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Una nación que honra a Dios

El monumento a Martin Luther King, uno de los cristianos más reconocidos de EE.UU. / EFE

«Será su nombre para siempre,
se perpetuará su nombre mientras dure el sol.
Benditas serán en él todas las naciones;
lo llamarán bienaventurado.
Bendito Jehová Dios, el Dios de Israel,
el único que hace maravillas.
Bendito su nombre glorioso para siempre,
y toda la tierra sea llena de su gloria.
Amén y amén» (Salmo 72:17-19).

Debido a que el gobierno es instituido por Dios como su «ministro… para el bien» (Romanos 13:3-4. LBLA), funciona mejor cuando los líderes lo honran y obedecen. A lo largo de la historia de Israel, el Señor alabó a los reyes que se sometieron a sus leyes y lo adoraron solo a Él. El curso de la nación era influenciado por las creencias y la conducta de cada rey. Dado que este principio sigue siendo aplicable hoy, los buenos líderes tienen un enorme potencial para afectar de manera positiva a su nación. El Señor guiará y protegerá a los líderes que le teman y busquen su sabiduría y dirección.
Pero por muy importantes que sean los gobernantes para el futuro de una nación, sus ciudadanos también juegan un papel vital, en especial en las democracias donde los líderes surgen de entre el pueblo. Los cristianos que comparten su fe y crían a sus hijos en los caminos del Señor, pueden influir en los valores de la nación y en la elección de los gobernantes. Cuando tanto los líderes como los ciudadanos alinean sus criterios con los de Dios, los desvalidos son protegidos, los culpables son castigados y los inocentes son defendidos.
Al mirar a su alrededor, es posible que se sienta desanimado. Pero usted puede ser de influencia al demostrar amor y compartir el evangelio. Cuanto más se entienda el amor y la libertad que hay en Cristo, más bendecida será una nación y su pueblo.

Charles F. Stanley
Pastor, maestro y escritor

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