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Tu salud física, Otoniel Font

Si tu alma crece, si aumenta, si te capacitas, si en tus pensamientos creces, te desarrollas, entonces, vas a poder experimentar salud física

“Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:3-5).
Dios no te castiga ni te envía una enfermedad para enseñarte, pero en medio de tus crisis, Dios se lleva toda la gloria. Pudieras cuestionar qué pasa si no te sanas, pero tú tienes que entender que los creyentes nos sanamos aquí o en el más allá, pero terminamos sanos. No sabemos por qué no todos sanamos en el más acá; hay cosas que a veces tenemos que soportar hasta el último día, que tenemos que trabajar con ellas hasta el último día; lo que puedes es saber que hay una promesa que un día tú tendrás un cuerpo glorificado, transformado, y serás libre de toda maldición. Ya tú eres sano; que se manifieste aquí o allá es otra cosa, pero sano eres, en el nombre poderoso de Jesús. Pero hoy, en medio de tu crisis, Dios puede hacer algo, Él lo va a hacer, y tú puedes aprender muchas cosas.
La salud física y el cuidado de tu cuerpo es más que algo únicamente físico.
Tus emociones están ligadas a tu condición física. Tu estado físico y lo que tú haces por tu cuerpo, está ligado a tus emociones.  Una persona con emociones positivas, sanas, procura cuidarse.
“El corazón alegre constituye buen remedio; mas el espíritu triste seca los huesos” (Proverbios 17:22).
Hay muchísimos estudios que demuestran que nuestras emociones dañan nuestros órganos, segregan una gran cantidad de hormonas y toxinas en tu cuerpo, que dañan tu cuerpo, aparte de que las emociones negativas te llevan a tomar malas decisiones, malos hábitos, excesos.  Puedes tratar de hacer ejercicios, cuidar tu cuerpo, pero si tus emociones no están cuidadas, de nada sirve. Tus emociones tienen que estar cuidadas para que tu condición física realmente sea transformada.
Tus decisiones morales tienen efecto en tu cuerpo. Tus decisiones éticas tienen impacto en tu cuerpo. Tú tienes que decidir moralmente qué cosas poner en tu cuerpo y cuáles no. Hay tanto cosas ilegales como legales que no te son favorables. Tiene que llegar un momento donde tu moralidad te guíe a tomar decisiones.
“Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. 30 Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen” (1ª Corintios 11:29-30).
Una persona espiritualmente dormida es una persona que moralmente no sabe cómo dirigirse y sus decisiones van a afectar su cuerpo.
Tu condición física está ligada a tu alma o a tus pensamientos.
“Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3ª Juan 1:2).
Si tu alma crece, si aumenta, si te capacitas, si en tus pensamientos creces, te desarrollas, entonces, vas a poder experimentar salud física. Es vital que entiendas esto. La pregunta es por qué esto es tan importante para Dios, por qué es importante que cuidemos de nuestro cuerpo. Y es que es la única forma de servirle a Dios, servir a otros y traerle gloria a Dios en esta tierra. Tienes que tener esta conexión clara, para que vivas correctamente, conforme a lo ordenado por Dios.
Hay dos graves errores que puede cometer una persona en relación a su cuerpo, a su salud física:
Tener una obsesión de entrenar tu cuerpo para tener un tipo de cuerpo. Tu cuerpo pudiera tornarse en tu ídolo. Puedes terminar haciéndote un montón de operaciones, tornándote una persona anoréxica. El mundo adora el cuerpo, y nosotros como creyentes tenemos que mantener la perspectiva correcta. Tu cuerpo es templo del Espíritu Santo, pero tú no puedes sobreentrenar tu cuerpo, sobrecuidarlo. Tu cuerpo no es perfecto ni lo será; siempre tienes que mejorar, pero no puedes vivir como si tu cuerpo fuese lo primordial en tu vida. Tanto dentro como fuera de la iglesia, ha habido tendencias donde se le ha dado demasiado énfasis al cuerpo, a la apariencia; y es importante, pero no de forma desbalanceada.
“Desecha las fábulas profanas y de viejas. Ejercítate para la piedad; porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera” (1ª Timoteo 4:7).
Cuando una persona hace de su cuerpo su ídolo, abandona otras prioridades que son de igual importancia. No te puedes volver obsesionado con esto. Tu cuerpo es templo del Espíritu Santo, tienes que cuidarlo, pero tienes que mantener el balance porque definitivamente también hay otras cosas que son de prioridad e importancia en tu vida.
Entrar en prácticas espirituales erróneas. Hay quienes, buscando salud, se meten en santería, por ejemplo. Obsesionado por buscar la salud del cuerpo, pudieras caer en prácticas que no te llevan a los lugares correctos. Moisés, en Levíticos, dice: No comeréis cosa alguna con sangre. Y continúa diciendo: No seréis agoreros ni adivinos. Porque hay quienes pensaban que al tomar sangre adquirían fuerza. Y hay quienes están tan obsesionados con la salud física, que caen en cosas que no están bien a los ojos de Dios.

Otoniel Font
Pastor, escritor y conferencista

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