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¿Una familia normal?

(Marianna Moreno – VERDAD Y VIDA).-

La familia es un tema muy delicado e importante en la vida de toda persona. Pero cuando queremos hablar de cómo formar una familia bajo los principios bíblicos, se debe analizar más a fondo lo que realmente significa y la importancia que tiene en la sociedad.

Una de las cosas que hace a las sociedades ser dispersas, conflictivas, peligrosas y hasta letales viene –siempre- de una familia mal fundamentada. Pero es que las cosas se van desvirtuando de la realidad por culpa de la cabeza del hogar.

Cuando los padres actúan de mala manera, no exhortan a sus hijos y no les dan el ejemplo, los hijos no han visto una manera diferente de convivir y, por lo tanto, crecerán para ser iguales a ellos, cometiendo los mismos errores. Sólo entregándose a Jesús podrán romper con esas maldiciones generacionales que ni saben que tienen.

Existen culturas donde los matrimonios son preparados y están destinados a una unión, un hombre y una mujer desde el momento en que nacen. Hay otras culturas, donde la mujer busca (o pesca, sería más adecuado) a un hombre por lo que a ella le interesa.

En algunas otras situaciones, las mujeres se casan por amor verdadero, sin importar lo que pueda pasar al convivir o si realmente es una emoción de un momento y no una relación.

Por su parte, los hombres también tienen sus patrones. Está el hombre que busca alguien que lo atienda únicamente, como si fuera su mamá. Otro, que busca sólo la apariencia de la mujer, para poder exhibirla ante sus amistades y familiares. Otros, que buscan el «verdadero amor», pero terminan encontrando 4 ó 5 verdaderos amores.

Todas estas situaciones ocurren por la falta de conocimiento de la Palabra de Dios. Los matrimonios deben ser con un propósito que Dios le ha encomendado a esa pareja. De igual forma, deben conocerse antes de casarse y por sobre todas las cosas, deben guardarse (en cuerpo, mente y corazón) previo al casamiento.

La Biblia nos revela que Jesús dijo: «¿No han leído las Escrituras? Allí está escrito que, desde el principio, ‘Dios los hizo hombre y mujer’ —y agregó—: ‘Esto explica por qué el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su esposa, y los dos se convierten en uno solo’. Como ya no son dos sino uno, que nadie separe lo que Dios ha unido», Mateo 19:4-6 (NTV).

Algunas variantes

Se habla de un término muy coloquial pero aplicado dentro del matrimonio, como lo es la prostitución. Esta es una conducta de ciertas mujeres, quienes ofrecen satisfacer las necesidades de un hombre a cambio de algo (generalmente dinero). También hay hombres que realizan este ejercicio, pero es mucho más común en la mujer.

¿Cómo podemos aplicar la prostitución en el matrimonio? Muy sencillo. Se conoce que el hombre debe ser el sostén y la cabeza de un hogar cristiano, que debe proveer para su familia (no importa qué tan grande sea ese núcleo familiar), todo lo necesario para su vida, tanto el alimento natural como el espiritual, seguridad, estabilidad, amor, educación y demás.

Pero hay mujeres (cristianas o no), que deciden deliberadamente utilizar sus «talentos» a cambio de algo que quieren, generalmente material. Esposas deciden cocinarle a sus esposos, sólo si le compran el par de zapatos que vieron el fin de semana en un centro comercial. Mujeres que sobornan a los hombres con limpiar su casa, si y sólo si, este les compra la última tecnología en máquinas de limpieza.

Es lamentable esta situación en los hogares, pero es más lamentable aún, conocer de esposas que ofrecen sexo a sus propios esposos a cambio de algún bien material. Esta actitud es abominable, ¡es prostitución!, aunque sea dentro del matrimonio.

La Palabra de Dios nos revela en Efesios 5:22-27, la instrucción sobre las relaciones guiadas por el Espíritu Santo: «Para las esposas, eso significa: sométase cada una a su marido como al Señor, porque el marido es la cabeza de su esposa como Cristo es cabeza de la iglesia. Él es el Salvador de su cuerpo, que es la iglesia. Así como la iglesia se somete a Cristo, de igual manera la esposa debe someterse en todo a su marido.

Para los maridos, eso significa: ame cada uno a su esposa tal como Cristo amó a la iglesia. Él entregó su vida por ella a fin de hacerla santa y limpia al lavarla mediante la purificación de la palabra de Dios. Lo hizo para presentársela a sí mismo como una iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga ni ningún otro defecto. Será, en cambio, santa e intachable» (NTV, énfasis añadido).

Por su parte, la esposa de familia cristiana conoce bien las Escrituras y sabe que la mejor relación que puede llegar a tener con su esposo es respetándolo y obedeciendo los mandamientos de Dios. Es ayuda idónea para su pareja, se complementan, puesto que dos se hacen uno sólo en espíritu y en la carne.

«Es mejor ser dos que uno, porque ambos pueden ayudarse mutuamente a lograr el éxito. Si uno cae, el otro puede darle la mano y ayudarle; pero el que cae y está solo, ese sí que está en problemas. Del mismo modo, si dos personas se recuestan juntas, pueden brindarse calor mutuamente…» (Eclesiastés 4:9-11, NTV). Podemos usar este ejemplo de beneficio de la compañía para aplicarlo en el matrimonio y el rol que hombre y mujer deben desempeñar.

Consecuencias

Una de las consecuencias de estas actitudes negativas, lejos de Cristo, la llevan los hijos. Estos crecen con ciertos traumas al conocer la verdad de su situación familiar, otros, sencillamente piensan que no hay más conductas sino la que han visto a lo largo de sus vidas.

Las jovencitas cambian sus actitudes por una más liberal y de ofrecimiento, mientras que los varones generan una conducta de rebeldía y violencia hacia la mujer.

Por su parte, el impacto negativo que estos jóvenes pudieran tener al enfrentar esta situación, podría eliminarse por completo, al entregar su corazón a quien sana toda dolencia física y espiritual, Jesucristo.

Sólo arraigados en la fe a Cristo y sus principios, todo ser humano puede cambiar, ser salvo y conseguir la paz en su corazón. De la misma forma, estudiando la Biblia, puede aprender cuál es el verdadero camino al Padre y cómo transitarlo. Las parejas y familias pueden ser restituidas con la ayuda del Salvador.

Padres, hijos, hermanos y amigos, todos pueden tener una vida libre de engaños, sufrimientos, decepciones y burla. Una vida donde la paz se establecerá en ti, donde la angustia no tiene cabida en tu corazón y el amor es lo único que prevalece… una vida de la mano de Dios hacia la eternidad.

Si no conoces a Jesús, no conoces al Padre, pues como Él mismo dijo a sus discípulos en Juan 14:6-7: «Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie puede ir al Padre si no es por medio de mí. Si ustedes realmente me conocieran, también sabrían quién es mi Padre» (NTV, énfasis añadido). Si estás pasando por alguna circunstancia negativa, sólo Dios puede ayudarte, búscalo.

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