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Un día para ser feliz con tu familia, Fernando Alexis Jiménez

“El corazón contento alegra el rostro; el corazón quebrantado destruye el espíritu” (Proverbios 15:13. NTV).
Iba de regreso a casa, como siempre hacia las seis de la tarde. Un día de trabajo intenso. En particular Lucrecia, una mujer acaudalada de la ciudad que tenía cuenta bancaria en su sede, había tornado la jornada difícil. Ella misma era difícil, incluso le acusó de “no entender nada”. Sin embargo, el joven ejecutivo sonrió y la orientó sobre la transacción que debía hacer.
Luego fue su jefe. El hombre estaba desencajado porque perdió unos papeles. Incluso se atrevió a preguntarle si no era él quien los había extraviado.
Y para terminar, el auto se había averiado. El neumático se pinchó justo en la hora de tráfico más congestionado. Y estaba en plena autopista. Miró en la distancia. El cielo estaba poblado de colores, matices entre azul y naranja, en aquello que sus abuelos solían llamar “atardecer de los venados”. Una vista espectacular, como si un pintor se hubiera solazado colocando los colores degradados de su paleta sobre un lienzo inmenso.
Las personas que pasaban le gritaban que moviera “esa cafetera” refiriéndose a su automóvil algo viejo. Pero él se fijó la meta de no permtir que nada le dañara el buen momento. Sonrió y siguió pidiendo a Dios paciencia para cambiar la llanta.
Cuando por fin lo hizo, limpió sus manos con un trapo y se dirigió a casa con una sonrisa que no se desdibujó cuando su esposa le abrió la puerta, y que se hizo más grande cuando sus dos hijitos se arrojaron a sus brazos gritando urras por su llegada.
¿Ha pensado alguna vez que nada ni nadie deberían robarle la felicidad y gozo que Dios ha puesto en su corazón? Las circunstancias pueden ser muy difíciles y aún las personas muy complicadas, pero nada de lo externo debería minarle su armonía interior. Si Cristo mora en su corazón, es Él quien debe dominar en toda situación.
El rey Salomón escribió: “El corazón contento alegra el rostro; el corazón quebrantado destruye el espíritu” (Proverbios 15:13. NTV).
La felicidad es tan importante en un ser humano que incluso la Organización de Naciones Unidas declaró el 20 de marzo de cada año como el Día Internacional para ser Feliz.
El asunto es que no debe ser un solo día sino toda una vida. Y es posible cuando le permitimos a Jesús morar en nuestro corazón y gobernar nuestra existencia. Él coloca un gozo en nuestro ser que nadie jamás logra comprender, pero sí disfrutar. Y nosotros contagiamos a nuestro cónyuge con esa felicidad y también a nuestros hijos, y a todos los que están alrededor. Es un proceso que comienza con nuestra disposición.
Lo que trae felicidad son pequeños hechos, que no tienen costo económico pero que llenan nuestro mundo interior. Una buena relación familiar es una de esas razones como también disfrutar del trabajo que hacemos, ir a comer un helado con los seres queridos en un centro comercial o caminar en un parque cercano. Y esos instantes únicos e irrepetibles son los que llenan nuestra existencia y le dan sentido. Dios hace posible eso y mucho más.
Le invito a evaluar su existencia. Identifique qué le hace feliz. Comparta esos factores con su familia. Que la felicidad toque a todos en casa y entre quienes usted se desenvuelve diariamente. Jamás olvide: Sólo la presencia de Dios en nuestra vida trae una felicidad completa.
Y hablando de Dios, ¿ya recibió a Jesús como su Señor y Salvador? Hoy es el día para que lo haga. Es una decisión que no debe dilatar por más tiempo. Puedo asegurarle que Jesús traerá cambio a su vida personal, espiritual y familiar. Comenzará una nueva vida, llena de plenitud. Decídase hoy por Cristo. Ábrale las puertas de su corazón.
Fernando Alexis Jiménez
Pastor
pastorfernandoalexis@hotmail.com

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