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Sobre la cremación: Carta a un sobrino querido

Intento de respuesta a una pregunta muy pastoral de un sobrino querido

Querido Diego:
En esta ocasión no voy a usar versículos bíblicos, como es costumbre arraigada entre evangélicos, para probar o cuestionar cualquier cosa. Este asunto no hace necesario recurrir a textos específicos. Comienzo compartiendo que mi esposa Beatriz y yo somos desde 1979 miembros de la Sociedad Crematoria de EUA. En nuestro testamento hemos expresado nuestra decisión de ser cremados. Mi padre, por propia decisión, fue cremado en 1991. Sus cenizas fueron transportadas a la Argentina y están mezcladas en una misma urna con las de mi madre, en el cementerio de Buenos Aires. He sabido de gran número de colegas pastores y pastoras en EUA y otros países, que han tomado la misma decisión.
El movimiento pro cremación existe desde hace siglos. En las últimas décadas, a raíz del surgimiento de los movimientos ambientalistas y sus derivados, la cremación se está haciendo cada vez más común entre grupos cristianos especialmente evangélicos o protestantes, preocupados con nuestra responsabilidad ecológica. La Iglesia Católica fue, en el pasado y especialmente en América Latina, contraria a la cremación. La única explicación que puede hallarse hoy a esto, es que era una reacción ante el hecho que masones, protestantes y libre pensadores decidían por la cremación. Esta institución fue la que acuñó la frase «cristiana sepultura», que todo occidente ahora repite como el muy cultural «buen día».
En la actualidad la ICR acepta, especialmente en Europa y EUA, la decisión de hombres y mujeres católicos de ser cremados. No sé cómo están actuando en la actualidad con este asunto pastoral en Argentina. Algunos hermanos y hermanas evangélicos muy fieles se me acercan de vez en cuando para inquirirme sobre la cremación. Consideran los elementos positivos de este proceso, pero están
preocupados por el tema de la resurrección de los muertos en el retorno del Señor. Estos hermanos/as no han sido enseñados que nuestra resurrección, como reiteran Pablo y el Apocalipsis, será en cuerpos glorificados. Estos nada tienen que ver en esencia y sustancia con nuestros cuerpos mortales. Si hubiera alguna relación, ¿qué sería de quienes murieron por calcinación, o de los trillones que han muerto desde Adán y Eva y que ya se han consustanciado con «la tierra»?
Creo, sin ninguna duda, que la cremación es tan solo la abreviación del proceso natural de descomposición que transforma nuestro cuerpo en polvo, como clara y reiteradamente lo vaticina la Escritura. El fuego transforma en minutos la materia en cenizas, eliminando así un largo proceso de putrefacción, que hace de muchos cementerios terribles focos de infección. Por otro lado, gran cantidad de cadáveres, especialmente de la gente pobre que no puede «comprar su ultima parcela», son exhumados -por leyes municipales- después de pocos años de sepultura. Esto constituye una profanación y violación de la sagrada intimidad, privacidad final de nuestros restos mortales. Tal intimidad, privacidad, pareciera ser patrimonio solo de los ricos que son sepultados para siempre. En muchos casos, los cuerpos exhumados se encuentran en medio de la descomposición. Por eso ocurren las infecciones mencionadas.
Pero además, la mayoría de esos cuerpos terminan siendo cremados para enviarlos a fosas comunes o, en el mejor de los casos, se les fracturan los huesos para enviarlos a «nichos». Todo esto constituye una manipulación de restos humanos que no respeta nuestra «dignidad final».
La cremación ayuda además a terminar progresivamente con los vestigios aun presentes del «culto a los muertos», que si es reiteradamente condenado por la Escritura en el Antiguo y Nuevo Testamento. Bóvedas familiares y monumentos en nuestros cementerios son testimonio claro de esto.
Además, la mayoría de quienes deciden ser cremados, solicitan la eliminación de largos funerales de cuerpo presente y todo lo que se deriva de esto.
Por todo lo anterior y mucho mas que no es necesario abundar, te aconsejo querido Diego, sugieras a tu compañero de trabajo que decida por la cremación de su madre,. Que lo haga con la paz de saber que expondrá el cuerpo amado de quien le dio la vida, a un proceso digno, privado, limpio, no manipulativo, que tan solo transformará el polvo en polvo. Permíteme un apunte pastoral: Tu colega necesita explicar, aclarar al resto de la familia inmediata el carácter profundamente cristiano y humanista de esta decisión. Que le pida al Señor sabiduría para enseñar esto, para que toda duda o sentimiento irresuelto desaparezcan de una vez. Eso mantendrá la unidad familiar.
Jesucristo nos ha dado vida eterna. Esta trasciende la biológica. Somos llamados a ser buenos mayordomos, administradores de todo, aún de nuestros cuerpos y el de nuestros amados, cuando estos dejen de vivir y se transformen en materia muerta. Eso es vivir y morir responsablemente. Dios está de acuerdo y la creación lo necesita. Oro para que el Señor te de sabiduría en esto.
Un abrazo, Osvaldo Mottesi.

RedCristianaRadical.org

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