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Tiempo bien invertido, Eduardo Padrón

Invertir el tiempo es aprovecharlo. En líneas generales, solo podríamos hacer dos cosas con el tiempo: lo perdemos o lo aprovechamos

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«Aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos» (Efesios 5:16).
Hace treinta años que el mundo se reinició como cuando se resetea una computadora. Los entendidos señalan que cada cierto tiempo los países del mundo se reacomodan geopolíticamente. Todo cambia con el tiempo y es algo que no puede evitarse. No obstante, los cambios que se han estado operando no apuntan solamente a la globalización económica, se observa la irrupción de grupos poderosos que han estado promoviendo un cambio en lo político; es así que se habla de un globalismo que pretende acabar con los valores tradicionales estableciendo un nuevo orden en todo el mundo. Se puede decir que las expectativas de cambio que surgieron en aquella fecha marcada por la caída del muro de Berlín, fueron secuestradas y están siendo usadas para eliminar todo lo bueno que tiene el arden actual. Conceptos como el de familia, estados centrales, soberanías, valores, vocabulario, cultura, ética, libertad religiosa y más, irán cayendo como piezas de dominó una por una. ¿Han aprovechado el tiempo estos grupos poderosos para hacerlo? Sin duda.
Hago esta alusión no solo para despertar una sana preocupación sobre algo que ya lo tenemos encima, sino a la vez, para darle a la exhortación paulina un empuje que, puesto en un contexto actual, la haga más pertinente al pueblo de Dios. Y, si hay algo en lo que hemos sido pésimos mayordomos, es en la administración del tiempo. No somos -por ejemplo- los que empleamos con disciplina el tiempo del que disponemos. No hemos sido disciplinados. Seguimos con las ideas de gastar, perder y dejar que pase el tiempo incluso para resolver problemas sin advertir cuánta pérdida estamos teniendo.
Tiempo bien invertido no es tiempo perdido fue un tema que una vez prediqué en la iglesia. Y es que este es el verbo que más énfasis debemos darle. Invertir el tiempo es aprovecharlo. En líneas generales, solo podríamos hacer dos cosas con el tiempo: lo perdemos o lo aprovechamos. Y aprovechar el tiempo es hacer buen uso de lo que se presente en ese tiempo, pues no se tendrá otro. Esta es precisamente la idea en Efesios 5:16. El término usado para aprovechar es redimir, pagar con rescate, metafóricamente, es rescatar de la pérdida. Todo tiempo que el Señor nos da en esta vida es redimible, rescatable y es susceptible de ser bien administrado. Somos responsables de su inversión. ¿Con qué lo compramos?, para seguir con la metáfora. Con el esfuerzo, con el sacrificio, con el desarrollo de buenas ideas, con la predicación, con las buenas obras, planificando y disciplinándonos bien; con una visión.
Pero aprovecharlos muestra la necesidad de comprender lo que sucede en estos tiempos y sus implicaciones. Pablo describió su momento como «días son malos». La descripción paulina no puede hacer más angustiante el llamado. El término usado por Pablo es eminentemente malo en su carácter. Los días son malos en el sentido de generar un trabajo y esfuerzo doloroso y triste; incluye las ideas de maligno, perverso, indigno, produciendo una degeneración de virtudes. Lo que observamos hoy con los grupos que promueven el globalismo es eso, una degeneración vendida como sensibilidad humana pero devastadora de las bases que sostienen el orden actual incluyendo los valores universales, la libertad, perversión del sexo, la moral y la familia.
Sí, me gusta imaginarme el tiempo como un inmenso lienzo en el que el hombre escribe su historia: la de la humanidad y la que cada uno en particular. Todo en una línea finita con un punto final que solo Dios conoce. Pero está claro: Él ha dado un tiempo que está siendo bien aprovechado por quienes ha consagrado sus vidas, recursos, fuerzas, disciplina, cuerpo y corazón para implantar mundialmente un orden con características anti cristianas muy marcadas. ¿De qué forma lo está aprovechando la iglesia? El mismo tiempo que tienen ellos lo tiene la iglesia del Señor. A todos nos ha dado Dios tiempo y oportunidades para contrarrestar tanta intención bochornosamente inicua y perversa en las que el hombre sigue devorando al hombre.
Luce interesante que Pablo en este versículo emplee las dos nociones de tiempo que conocemos. Cuando anima al aprovechamiento del tiempo, usa kairós, que muy bien puede traducirse como oportunidades. Y luego menciona la palabra días con su connotación cronológica al describirlos como malos (ponerós). Los días fueron malos en el tiempo de Pablo y han continuado siéndolo en una progresión ascendente. Pero los días malos no implican malas oportunidades. Aún tenemos tiempo que redimir, que rescatar de la pérdida. El tiempo bien invertido nunca será tiempo perdido.
Viene la hora cuando el hombre no querrá saber más de religión ni de evangelio. Creo que está más cerca de lo que nos imaginamos. Por tanto, dentro de este tiempo de mala calidad, hay ocasiones que permanecen redimibles para la iglesia de Dios. No es mucho lo que nos queda para que el prurito de las nuevas filosofías termine carcomiendo los oídos (¿conciencias?) del mundo. Creo que lo único esperanzador que le queda al mundo es la acción de la iglesia. Una acción que está siendo eliminada por la persecución de cristianos ante la vista gorda de entes gubernamentales.
Una nota final. En 2ª Timoteo 4:2 se usa la palabra eukairós con el prefijo eu que indica bueno o está bien y es traducido a tiempo imprimiéndole un sentido de urgencia para la predicación de la Palabra. Salta a la vista que el evangelismo y el discipulado es lo más esperanzador para el mundo. Habrá quien diga que la profecía sobre la insensibilidad del hombre a la sana doctrina no se puede evitar. De acuerdo. Pablo no dice que la evitamos, sino que hagamos lo que tenemos que hacer mientras haya tiempo.
Cada día viene con sus oportunidades. Si las perdemos, dilapidamos el día y lo perdemos todo, pues unas vienen con el otro. Pero las oportunidades se aprovechan mejor cuando ya tenemos una visión de trabajo, cuando estamos comprometidos con ella. La esperanza del mundo es el discipulado, esa es la visión y la misión con la que debemos comprometernos prioritariamente. Hay un tiempo que se escapa, se nos está haciendo tarde -dirían algunos-, y una mayordomía de la que daremos cuenta. Por tanto, recordemos: tiempo bien invertido no es tiempo perdido.

Eduardo Padrón
Pastor, maestro y escritor
edupadron@gmail.com

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