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¿Se puede mezclar Iglesia y Política?

En mi andar por el mundo predicando el evangelio de Jesucristo a lo largo ya de casi 40 años, he tenido la oportunidad de ver la transformación social de nuestras naciones y la evolución de nuevas ideologías y filosofías del pensamiento, que son cada vez más post modernas, seculares, laicistas y por supuesto diametralmente alejadas de Dios.
Organismos Internacionales
Indudablemente estas corrientes modernas y progress, han iniciado sus movimientos en naciones muy secularizadas de corte izquierdista, que son anti Dios y ausentes del pensamiento cristiano. Las cuales desafortunadamente han encontrado abrigo y promoción en organismos internacionales, tales como: ONU, OEA y la Corte IDH, por ejemplo.

La implementación es un asunto político

Por supuesto los temas de estas nuevas corrientes de pensamiento e ideologías son sumamente conocidos y para que estos puedan tomar forma y figura en nuestras sociedades, es necesario que se prediquen y proyecten desde las esferas de poder de cada nación. Entiéndase por esto, el gobierno y sus respectivos poderes.
Poder Ejecutivo cuya figura principal es la del presidente, el Legislativo con los diputados y el Judicial, con los magistrados de la Corte Suprema de Justicia. ¿Acaso no son estos puestos políticos? Todos ellos son quienes finalmente deben de decidir por nosotros los cristianos, temas de interés de todo tipo, entre ellos, los éticos (como el aborto, la pastilla del día después, Fertilización In Vitro, legalización de la marihuana, etc.).
De índole moral (matrimonio gay, adopción de nuestros niños y niñas por parte de la comunidad LGTB, etc.) y aspectos  espirituales, como la libertad de predicación e impresión de la Biblia, derechos a funcionar como iglesia en nuestros locales de culto, permiso a centros hospitalarios y carcelarios, etc.
Con base en esta introducción, me gustaría hacer un pequeño recuento de lo que ocurre en algunos países de los cuales domino alguna información.
Uruguay:
Esta es la nación con el menor índice de cristianos en toda América Latina y el país más secularizado de todo el continente americano. En una de nuestras reuniones internacionales en un  determinado país, le hice una pregunta al principal líder cristiano que en esa ocasión estaba representando a Uruguay en ese foro internacional.
¿Cuál es la razón por la que Uruguay ha llegado y sigue estando en esa condición? Su respuesta fue inmediata, clara y algo melancólica: “cuando en Uruguay se tomaron esas decisiones, en el Ejecutivo, en el Congreso ni en ningún poder de la República, teníamos un solo representante”.
O sea, la Iglesia había abandonado todo interés por participar en esas esferas.
Honduras: 
Siendo el presidente de Honduras don Porfirio Lobo y muy cerca de su cierre presidencial, nos invitó a varios líderes evangélicos de América Latina, a una cena privada en la Casa Presidencial.
Estábamos quizá unas 25 a 30 personas con el presidente y en cuanto a estos temas que les vengo manifestando, él hizo una alocución al respecto.
“Estos temas aquí ya no se discuten. Ustedes aquí en Honduras nunca más verán marchas de protestas por ese tipo de temas. Aquí ya no tienen relevancia,  porque  fueron dirimidos, discutidos y decididos de una manera definitiva y para siempre. Se blindaron en la Constitución Política de nuestro país, por decisión del Congreso de la República, precisamente siendo yo el presidente del Parlamento. Quedó definida constitucionalmente la figura del matrimonio, reconocido entre un hombre y una mujer, además de la prohibición a las personas del mismo sexo de adoptar a nuestros hijos, por mencionar solo dos de esos grandes temas que  les preocupan tanto. Así que, si ustedes logran llevar esas situaciones  para que se discutan en el Congreso de sus país, asegúrense también de tener los representantes correctos en cada curul”.
Costa Rica:
En Costa Rica en cuanto a esto y a los temas en mención, tal como la Fertilización In Vitro, matrimonio entre personas del mismo sexo y las guías de educación sexual del Ministerio de Educación, el gobierno de turno en la figura del presidente y la vicepresidenta, así como la Ministra de Educación y el Consejo Superior de Educación, no se han limitado ni les ha temblado la mano para tomar por si solos, todas estas decisiones por medio de decretos presidenciales y de consultas vergonzosas a la Corte IDH, cuando lo correcto hubiese sido presentarlas a la decisión de la gran mayoría representada en el Congreso de la República. Pero no se hizo así.

La Iglesia como voz profética

La Iglesia como voz profética y como comunidad sanadora del reino, no debe de hacer las del avestruz o voltear su mirada como si lo que sucede no tiene absolutamente nada que ver con su misión y la responsabilidad de ser luz y sal en la tierra.
La Iglesia debe ser la voz profética y autorizada ante la sociedad de nuestros días, una sociedad carente de valores y principios morales y esa voz urge ser dirigida  a un mundo maltrecho; pero la Iglesia necesita ganarse su derecho a ser escuchada en todo el mundo. Y ese derecho se gana siendo congruente con su estilo de vida, con la ética y la moral como sus mejores cartas de presentación.
Nuestra voz debe ser fuerte y clara con los de adentro y con los de afuera, al mejor estilo de Elías frente al rey y gobernante Acab; Daniel frente al gobernante del imperio babilónico  y Juan el Bautista y Jesús, frente a Herodes, líder político del imperio romano.

¿Debe la Iglesia o el creyente participar en Política?

Si hay algo que enciende la chispa para un debate espontáneo, o una discusión abierta, es una discusión sobre política, aún entre creyentes.
Como seguidores de Cristo, ¿cuál debe ser nuestra actitud y participación en la política?
Se ha dicho que “la religión y la política no se mezclan.” Pero ¿es realmente cierto? ¿Podemos tener opiniones políticas fuera de las consideraciones de nuestra fe cristiana? La respuesta es no.
La política es una de las tareas humanas más nobles y más importantes. De su orientación y funcionamiento depende el destino de millones de personas, nacidas y no nacidas.
Por eso, todo ser humano responsable está llamado a implicarse en este ámbito, donde se juega el presente y el futuro de la sociedad y el no hacerlo supone renunciar a influir en el cambio social.
La fe, cuando es seria y consciente, debe, pues, “meterse en política”, no para manipularla ni para dejarse llevar por los intereses del poder del momento, sino para asumirla como tarea de construcción humana y compromiso por el Reino de Dios.
La justicia, la solidaridad, los derechos humanos… pasan necesariamente por la política. La política y los políticos están viviendo hoy una crisis de credibilidad. ¿No será porque muchos -creyentes y no creyentes- han abdicado de sus responsabilidades como ciudadanos? ¿O será que la política y sus cauces se han vuelto más complejos y necesitados de reflexión, empeño y transformación?
Todo creyente serio y responsable debe de ir y acudir a las urnas electorales y cumplir con el sagrado derecho de votar.
Yo le animo para que usted como hijo e hija de Dios, no se abstenga de este honor y privilegio, ya que es un derecho sagrado que la Patria nos da.
www.periodicomaranata.com
Rigoberto Vega Alvarado
Evangelista

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