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Valores para vivir: ¿Madre antes que mujer?

(Héctor Márquez – Psicólogo Clínico y Teólogo).-

Queriendo significar que la inclinación de su afecto materno es más sólido o importante que el afecto que tiene por su pareja o marido, una dama dice a viva voz: «primero son mis hijos, porque soy madre antes que mujer». Este tipo de expresiones suelen escucharse cuando una fémina tiene problemas con su pareja por causa de sus hijos, sean sólo hijos de ella o de ambos.

No me refiero en este artículo al justificable repudio que puede mostrar una mujer cuando su hijo ha sido violado, humillado, o tratado con maldad por el padre biológico, o por el padrastro, en su defecto. Más bien escribo centrado en aquellas situaciones domésticas donde los códigos de crianza y la conducta del hijo biológico o del hijastro afectan directamente la relación de la pareja.

Voy a dar respuesta a la interrogante planteada en estas líneas desde una perspectiva teológica y psicológica. Agradezco siga mi reflexión hasta el final para comprenderme.

En términos teológicos se puede decir que el rol más importante de una mujer es ser pareja o esposa del hombre. Dios notó que Adán se sentía solo en el Edén y creó una ayuda idónea para él, un complemento perfecto, una compañera que integrara con plenitud su vida. Una unidad indivisible, una coexistencia armoniosa conectada por elementos emocionales, físicos, afectivos y sentimentales que generan el goce que ninguna otra relación tiene capacidad de producir. Siempre he pensado que Dios no decidió darle a Adán un hijo, una madre o una suegra para apartarlo de la soledad y hacerlo feliz, sino que creó una entidad con la facultad de ser pareja con él (Gén. 2:18-23). Por esta concepción y necesidad natural de realización cada ser humano que se hace adulto aspira tener una pareja y formar su propia familia, dejando atrás el antiguo núcleo familiar y estableciendo nuevas prioridades afectivas y proyectos de vida, tal como Dios se lo explicó a Adán (Gén. 2:24-25). También se puede leer en las Escrituras que las relaciones de pareja o esposos son únicas y excepcionales, incomparables con cualquier otra pues demanda la entrega de la vida misma, tal como lo expresó el apóstol Pablo: «el marido debe amar a su esposa como Cristo amó a la iglesia y entregó su vida por ella» (Efe. 5:25), y «la esposa debe vivir continuamente para agradar a su esposo por encima de todas las demás personas» (Efe. 5:22). No existe otro tipo de relación mencionada en la Biblia que sea tan profunda, especial y exigente como el de pareja.

En términos psicológicos podríamos abordar el tema comenzando por el hecho de que ninguna bebé mujer nace embarazada, por lo tanto es imposible primero ser madre y luego mujer. La condición de mujer la faculta para ser madre y no al contrario. Por otro lado, ninguna mujer en estado normal quiere vivir sin pareja, o sin la ilusión de hacer vida con un hombre, pues esto equivale a renunciar a su propia identidad sexual, al diseño de su estructura orgánica y a la extinción de su mundo psicológico-afectivo. En cambio, una mujer puede ser estéril y vivir en pareja hasta el final de su vida, quizás lamentando no haber podido tener hijos, pero sin trastornar su existencia, fenómeno que sí suele ocurrir cuando no alcanza la plenitud relacional de pareja.

La razón por la que muchas mujeres afirman que primero son sus hijos y luego su marido responde a: descomposiciones en la relación de pareja, erróneas concepciones socioculturales, presiones sociales y familiares basadas en posesiones, frustraciones y negativas experiencias que el colectivo sobregeneraliza, trastornos en la dinámica familiar nuclear (padres-hijos), modelajes familiares disfuncionales y desestructurados, trastornos intrapsíquicos que tocan el campo familiar y las relaciones, o sencillamente la ausencia de amor en la pareja.

Ahora los invito como pareja a considerar los siguientes consejos: 1) Asegúrense estar motivados por el amor pues él es la única garantía para permanecer juntos y armonía. 2) Manejen sus diferencias de pareja de una manera constructiva y madura. Intenten llegar a acuerdos concretos sobre la manera como quieren vivir y ser tratados. 3) Busquen ayuda profesional cuando no logran superar un conflicto por ustedes mismos. Es honestidad y sencillez del corazón. 4) Pónganse de acuerdo respecto a la crianza de sus hijos y/o hijastros. Establezcan normas de convivencia para ellos. 5) demuestren a sus hijos que entre ustedes existe una unidad y armonía indestructible. 6) No permitan que sus hijos los manipulen ni que los inciten a tener una discusión. El control y la autoridad debe reposar en los adultos. 7) Dense muestras de afecto delante de sus hijos y otorguense mutuamente las primicias de cada cosa y de cada demostración de amor.

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