llena de sueños y anhelos vivió el momento más duro y desgarrador de su vida, cada uno de estos hombres, abusó sexualmente de ella una y otra vez, mientras dos la sostenían, otro la abusaba y así se tomaban turnos.

Finalmente, agotada, adolorida, traumatizada y sin fuerzas para seguir luchando, pensó en pretender disfrutar el momento con la siguiente persona al turno, le pediría que la llevara a otro lugar y que solo él disfrutara de ella, ese sería su último intento para librarse de tanta maldad encima de su cuerpo.

El hombre accedió y se subieron nuevamente al carro. Los otros dos peleaban y discutían porque quien estaba al mando, en el volante, les dijo que los llevaría a sus casas y que él acabaría con lo poco que quedaba de Beatriz. Entre tantas peleas y discusiones, ella continuaba recibiendo golpes y maltratos y en un momento de descuido, se salió del vehículo en movimiento. Corrió con todas sus fuerzas, muy asustada de solo pensar que alguno de sus captores la alcanzara y la llevara a continuar el tormento que vivía. Mientras corría pensaba cómo haría para contarle a su familia lo ocurrido, pensaba que la regañarían y que nadie le creería.

Corriendo por la ciudad logró llegar al edificio donde vivía, pero por temor, no tocó el timbre de su casa sino el de unos muy buenos vecinos, quienes la recibieron como a su propia hija y fueron el puente para que ella pudiera hablar con sus padres y hermanos de lo ocurrido.

El desenfreno

Tras hablar con sus padres, comenzó la búsqueda de estos hombres y fueron puestos a disposición de la policía y fiscalía. Pero aunque hubo justicia en ese aspecto, el proceso de adaptación a la vida por parte de la ultraja Beatriz, la llevó a hacer cosas que perjudicaron aún más su vida. Se entregó a las drogas, el alcohol, salidas nocturnas, se cerró emocionalmente y juró que nadie, nunca más, la tocaría. Con este tipo de vida, Beatriz hasta llegó a vivir en las calles.

El amor tocó a su puerta

Años más tarde conoció a un hombre que le brindó seguridad, amor, y libertad emocional. Se enamoró de él y se casaron, vivieron felices por tres años, pero ella no estaba preparada para tener una familia, por lo que este hombre, se fue y buscó en otro lugar lo que quería. A pesar de sentirse sola nuevamente.

Años más adelante, se reencontró con un amigo de la infancia, quien siempre estuvo enamorado de ella. La historia de amor, comenzaba a escribirse para Beatriz y producto de ese amor desenfrenado, nació una hija, la luz de sus ojos… aunque el hombre no se quedó junto a ellas.

Su hija fue el nuevo motor de vida, por años Beatriz había querido suicidarse e hizo varios intentos, pero Dios siempre la guardó porque tenía un gran y maravilloso plan para ella. Con el nacimiento de su hija, esta mujer se dedicó a comenzar una nueva historia. “Dios me convirtió en un eslabón de su amor para ayudar a otras personas”, dijo.

Ella aseguró que desde el momento de la violación, Dios la llamó y le hizo notar su presencia, cosa que entiende ahora, años después, cuando ya confiesa a Jesucristo como su Señor y Salvador personal. “Dios es mi más grande amor, el único que de modo certero restauró mi vida y el que no cesa de edificarme para hacerle entender a tantas personas que creen que no vale la pena vivir, que sí hay un trueno, un río de agua viva que puede correr por nosotros y nos permite avanzar, soñar y seguir adelante y regalarle paz en medio de la tormenta”, dijo.

Una labor social

Explicó Beatriz que cuando las personas “son sexualmente abusadas la culpa te abriga y entendiendo que la culpa no viene de Dios, vino la fundación Ángeles del Camino, ministerio del Señor Jesucristo a dar paz en la tormenta”. Esta fundación creada en Lechería, estado Anzoátegui, presidida y dirigida por ella misma, tiene casi 9 años de funcionamiento y de atender a los niños y adolescentes que necesiten restaurarse.

“No puedo dejar de hablar de la vida y del amor porque eso es Dios”, aseguró Beatriz / VyV
“No puedo dejar de hablar de la vida y del amor porque eso es Dios”, aseguró Beatriz / VyV

Con la ayuda de diferentes aliados, viajan por todo el territorio nacional e inclusive diferentes países más allá de las fronteras venezolanas para hacer congresos, talleres, conferencias.

Como manera de llevar el mensaje transformador de Jesús, Beatriz está escribiendo un segundo libro. En su primer libro “Kuisha, víctima de violación”, dio el testimonio de su abuso sexual y habló sobre la destrucción de su vida. En este segundo libro “Paz en la tormenta”, da testimonio de lo que el poder de Dios hace en nuestras vidas. De la misma manera, ya están filmando la película de ambos libros, para mostrar cómo el Señor sana, restaura y transforma vidas con su poder y amor. “No permitas que persona alguna o situación alguna te robe tu gozo ni merme el valor que tienes para con Dios. Busca en Él, busca Su presencia, ábrele tu corazón a Jesucristo…”, concluyó.

Para conocer más de esta fundación, visite su cuenta de Instagram: FundacionAngelesdelCamino

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