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Venezuela necesita de las ‘dos aguas’

Es imperativo que como nación dejemos las ‘aguas’ amargas y venenosas de la idolatría, brujería, inmoralidad sexual entre otros pecados para poder disfrutar del agua de vida que Jesús nos ofrece

/ EFE

El Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad (Cedice) presentó a mediados de enero un estudio sobre la calidad de vida en Venezuela, orientado al poder adquisitivo en el país y al estado de los servicios básicos para diciembre de 2020. En el presente artículo solo haremos referencia al servicio del agua.
El mismo arrojó que «un 39 % de los venezolanos denunció un suministro irregular y de baja calidad del agua potable, mientras que otro 39 % dice que ha sufrido de la falta del recurso por más de una semana. El 21 % afirma que tiene fallas similares pero que la ausencia del líquido es por 15 días»; lo que significa que el 99 % de la población venezolana sufre escasez de agua en mayor o menor grado. «Solo el 1 % dice no tener problemas», según Cedice.
Es bueno recordar que Venezuela se encuentra en el puesto 10 en la lista de los países que cuentan con más reservas de agua dulce en el mundo, las cuales se estiman en 1.325 Km3; significa que nuestro problema está en los canales de distribución del agua (tuberías, bombas, almacenamiento, entre otros) los cuales no reciben desde hace años el mantenimiento y ampliación requeridos ante una población creciente.
A la grave crisis del agua potable sumémosle la crisis del agua espiritual, pues Venezuela está pasando por su peor momento en la historia en lo referente a problemas espirituales. La crisis verdadera de la nación es la espiritual, si le damos la espalda al Señor volviéndonos a la idolatría, brujería y otras prácticas pecaminosas, entonces todos los demás problemas seguirán acrecentándose, como en efecto está sucediendo.
Además del agua física, Venezuela está necesitando urgentemente el agua viva que viene del Señor Jesucristo. No es una analogía, es la verdad. Veamos a la luz de la Biblia cuál la diferencia entre un agua y otra, sin olvidar la necesidad que los venezolanos tenemos de ambas.
En su conversación con la mujer samaritana, nuestro Señor le dijo: «Todo el que beba de esta agua [la física] volverá a tener sed, pero el que beba del agua que Yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que Yo le daré se convertirá en él en una fuente de agua que brota para vida eterna» (Juan 4:13-14. Énfasis añadido). Jesús es el ‘agua de vida’ que sacia por la eternidad, pero es necesario acercarse a Él para beber de su fuente inagotable. Cristo afirma que «el que cree en Mí nunca tendrá sed» (Juan 6:35).
También señaló el Señor «en el último día, el gran día de la fiesta, Jesús puesto en pie, exclamó en alta voz: ‘Si alguien tiene sed, que venga a Mí y beba. El que cree en Mí, como ha dicho la Escritura: “De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva’”» (Juan 7:37-38). Es imperativo que como nación dejemos las ‘aguas’ amargas y venenosas de la idolatría, brujería, inmoralidad sexual entre otros pecados personales y nacionales para poder disfrutar del agua de vida que Jesús nos ofrece, dicha agua se volverá en nosotros, por la presencia del Espíritu Santo, en «ríos de agua viva» que no nos dejarán tener sed espiritual jamás; pero esa es una decisión personal y trascendental que debe tomar cada quien mientras tenga aliento de vida.
Ambas aguas las tiene a su disposición, el asunto está en la voluntad para obtenerlas. La primera, de la cual escasea el 99 % de los venezolanos, sacia la sed física y temporal; la segunda, sacia la sed espiritual por la eternidad. Cada venezolano y toda Venezuela debe volverse a Jesucristo y tener un encuentro con Él para que sea saciada nuestra sed espiritual y Dios nos dé gente sana y restaurada espiritualmente que gobierne y resuelva los problemas del país.
Porque ciertamente Venezuela necesita de las dos aguas, pero si obedecemos al Señor que nos dice: «busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas» (Mateo 6:33); claramente entendemos que entre esas «demás cosas» está la solución a la grave crisis del agua, la electricidad, el gas doméstico, el combustible, la hiperinflación, escasez, el hambre, la salud y un largo etcétera. ¡Primeramente el agua de vida, la otra nos vendrá por añadidura…!

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