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Santa Claus se confiesa : “Es a Cristo al que deben adorar, no a mí”

(Verdad y Vida – Redacción).-

Ante la cercanía de la fiesta llamada «Navidad» por gran parte del mundo, quisimos conversar con un personaje que ha ganado popularidad durante estas fechas de finales de año, religioso que se conoce con diferentes nombres, tales como: Santa Claus, Papá Noel, San Nicolás, viejo pascuero, entre otros. Esto fue lo que nos dijo:
«Agradezco mucho esta valiosa oportunidad de expresar mi preocupación por lo que han hecho conmigo en el mundo y de como vienen explotando mi imagen sin siquiera yo autorizarlo, especialmente porque lo que dicen y hacen no es verdad. He tratado de hablar con otros medios de comunicación, pero por no convenirles mi aclaratoria, dado que la mayoría de sus ingresos publicitarios giran en torno a mi figura, no me han dado la oportunidad de expresar mi opinión», de esta manera inició Santa Claus su conversación con Verdad y Vida.

¿Acaso hay una especie de sesgo mediático en torno a usted?
– Evidentemente. No les conviene decir la verdad porque dejarían de percibir jugosos ingresos a costa de mí.

Santa, de usted se dice que fue un personaje que formaba parte del antiguo mito solar del solsticio de invierno al que el cristianismo ligado a Roma tuvo que maquillarle con la figura del obispo cristiano de origen griego llamado Nicolás.
– Así es, viví en el siglo IV en Anatolia, en los valles de Licia (en la actual Turquía). Lastimosamente muchos que se hacían llamar cristianos en la Edad Media, pero en realidad eran de la religión romana, comenzaron a venerarme, que es igual a honrarme o idolatrarme, al extremo de que aún hoy se conservan reliquias mías en la basílica de San Nicolás, Bari, en Italia.

¿Y eso qué tiene que ver con la Navidad y los regalos?
– Bueno, verás, en la antigüedad, en Roma, se realizaban fiestas a mitad de diciembre en honor a Saturno, al que los griegos llamaban Cronos, y al final de éstas los niños recibían obsequios de todos los mayores. Eso se fue haciendo una tradición en varias naciones de Europa, a la par de que varios siglos después que los apóstoles establecieran el fundamento de la fe en Jesucristo, a Roma se le ocurrió tapar la fiesta pagana del «Sol Invicto» que celebraban del 24 al 25 de diciembre a medianoche, con el supuesto nacimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
No sabes la vergüenza que me da con mi Rey y Señor Jesucristo, porque ni Él nació el 25 de diciembre a las 12 de la medianoche ni yo tengo nada que ver con lo que dicen de mí acerca de la Navidad, en esa misma noche. Lo que más pena me da, es a la gran cantidad de niños que engañan en torno a mí, cuando en realidad son su padres o familiares quienes les regalan; eso, si tienen dinero, porque a los niños pobres no les visita Santa Claus, y esa es otra gran mentira porque yo nunca he sido así, mi pasión son los pobres. Es duro ser el objeto de un gran engaño; una gran estafa, pues.

¿Sí? ¿Y acaso Jesús no nació el 25 de diciembre?
– ¡No, por favor! Si eres entendido de la Biblia podrás calcular desde el anuncio a Zacarías acerca del advenimiento del profeta Juan, al que llamaron «el Bautista», hasta el anuncio a María de la venida de nuestro Rey y Cristo: Jesús; nuestro Señor nació durante la Fiesta de los Tabernáculos ordenada por el Altísimo a Israel, la cual se celebraba entre finales de septiembre y octubre (la imprecisión obedece a que el calendario judío o lunar es diferente al nuestro que fue implantado por Roma); recuerda lo que dice el evangelio del apóstol Juan, que «aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…» (Jn. 1:14); o lo que es igual a que «aquel Verbo se hizo tabernáculo, y habitó entre nosotros».
Dios Hijo descendió y se vistió de humano, fue el Tabernáculo de Dios entre los hombres, como dice el profeta Isaías acerca de Él que es «Emanuel», que significa «Dios con nosotros». Nuestro Padre celestial es tan perfecto que hizo nacer a su Primogénito, el Tabernáculo de Dios, durante la Fiesta de los Tabernáculos. Si buscas en la Biblia sabrás de qué se trata esta significativa fiesta ordenada por Dios.
Entonces ni Jesús nació el 25 de diciembre ni yo existo y menos reparto juguetes por el mundo, pienso que seguir manteniendo esta farsa además de ser un grave pecado, está creando un clima desilusionante a millones de niños en el mundo que son víctimas del mercadeo decembrino donde mi imagen, muy irreal y distorsionada por cierto, está haciendo ricos a muchos mientras otros se dejan seducir por Mammon y el consumismo.

¿Mammon?
– Sí, Mammon, el dios o señor de la riqueza; pero de la riqueza falsa y mal habida, la riqueza opulente y carente de Dios.
Mira, si quieres saber más del mito que gira en torno a mi persona nada más basta que visites la página www.mikipedia.org y escribes <Santa Claus>, y verás todo lo que se dice de mí y cómo una mentira pagana fue tomando cuerpo hasta el límite de echar a Jesucristo del centro del universo como nuestro único Rey, Señor y Salvador sustituyéndole por un mito y fábulas en torno a este humilde servidor.
Ya ves por qué me da tanta vergüenza con nuestro Dios. Aunque Jesús no nació el 25 de diciembre, se supone que es Él quien debe ser honrado y adorado, pues fue su nacimiento el que dio cuerpo a la Navidad, la primera Navidad. Hoy me exaltan a mí y lo desaparecen a Él por el puro interés de una sociedad mezquina que prefiere el mito y la mentira de Santa Claus, a la verdad de Cristo; que por cierto, si no reciben en su corazón como único Señor y Salvador jamás podrán ser salvos.

Es decir, ¿una fiesta de cumpleaños sin el cumpleañero?
– No lo has podido decir mejor. Hoy como aquella primera Navidad no hay lugar para Jesús en ninguna posada; y después de su muerte y resurrección que nos trajo perdón y vida eterna, Él anda buscando corazones en donde nacer para que «su paz que sobrepasa todo entendimiento guarde nuestros corazones y pensamientos en Cristo Jesús», tal y como lo escribió el gran apóstol Pablo a la Iglesia de Filipos.

¿Cuál es su mensaje final a la humanidad?
– Por favor, se los suplico, dejen de idolatrarme, yo fui un sencillo hombre que amó y sirvió a la causa de Cristo hace muchos siglos atrás. Ya paren el engaño, amé mucho a los niños mientras vivía en la tierra y me duele que los engañen y les alejen de Jesús; debe ser Jesucristo el motivo de nuestro gozo y festejo, no yo. Paren ya toda la tradición y el mito en torno a mí porque me avergüenzan ante Dios cada año, mientras que los más vivos se hacen ricos en mi nombre, y hasta ni creen en Jesús, nuestro «Rey de reyes y Señor de señores». Ni la Navidad fue el 25 de diciembre ni yo salgo a repartir regalos ese día… ¡Basta ya de repetir una mentira durante siglos!

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