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Valores para vivir: Hombres histéricos

(Héctor Márquez – Psicólogo Clínico y Teólogo).-

El hombre histérico es un excelente actor, un mentiroso que seduce a sus víctimas haciéndole creer una cosa que realmente no es. No tiene en cuenta los sentimientos de la mujer «conquistada», y luego de usarla la abandonan como objeto descartable.
Humor cambiante, caprichos, celos, necesidad permanente de ser el centro de atención, frivolidad, «labia» atractiva, insinuante, simpática apariencia física, poca disposición a la reflexión, facilidad para amoldarse a los demás, son todas características de los hombres histéricos.
En lo emocional creen brindar mucho amor, cuando en realidad hacen una exhibición «teatral» de los afectos. Una entrega y prodigalidad de la que esperan ser correspondidos con creces, aunque las parejas nunca logran saciar sus demandas, siempre insatisfechas.
En el área sexual se observan un sinnúmero de conductas conflictivas que favorecen la aparición de disfunciones sexuales: preocupación por el rendimiento sexual, torpeza para el juego previo, actitud «pasiva», escaso registro de sus sensaciones eróticas, etc. En el fondo son personas muy inseguras.
Los hombres histéricos son dependientes: necesitan imperiosamente de los otros, seducen a «todas y todos», son irresponsables en el compromiso, se aburren fácilmente y son impredecibles en sus emociones.
María José, una secretaria de 25 años, afirma que cuando la histeria de un muchacho es frecuente, la situación se vuelve insoportable. «Es la nueva onda, el nuevo deporte. Te dicen te quiero pero después te dicen no te quiero. Salgamos pero sin compromiso. No saben qué quieren. No quieren compromiso pero tampoco te quieren dejar».
Para Freud el motivo distintivo que gobierna el comportamiento de los histéricos es el «temor a la pérdida del amor», a partir del cual se vuelven extremadamente dependientes de las personas.
Toda mujer debería ser lo suficientemente racional y emocionalmente inteligente para cuidarse de no caer en la trama del espiral artístico y hueco de hombres histéricos, pues al final, relacionarse afectivamente con sujetos de este tipo, termina dejando el sabor amargo de haber sido engañada.
El Libro inspirado de arriba enseña que el corazón de los seres humanos puede resultar perverso y engañoso (Jer. 17:9). Por esa misma razón es importante darse a la tarea de ser profundos y no superficiales en el conocimiento de los demás. Ser más racional y menos pasional; dejarse guiar por los mejores sentimientos y no por mera emocionalidad. Valorar a las personas por lo que son y no por lo que tienen, por sus valores y no por su apariencia. Asegurarse que la persona que la pretende sentimentalmente es estable emocionalmente y sano psicológicamente.
No deje a un lado esta solicitud que le hizo David a Dios «Líbrame de gente mala, y del hombre engañoso que actúa enmascarado para hacer daño».

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