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Sufrimiento y muerte de Cristo según la ciencia médica

(Acontecer Cristiano – Verdad y Vida).-

La ciencia médica explica cómo padeció Jesús antes que muriera en la cruz, tras experimentar momentos terribles de sufrimiento, en un castigo propio de los criminales.
Con 33 años de edad, Jesús sufrió el castigo más cruel y abominable, que le provocó una lenta y dolorosa muerte. Padeció durante 18 horas, desde las 9 de la noche del jueves hasta las 3 de la tarde del viernes, hora en que murió.
A continuación algunos detalles de este acontecimientos, que busca una explicación medico científica de lo ocurrido.

Jesús suda sangre en el huerto de Getsemaní.
En el libro de Lucas 22:44, dice que Jesús sudaba gotas de sangre mientras oraba en el jardín de Getsemaní en el monte de los Olivos. Esta situación que experimentó el Mesías se llama «hematidrosis». No es muy común pero puede darse cuando hay un alto grado de sufrimiento psicológico.
La ansiedad severa provoca la secreción de químicos que rompen los vasos capilares en las glándulas sudoríficas. Como resultado, hay una pequeña cantidad de sangrado en las glándulas y el sudor emana mezclado con sangre. No es mucha sangre sino una cantidad muy pequeña. Esto provocó que la piel quedara extremadamente frágil de modo que cuando Jesús fue flagelado por el soldado romano al día siguiente, su piel ya estaba muy sensible.

El arresto de Jesús
Cuando Jesús fue arrestado en la madrugada, ya estaba debilitado por lo sucedido en el huerto. Fue llevado ante el Sanedrín y Caifás, el sumo sacerdote. Fue golpeado por los soldados, quienes le pusieron una venda en los ojos y burlándose de Él, le preguntaban quién de ellos lo había golpeado, y le escupían y lo abofeteaban. Para entonces la cara de Jesús ya empezaba a ser irreconocible debido a la hinchazón y los hematomas causado por los golpes.

La flagelación
Los azotes que Cristo recibió de los romanos, eran terriblemente brutales. Generalmente consistían de treinta y nueve latigazos. El soldado usaba un látigo con tiras de cuero trenzado con bolas de metal entretejidas. cuando el látigo golpeaba la carne, esas bolas provocaban moretones o contusiones, las cuales se abrían con los demás golpes, porque el látigo también tenía pedazos de hueso afilados, los cuales cortaban la carne severamente.
La espalda quedaba tan desgarrada que la espina dorsal a veces quedaba expuesta debido a los cortes tan profundos. Los latigazos iban desde los hombros, espalda y las piernas. Mientras continuaba la flagelación, la piel y los músculos se rasgaban produciendo que la carne cuelgue en forma de tiras.
La víctima podía experimentar un dolor tan grande que le llevase a una conmoción hipovulémica, quiere decir que la persona sufre efectos de la pérdida de una gran cantidad de sangre. Esto causa 4 efectos:
1. El corazón se acelera para tratar de bombear sangre que no existe.
2. Baja la presión sanguínea, lo que provoca un desmayo o colapso.
3. Los riñones dejan de producir orina para mantener el volumen restante.
4. La persona comienza a sentirse sedienta porque el cuerpo ansía fluidos para reponer el volumen de sangre perdido.

Camino al Calvario
Jesús se sentía muy débil para caminar hacia el Calvario, aún así, tuvo que cargar el pesado madero hacia el lugar de su ejecución. Durante el trayecto, Jesús fue humillado, escupido y despreciado por la multitud hasta que se desplomó y un soldado romano le ordenó a Simón que llevara la cruz por él. Luego Jesús dice: «tengo sed» y en ese momento se le ofrece un trago de vinagre.

En el momento de la crucifixión
Los criminales condenados a la crucifixión, eran amarrados. A Jesús le clavaron sus manos en posición abierta en el madero horizontal. Esta viga se llamaba patibulum y en ese momento estaba separado del madero vertical, que estaba clavado al suelo de forma permanente.
Los clavos que los romanos usaban eran de trece a dieciocho centímetros de largo, afilados hasta terminar en una punta aguda. El clavo atravesaba el nervio mediano. Ese es el nervio mayor que sale de la mano y quedaba triturado por el clavo que lo martillaba. Al romperse ese tendón y por tener sus muñecas clavadas, Jesús fue obligando a forzar todos los músculos de su espalda para poder respirar.

Jesús colgado en la cruz
Lo soldados procedieron a clavarle los pies en el madero, triturando los nervios de los pies. Al estar en posición vertical sus brazos se estiraron intensamente, probablemente 15 centímetros de largo y ambos hombros debieron haberse dislocado, lo que confirmaba lo escrito en Salmos 22:14, «dislocados están todos mis huesos».
Una vez que la persona cuelga en posición vertical, la crucifixión es una muerte lenta y agonizante por asfixia.

Muerte de Jesús
A medida que se reduce el ritmo respiratorio, entra en lo que se denomina acidosis respiratoria: el dióxido de carbono de la sangre se disuelve como ácido carbónico, lo cual causa que aumente la acidez de la sangre. Finalmente eso lleva a un pulso irregular. De hecho al sentir que su corazón latía en forma errática, Jesús se hubiera dado cuenta de que estaba a punto de morir, y es entonces que pudo decir: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» y luego murió de un paro cardíaco.

Traspaso del corazón
Para acelerar la muerte, los soldados quebraban las piernas de los crucificados, utilizando para ello una lanza romana para despedazar los huesos de la parte inferior de las piernas. Eso evitaba que la persona empujara hacia arriba con las piernas para poder respirar, así que la muerte les seguía en cuestión de minutos.
Los huesos de Jesús no fueron quebrados como ocurrió con los otros crucificados. Esto fue así porque los soldados habían confirmado que Jesús ya estaba muerto; así se cumplió la profecía del Antiguo Testamento acerca del Mesías donde se dice que «ninguno de sus huesos sería quebrado», Salmos 34:20.
El soldado romano clavó su lanza en el costado derecho de Jesús para confirmar su muerte. La lanza atravesó el pulmón derecho y penetró el corazón. Por lo tanto, cuando se sacó la lanza, salió fluido claro, como el agua, seguido de un gran volumen de sangre, tal como lo describe Juan, uno de los testigos oculares, en su Evangelio.◄
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Cristo el siervo sufriente (Isaías 53)

17-Isaías-53.jpg-WEB“¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿En quién se ha manifestado el brazo del Señor?
Crecerá ante él como un renuevo, como raíz en tierra seca. No tendrá una apariencia atractiva, ni una hermosura impresionante. Lo veremos, pero sin atractivo alguno para que más lo deseemos.
Será despreciado y desechado por la humanidad entera. Será el hombre más sufrido, el más experimentado en el sufrimiento. ¡Y nosotros no le daremos la cara! ¡Será menospreciado! ¡No lo apreciaremos!
Con todo, él llevará sobre sí nuestros males, y sufrirá nuestros dolores, mientras nosotros creeremos que Dios lo ha azotado, lo ha herido y humillado.
Pero él será herido por nuestros pecados; ¡molido por nuestras rebeliones! Sobre él vendrá el castigo de nuestra paz, y por su llaga seremos sanados.
Todos perderemos el rumbo, como ovejas, y cada uno tomará su propio camino; pero el Señor descargará sobre él todo el peso de nuestros pecados.
Se verá angustiado y afligido, pero jamás emitirá una queja; será llevado al matadero, como un cordero; y como oveja delante de sus trasquiladores se callará y no abrirá su boca.
Sufrirá la cárcel, el juicio y la muerte; ¿y quién entonces contará su historia, si él será arrancado por completo de este mundo de los vivientes y morirá por el pecado de mi pueblo?
Se le dará sepultura con los impíos; morirá en compañía de malhechores; a pesar de que nunca hizo violencia a nadie, ni jamás profirió una sola mentira.
Pero al Señor le pareció bien quebrantarlo y hacerlo padecer. Cuando se haya presentado a sí mismo como ofrenda para la expiación de pecado, verá a su descendencia, tendrá una larga vida, y por medio de él se verá prosperada la voluntad del Señor.
Verá el fruto de su propia aflicción, y se dará por satisfecho. Mi siervo justo justificará a muchos por medio de su conocimiento, y él mismo llevará las iniquidades de ellos.
Por eso yo le daré parte con los grandes, y él repartirá despojos con los fuertes. Porque él derramará su vida hasta la muerte y será contado entre los pecadores; llevará sobre sí mismo el pecado de muchos, y orará en favor de los pecadores”.

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