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Sabiduría de los dichos de Salomón No. 9: El fruto satisface

«Cada uno recoge el fruto de lo que dice y recibe el pago de lo que hace» (Proverbios 12:14).
Se cosecha de lo que se dice y de lo que se hace. Los actos tanto como las palabras generan consecuencias positivas o negativas. Las palabras sabias producen muchos beneficios («la lengua del sabio hace grato el conocimiento» – Proverbios 15:12), y el arduo trabajo trae recompensas. Por el contrario, las palabras sin entendimiento traen problemas («la boca del necio es su ruina, y sus labios una trampa para su alma» – Proverbios 18:7) y las acciones incorrectas traen consecuencias negativas. Así como las leyes físicas gobiernan el universo físico, los principios universales (ejemplo: justicia, verdad, integridad, laboriosidad, entre otros) gobiernan la existencia y el quehacer humanos. Si estas leyes son transgredidas se producen resultados negativos inevitables; si son cumplidas se producen resultados positivos. Los principios son verdades imperecederas, legitimadas en su efectividad por la propia historia del hombre. Un dicho popular dice: «quien siembra vientos, cosecha tempestades». Hay una relación directa entre los que sembramos y lo que cosechamos. No podemos esperar cosechar manzanas si sembramos mandarinas; se cosecha lo que se siembra. Cada semilla se reproduce a sí misma. Así por ejemplo, en la vida personal, si sembramos diligencia, trabajo esforzado y responsabilidad, cosecharemos buenos resultados profesionales y financieros; pero si somos negligentes y perezosos, cosecharemos pobres resultados. Igualmente si sembramos injusticias y malas actitudes, no esperemos agradecimiento y amistad de las personas. Cada persona deja un fruto que, positivo o negativo, constituye una recompensa a la forma como se desempeña. Y si bien no tenemos control sobre los resultados, pues no controlamos el entorno; tenemos la opción de elegir qué tipo de semilla sembrar. Esa es una decisión personal. En todo caso, como dice el proverbio chino, «la cosecha es una responsabilidad inevitable», por lo que debemos ser cuidadoso con lo que sembramos. Esa es la ley de la retribución: se cosecha la misma calidad de lo que se siembra. El tipo de semilla que sembramos determinará el tipo de cosecha que vamos a recoger. La pregunta es: ¿qué clase de semilla estamos sembrando?, porque la semilla determina el tipo resultado que recogemos. Así, por ejemplo, quien trabaja en forma diligente y eficiente cosecha efectividad y productividad, pero quien es negligente y perezoso, cosecha inefectividad y pobres resultados. «El alma del perezoso desea, y nada alcanza; mas el alma de los diligentes será prosperada» (Proverbios 13:4).Adicionalmente, tenemos que considerar que no sólo influye en los resultados, el tipo semilla que sembramos, sino influye también la forma cómo lo hacemos. Se necesita sembrar con entendimiento. Se debe seleccionar un buen suelo donde sembrar. Ningún granjero escogería sembrar su semilla en un surco sucio o en una carretera de asfalto, sino que él sembraría  en un lugar que le dé las mejores oportunidades de recoger una mayor cosecha. Hay quien siembra y siembra, pero a veces se olvida de cuidar y nutrir esas semillas. Hay quien siembra en un terreno no adecuado para esas semillas. La siembra que genera resultados positivos es aquella que se cuida para hacerla crecer. Esto implica planificación del trabajo, dominio de la tarea, constancia, disciplina y enfoque en el trabajo, porque los resultados no ocurren por azar. Por otra parte, la siembra es más un proceso que un acto o evento. Ningún granjero siembra las semillas y luego se retira olvidándose del campo. Por el contrario, él cuida el sembradío para que produzca una buena cosecha. Siembras espasmódicas llevan a cosechas espasmódicas. Se requiere, entonces, aprender a respetar el tiempo de siembra y cosecha. Necesitados desarrollar y adoptar una mentalidad de proceso. Un sembradío no se cosecha de la noche a la mañana. Requiere de un proceso que involucra mucho trabajo: arar  y preparar la tierra, elegir la semilla adecuada, sembrar, regar, fertilizar y cuidar, para finalmente cosechar el esperado fruto.

Enseñanzas para el liderazgo:

• Los líderes necesitan evaluar qué tipo de semillas están sembrando. Los líderes necesitan cuidar las palabras que dicen y las acciones que despliegan, entendiendo que todo lo que lo que se dice o se hace genera un tipo de consecuencia.

• Para cosechar hay que sembrar. «El agricultor que espera el clima perfecto nunca siembra; si contempla cada nube, nunca cosecha» (Eclesiastés 11:4. NTV).

• Decimos y hacemos de lo que hay en nuestra mente y corazón. Si queremos mejorar la calidad de la semilla que sembramos, debemos crecer en carácter. Hay un dicho bíblico que expresa: «De la abundancia del corazón habla la boca»

• Hay que ordeñar las vacas todos los días. Hay que hacer otras cosas en determinada estación del año, según los ciclos naturales. Más allá de las buenas intenciones, cuando se violan estas leyes luego se sufren las consecuencias lógicas. Estamos sometidos a leyes naturales y principios rectores, a las leyes de la granja y de la cosecha. S. Covey

• Hay dos áreas fundamentales donde cosechamos la semilla que sembramos con nuestras decisiones: resultados y carácter. Cada decisión es como una semilla que sembramos, y que luego cosecharemos en la forma de resultados (logros, metas alcanzadas) y carácter (integridad, entereza, plenitud, crecimiento).

Pensamiento: ¿Qué tipo de semilla ha elegido para sembrar?

Arnoldo Arana
Pastor, psicoterapeuta y escritor
arnoldoarana@hotmail.com

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