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Venezuela en desacato

Iniciamos el año con la toma de posesión de la nueva Asamblea Nacional el pasado 5 de enero sin los cuatro diputados electos por el estado Amazonas; al día siguiente la nueva directiva del ente legislativo juramenta a tres de esos cuatro diputados «suspendidos», a lo que la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia declaró a la AN «en desacato» por esa causa. Iniciadas las labores la AN, son citados por ella los ministros de la economía y el presidente del Banco Central de Venezuela, quienes no asisten alegando que no aceptan que la interpelación sea cubierta por los medios de comunicación; de inmediato la directiva del parlamento los declaró «en desacato».
Total que existe una de desacatos entre los poderes en Venezuela que nada bueno avizora en el horizonte. Esto es a lo que muchos denominaban «choque de trenes». Pero en verdad nada de esto debe ocurrir si todos ellos se sometieran totalmente a la Constitución Nacional y las leyes de la República.
Pero, ¿dónde nace esta ola de desacatos? Del mayor de los desacatos, el que la gran mayoría de los venezolanos  viene practicando desde hace años, o siglos; se trata del desacato a la Palabra de Dios -la Constitución celestial-. Venezuela está en desacato. El no vivir de acuerdo con lo establecido por el Señor en la Biblia nos pone en la condición de desacato a sus mandamientos y leyes.
Desacatar es igual a desobedecer (que a su vez es rebelión contra Dios, las leyes e instituciones terrenales). El mayor de los desacatos lo llevaron a cabo nuestros primeros padres en el Edén, cuando desobedecieron a Dios y esa transgresión se les transformó en pecado. El pecado (fruto directo del desacato divino) generó que su inocencia muriera y se convirtieran, y a nosotros tras ellos, en seres conocedores del bien y el mal; en presas fáciles del mal. El pecado entonces es el producto directo del desacato.
Venezuela, oye la voz de Dios que es muy claro cuando nos señala:
«¡Ahora escucha! En este día, te doy a elegir entre la vida y la muerte, entre la prosperidad y la calamidad. Pues hoy te ordeno que ames al Señor tu Dios y cumplas sus mandatos, decretos y ordenanzas andando en sus caminos. Si lo haces, vivirás y te multiplicarás, y el Señor tu Dios te bendecirá a ti y también a la tierra donde estás… Sin embargo, si tu corazón se aparta y te niegas a escuchar, y si te dejas llevar a servir y rendir culto a otros dioses, entonces te advierto desde ya que sin duda serás destruido… ¡Ay, si eligieras la vida, para que tú y tus descendientes puedan vivir! Puedes elegir esa opción al amar, al obedecer y al comprometerte firmemente con el Señor tu Dios. Él es la clave para tu vida. Y si amas y obedeces al Señor, vivirás por muchos años en la tierra…» (Deuteronomio 30:15-20. NTV. Con énfasis y edición del autor).
Es imposible que el venezolano, comenzando por sus líderes y gobernantes, se vuelvan a la brujería y santería, a la idolatría, a la corrupción, adulterio, inmoralidad sexual, robo, entre otros graves pecados, y no vengan las consecuencias establecidas por Dios en la Biblia. «No se dejen engañar: nadie puede burlarse de la justicia de Dios. Siempre se cosecha lo que se siembra. Los que viven solo para satisfacer los deseos de su propia naturaleza pecaminosa cosecharán, de esa naturaleza, destrucción y muerte; pero los que viven para agradar al Espíritu [Santo], del Espíritu, cosecharán vida eterna» (Gálatas 6:7-8. NTV).
El desastre en que está sumida Venezuela no es más que la cosecha del desacato divino. Estos pecados que acabamos de nombrar producen miseria, crisis económica, financiera y escasez, violencia, hogares destruidos, niñez abandonada, derramamiento de sangre y muerte. Todos los pactos satánicos hechos a través de brujos, santeros, paleros, babalaos -criollos o importados- han llevado al país a la misma ruina económica, social y moral en la que viven países afines como Cuba, Nigeria, Haití, etc.
Cada billete que usted tiene en su mano es un pacto con Satanás mostrado a través de imágenes de brujería y santería impresas en ellos, cuyo significado y producto ha generado que nuestro signo monetario haya caído a límites impensables; desde que apareció el fulano «bolívar fuerte» marcado por el diablo todo nuestro sistema financiero y económico cayó hasta el infierno, al extremo de que un dólar nos cuesta hoy más de 900.000 Bs de los anteriores. El reflejo de ello es una inflación indetenible generada por un sistema inviable marcado por el mismo diablo… ¡El que tenga oídos para oír que oiga!
¿Cómo salimos de este atolladero? Únicamente con la ayuda de Dios; acatando al Señor, arrepintiéndonos de nuestros pecados y buscando el perdón, la sanidad y salvación de Jesucristo urgentemente. Jesús nos dice: «Si me aman, obedezcan [acaten] mis mandamientos» (Juan 14:15). Ahí está la solución para cada venezolano y el país entero.
¡Venezuela, el Señor te ama, no vivas más en desacato a Dios!

 

director@verdadyvida.org

@GeorgesDoumat

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