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Venezuela cierra un 2013 en extremo sangriento

(El Mundo/ VyV – CARACAS).-

La morgue de Caracas repite todos los días parecidas lágrimas en distintas historias. A Arelis Rojas ya no le quedan, la violencia salvaje que sufre Venezuela se las ha secado. La mujer volvió al depósito de cadáveres de la capital antes de Nochebuena y se encontró con los periodistas que allí hacen guardia. Acababan de matar a su hermano Leonel cuando acompañaba a su jefe a hacer un ingreso al banco.
La historia de la familia Rojas pone rostro a los números de la violencia, que cerrará 2013 con un nuevo récord: 24.763 muertes, según las investigaciones y proyecciones realizadas por el Observatorio Venezolano de la Violencia (OVV).
La sentencia de la organización más prestigiosa del país en esta materia, dirigida por el profesor Roberto León Briceño, es todo un reto al oficialismo: «Diez años después de censura oficial, la situación de violencia interpersonal no ha mejorado y las muertes violentas continúan aumentando».
Una década en la que la familia Rojas también fue perdiendo a parte de los suyos. En 2010 fue asesinado uno de los hermanos mayores, de 31 años, cuando pretendían robarle en Ocumare. Al año siguiente cayó el más pequeño, de sólo 19. Pero la violencia ciega, siempre voraz, siguió disparando contra los Rojas: una bala perdida acabó con la vida de uno de los pequeños de Arelis, de sólo siete años.

Secuestro y homicidio
Poco consuelo encontrará la mujer cuando escuche las estadísticas adelantadas por el ministro Miguel Rodríguez-Torres: «Los dos delitos más duros, secuestro y homicidio, se han reducido en 51,7% y 17%». Estas cifras contrastan con las del OVV.
Según el OVV, Venezuela lucha con Honduras, El Salvador, Jamaica y Costa de Marfil por encabezar el ranking del país más salvaje del planeta. En sus cálculos no incluyen la violencia de países en guerra como Siria, que este año encabezará las estadísticas.
¿Quién tiene razón, el OVV o el Gobierno? En 2012 se repitieron parecidas circunstancias: la organización no gubernamental calculó 21.692 homicidios para un nuevo récord anual, pero el Ejecutivo bajó la cifra hasta 16.000. Provea, organización de derechos humanos de corte progresista, les puso de acuerdo: «Si a los reconocidos por el Gobierno se les suma los correspondientes a enfrentamientos y resistencia a la autoridad el total asciende a 23.000, entre ellos 155 policías en todo el país».
En 2013 hubo 333 homicidios en la gran ciudad de Nueva York; en Caracas, sólo en diciembre pasado, hubo 565 personas que ingresaron a la morgue de Bello Monte, sin contar los otros fallecidos no reportados.
Una nación con guerrilla como Colombia que cuenta con una población de 47 millones, tuvo 14.700 homicidios, y Venezuela con 31 millones de habitantes 24.763 muertes

Más allá de las cifras
Esta situación alarmante y que preocupa por su proyección debe ser atendida integralmente. El pueblo cristiano tiene años levantando su voz de alerta y señalando que el principal problema no se resuelve con medidas represivas y con un plan tras otro; la raíz del problema es eminentemente espiritual, pues radica en el corazón irredento del hombre y sólo puede ser solucionado espiritualmente.
En una nación como la venezolana que ha sido pactada a fuerzas infernales a través de grandes trabajos de brujería, así como la idolatría institucionalizada que le ha colocado un ídolo «protector» (patron@) a cada instancia del país, una justicia lenta y minada por la corrupción ha hecho que las tinieblas espirituales reclamen vidas humanas. La Biblia revela que la invocación a las tinieblas y la idolatría traen hambre, violencia, miseria y muertes.
Todo esto sumado a una paternidad irresponsable que permea los estratos sociales medios y bajos del país, que lo único que ha hecho es engendrar hijos sin encargarse de su cuidado y educación, ha lanzado a la calle una generación de jóvenes sin guía, sin modelo y sin esperanza, transformando a muchos de ellos en delincuentes y, en los peores casos, en asesinos.
Sólo con una vuelta a Jesucristo y una regeneración del corazón es que podremos cambiar estas lamentables cifras en bendición para las familias y la sociedad en general. Está más que demostrado que la «religión oficial» de Venezuela ha fracasado, que urge un arrepentimiento personal y nacional para que venga de parte de Dios tiempos de sanidad y restauración para nuestra amada nación.
Nuevamente la Iglesia de Jesucristo hace un llamado al Gobierno, desde el nacional hasta los municipales, para que  apoyen la labor que el pueblo cristiano viene haciendo en favor del país y sin ningún interés de por medio, sino el que le da el hacer la voluntad de Dios en Venezuela…

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