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Valores para vivir: Navidad: su significado teológico

Aunque Jesucristo no nació un 25 de diciembre, la llamada navidad celebrada en estos días de diciembre no deja de ser una ocasión propicia para celebrar su aparición histórica como hombre.
La navidad (celebración del nacimiento de Jesucristo) es el resultado de una promesa hecha por Dios unos 3.500 años antes de Cristo en un ambiente de conflicto y desilusión para Él, pues Adán y Eva le habían desobedecido y prefirieron seguir las orientaciones de Satanás, trayendo esto como consecuencia la muerte. En ese contexto Dios declaró que haría nacer de la mujer una simiente (Cristo) que le propinaría una derrota aplastante al engañador, arrebatándole con esto el poder que la muerte tenía sobre los hombres y convirtiéndose también en el único mediador entre Dios y los seres humanos (Génesis. 3:1-24; 1ª Timoteo 2:5-6).
Distintos profetas, cientos de años atrás, hablaron sobre el nacimiento de Jesús. Miqueas afirmó que nacería en Belén y que traería paz (5:2-5); Isaías refirió que nacería de una virgen por obra del Espíritu Santo y que su nombre sería Emanuel, que significa «Dios con nosotros» (7:14), y muchos otros profetas de Dios ya habían vaticinado circunstancias que se cumplieron con increíble exactitud en Jesús, como por ejemplo, que sería descendiente del rey David (2 Samuel 7:12-16), que en los primeros días de su infancia se llevaría a cabo una matanza de niños por encargo del rey Herodes (Jeremías 31:15), que sería visitado por hombres importantes (reyes sabios) que le llevarían regalos para celebrar su nacimiento (Salmos 72:10)…
Entonces, desde la teología, la navidad es el regalo de Dios para nosotros: Jesucristo. Esta dádiva de Dios para toda la humanidad significa la salvación de los hombres; no en vano el significado de Jesús es «el Señor salva», expresión que se cumplió a través de su sacrificio en la cruz, sacrificio que le devolvió a la humanidad la posibilidad de tener nuevamente aquella relación íntima y personal con Dios de la que gozaron una vez el padre y la madre de toda la raza humana (Romanos 5:12-17).
De manera que, en el sentido más estricto, la navidad nada tiene que ver con lo que la sociedad moderna hizo de ella, pues el consumismo, el alcohol, la violencia y la indiferencia al Creador son la predicación diaria de los días decembrinos, y no aquel discurso de vida eterna y de paz que trajo y encarnó Jesús desde su nacimiento; mensaje que él resumió como el evangelio del Reino de Dios.
El Libro inspirado de arriba nos dice sobre la navidad: «La Palabra de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros; y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad» (Juan 1:14).
¡Feliz navidad!

Héctor Márquez
Psicólogo Clínico y Teólogo
valoresparavivir.fe@gmail.com

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