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VENEZUELA: Ictus o coma inducido

Salvo que conformes aguardemos por días de gran penumbra, hambre y muertes, yo prefiero levantar mi voz y gritar… “Jesús entra en mi ciudad”. Porque cuando Él entra la ciudad es estremecida, la fe es limpia y renovada

Cuando escucho las posiciones asumidas por los bandos disputantes del poder en Venezuela, con las exigencias y demandas de cada uno creyendo sus verdades o defendiendo sus intereses u objetivos sin lograr la sumisión del otro bando, me hacen recordar la decisión crítica que toma un consejo médico de inducir un coma sobre un paciente o por otro lado cuando aparece un ictus isquémico o hemorrágico.
Un coma inducido es cuando se seda a un paciente para reducir su consumo de oxígeno y energía, y poner al cerebro a «dormir» debido al riesgo de no poder ejercerse en su función primordial de orden y control de la voluntad sobre el cuerpo.
Inducirlo es una decisión de alto riesgo, porque está en juego la función vital y una presión excesiva sobre este órgano cuando es suprimida la sangre que necesita para funcionar pueden dejar zonas irremisiblemente dañadas.
Algunas de las secuelas que se presentan con mayor frecuencia son de carácter motor (pudiendo recuperarse con largas y dolorosas sesiones de terapia) como parálisis parcial o total del cuerpo, pérdida de fuerza o del habla, destreza en las extremidades, pérdida de la visión o en el peor de los casos decantar en muerte.
Por otro lado, el ictus cerebral es una enfermedad caracterizada en función de cuál sea su origen, se diferencia entre ictus isquémico (obstrucción de una arteria cerebral) o ictus hemorrágico (sangrado de una arteria cerebral). Al día de hoy es una de las principales causas de muerte y de discapacidad permanente entre la población.
Las secuelas cognitivas también son habituales en los pacientes que lo han sufrido durante largo periodo de tiempo; deterioro de la memoria, dificultad para controlar los impulsos o falta de control del lenguaje y la deglución.
Ahora bien, extrapolando lo anteriormente descrito con la situación actual de nuestro país, con usted y los suyos, conmigo y los míos incluidos como parte de este cuerpo que yace en dicha condición pudiéramos decir que, para uno de los bandos el coma les favorece como mecanismo de justificación de los desmanes que se están viviendo, cuando son producto de malos hábitos en su desempeño diario, políticas infestadas de perversión, corrupción y dominionismo ideológico. En este caso les funciona como mecanismo de desvío de la atención sobre la verdadera causa que origina el parte médico, endosando a los factores que le adversan (paros, las protestas, el bloqueo, sabotajes, conspiraciones) como las causas y consecuencias de esta delicada condición clínica.
Para el otro sector, el ictus es el mecanismo de fuerza para obligar a su antagonista a sentarse y ceder ante sus peticiones o demandas, aun cuando el riesgo de un ictus cerebral por la obstrucción repentina o rotura de un vaso sanguíneo pudiera ocasionar la muerte de varios órganos o la pérdida parcial de ellos en sus funciones normales. La ausencia de provisión confiable de los insumos básicos en el funcionamiento de cualquier país moderno es utilizado, como mecanismo de perversa maniobra política. La electricidad, el agua y el combustible, nuevo elemento que entró en escena, serán determinantes para mantener un severo coma o producir un profuso ictus.
Los irremediables daños subsecuentes, muertes de neonatales y pacientes en proceso de intervenciones quirúrgicas, diálisis, endemias, mayor éxodo y una explosión incivil armada y vandálica son solo algunos de los futuros cuadros que nuestros ojos verán y en carne propia viviremos.

¿PERO QUIÉN SACA DE ESE COMA O ICTUS A ESTE PACIENTE LLAMADO VENEZUELA?

¿Será una intervención armada multinacional la opción? ¿Un final armagedónico donde dos fuerzas se enfrentan y de las cenizas y sobre los cadáveres de un gran genocidio de la población, en medio de desolación comenzar entonces? Como parroquialmente dicen: «Dejen que entre ellos mismos se maten y luego veremos cómo ayudamos». Los buitres y las hienas no distinguen el color o tolda de un cadáver solamente se lo comen, lo hayan hecho bien o mal.
Solo hay un recurso que progresivamente toma fuerza. La Biblia dice: “Que cuando él entró en Jerusalén toda la ciudad fue conmovida” (Mateo 21:10). Como Pedro, aunque seamos expertos pescadores, necesitamos estar disponibles para ser expuestos a profundos cambios cuando sabemos que el balance de nuestras actuaciones (pesca) no está generando el mejor de los resultados.
El liderazgo en general sea cual fuere su área de experticia, demanda una profunda limpieza, más enfocada en el premio que en el precio. La problemática del agua, de los medicamentos, electricidad, combustible, etc., no pueden estar incluidos como tema de negociación. Simplemente no son negociables y requieren del concurso de todos los factores calificados para ello.
Necesitamos ser conmovidos, y es lo que seguramente sucederá, pero en esta ocasión salvo que conformes aguardemos por días de gran penumbra, hambre y muertes, yo prefiero levantar mi voz y gritar… “Jesús entra en mi ciudad”. Porque cuando Él entra la ciudad es estremecida, la fe es limpia y renovada, los enfermos son sanados y la nueva generación es alcanzada para aclamar ante todos a quién pertenece la gloria y la salvación.
«Hay mañana si hay perdón, hay mañana si hay reconciliación».

José Miguel González
Pastor
www.venezuelaperdona.com.ve

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