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Transitoriedad, Harold Paredes Olivo

Todo individuo que respira en la tierra morirá, y viviendo esa transitoriedad de la vida tiene que decidir cómo quiere vivir el poco tiempo que le resta

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¿Por qué parte de la humanidad ataca a un Dios que no existe?, y, ¿por qué todos los que creen en Dios aseguran que estos se perderán en un lago de fuego ardiente? La vida es tan corta, es transitoria, es como un espabilar que se debe aprovechar. La transitoriedad es la “cualidad de pasajero, que dura poco tiempo”. Nosotros vivimos de un lado a otro todos los días, somos viajeros con o sin boletos en los bolsillos, desde nuestro alumbramiento hasta la muerte es lo más cierto que tenemos; este intervalo medido en segundos, minutos y horas; es lo que hemos conocido antes de saber lo escrito y dicho sobre Jesucristo. Al conocer la verdad, y dejar atrás lo que normalmente dice el corazón malo de incredulidad que, esto es un mito contado por hombres y mujeres que han manipulado a las sociedades por siglos bajo un criterio de dominación total. Quien enseñó libertad jamás fue un dictador. Él es la expresión diáfana del amor más puro que ha caminado sobre la tierra.
Quien nació en la ciudad de Belén, fue el mismo que murió y resucitó en la ciudad de Jerusalén, está descrito en La Biblia.  Es decir, el tiempo que vivió el judío Jesús fue de 33 años aproximadamente; si este personaje fue inventado por mentes brillantes para ser “el opio de los ignorantes”, lo hicieron muy bien. No dejaron nada por fuera, hablaron de todo un proceso de crecimiento físico, académico y espiritual. Jesús de Nazaret a los 12 años discutía con los eruditos de esa época, y los dejaba anonadados por tanta sabiduría. Además, después de aprender un oficio con su padre carpintero, de ser cuidado e impulsado por su madre a realizar el primer milagro en Caná de Galilea, dejó su hogar para desarrollar un ministerio sin fisuras. Realmente, a la fecha se palpa cómo Él pudo adonecer en la tierra. Sin embargo, Cristo, el Ungido de Dios fue crucificado; su vida como ser humano también fue transitoria. Hizo un peregrinaje completo que, ha influenciado a generaciones en el mundo entero.
Mahoma, Buda, Gandhi, Teresa de Calcuta, Kennedy, Hitler, Franco, Pinochet, Castro, Chávez, y otros más; buenos o malos seres, todos ellos nacieron, crecieron y murieron; literalmente los atrapó la transitoriedad de la vida. Por consiguiente, todos los seres humanos vinimos a la tierra como pasajeros de un tiempo finito. El planeta nos recibe, y luego nos cubre con los mismos brazos en el último hálito de vida. El sustantivo masculino hebel significa transitorio; esta palabra hebrea nos indica que el ser humano ve la luz del mundo para su provecho o para perderse en la vanidad que solo produce insatisfacciones. Si el corazón de todos los que hemos nombrado anteriormente se hubiese mantenido como niños tendríamos un mejor mundo, tendríamos unas biografías de vidas transitorias que motivarían a ser mejores personas a quien hoy desea destruir todo lo que existe, y sueña con una despoblación sistemática.
Quienes atacan a Dios olvidan que por más que lo hagan nada cambiarán en el presente o en la eternidad, ni siquiera Nietzsche pudo transfigurar algo en sus años de existencia; este se fue apagando en maldición continua. Por lo tanto, quienes creemos en la eternidad con Dios, debemos estar convencidos que sin Él nada podemos hacer, debemos estar claros que, sabemos de dónde venimos y para dónde iremos al fallecer. Dios murió para quien está peleando con Él, pero como ha de morir quien no ha sido creado, y, además, nunca morirá para quien ha sido regenerado. El Creador no vive transitoriedad ni la vivirá; empero, si revela que debemos valorar el crono que se nos entregó, sobre todo en este siglo. El cronómetro del Padre está contando en milésimas de segundo, el botón fue pulsado desde que Eva y Adán pecaron, y fueron expulsados del Edén.
Jesucristo de Nazaret venció a quien tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo; hasta el mismo maligno vivió su transitoriedad, y los de fe, la eternidad. Para nada sirve enviar a la gente al infierno, sabemos lo que dicen las Escrituras y se debe enseñar a quien desconoce que el infierno existe; pero enfatizar con odio que otros morirán, eso es perder el tiempo y falta de madurez en el Cuerpo de Cristo, si tenemos amor para con ellos, sabremos qué misión se ha de cumplir. La meta está adelante y con hechos lograremos convencer a aquellos que vagan perdidos en sus deseos carnales.
La transitoriedad de la vida es real, el rey David dijo: “Porque mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó, y como una de las vigilias de la noche.  Los arrebatas como con torrente de aguas; son como sueño, como la hierba que crece en la mañana. En la mañana florece y crece; a la tarde es cortada, y se seca” (Salmo 90:4-6. RVR). Todo individuo que respira en la tierra morirá, y viviendo esa transitoriedad de la vida tiene que decidir desde lo más profundo de su ser cómo quiere vivir el poco tiempo que le resta. Recordemos esta palabra a manera de conclusión:
“Los días de nuestra edad son setenta años;
y si en los más robustos son ochenta años,
con todo, su fortaleza es molestia y trabajo,
porque pronto pasan, y volamos”.
(Salmo 90:10. RVR60)

Harold Paredes Olivo
Pastor, comunicador y autor
labibliavivela@gmail.com 

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