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Sabiduría de los dichos de Salomón No. 34: Las responsabilidades de las riquezas, Arnoldo Arana

El avaro concentra, retiene, y termina por convertirse en un gran egoísta; actúa con una mentalidad de escasez

«Lanza (echa) tu pan sobre el agua; después de algún tiempo volverás a encontrarlo. Comparte lo que tienes entre siete, y aun entre ocho, pues no sabes qué calamidad pueda venir sobre la tierra. Cuando las nubes están cargadas, derraman su lluvia sobre la tierra» (Eclesiastés 11:1-3. NVI).
Este proverbio tiene dos interpretaciones posibles: «una de ellas tiene que ver con el comercio marítimo (negocio del que el rey Salomón obtenía buena parte de su riqueza) y sería una exhortación a arriesgarse en esa actividad, ya que la recompensa es segura; la otra, con la generosidad en socorrer a los necesitados que a la larga traerá su recompensa» (Comentario Bíblico Mundo Hispano). En esta ocasión elijo quedarme con la interpretación que apunta a la generosidad.
La palabra echa es la palabra hebrea shalákj que significa: soltar, empujar, enviar, arrojar, extender, señalar, proyectil de ataque. El significado de esta palabra deja ver la importancia de la intencionalidad al lanzar el pan al agua; no es un simple arrojarlo al vacío. Todo en la vida tiene un propósito, aún nuestra semilla tiene que ser sembrada con un propósito. Cuando soltamos nuestro pan (en hebreo lékjem: alimentos, mantenimiento, sustento y provisión), éste se convierte en un proyectil de ataque dirigido a un objetivo específico, que alista el camino para el cumplimiento del propósito. El pan en nuestras manos, nos sostiene y alimenta, pero el pan echado en las aguas (a favor de otros) genera multiplicación.
Otro elemento importante al lanzar el pan al agua, es hacerlo con una actitud desinteresada, bajo la premisa de la contribución, y no como una actitud mercenaria y utilitaria que busca dar con el deseo de recibir o ser elogiado y alabado por su acción. Sin embargo, la ley de la cosecha conforme a lo que se siembra, nos asegura una retribución. Tal vez no suceda inmediatamente -después de algún tiempo (muchos días) volverás a encontrarlo-, pero algún día segaremos lo que hemos sembrado.
Cuando ayudamos a otros, esto a su vez se devuelve en beneficios y nuevas oportunidades para nosotros; tal como lo expresa el Proverbio de Salomón (19:17): «Si ayudas al pobre, le prestas al Señor, ¡y él te lo pagará!». Existe una relación de reciprocidad que nos permite cosechar en proporción directa a las semillas que hemos sembrado a favor de otros. Sembrar semillas de bendición para otras personas, se traduce en semillas que sembramos a favor de nuestro futuro. Si sembramos avaricia, mezquindad, tacañería y egoísmo, no esperemos cosechar altruismo y liberalidad de la gente. Por el contrario, si sembramos con sentido filantrópico, con generosidad, podemos aspirar a cosechar la gratitud y la generosidad de las personas. Esa es la ley de la retribución. Se cosecha la misma calidad de lo que se siembra. El tipo de semilla que sembramos determinará el tipo de cosecha que vamos a recoger.
Lanza tu pan sobre el agua es un llamado, pues, a sembrar semillas que beneficien a otras personas. Las riquezas pueden ser un medio para servir de canal de beneficio para otras personas, si cultivamos una actitud liberal y dadora, que se traduzca en acciones a favor de otros.
Pero hay que tener para dar. Antes de distribuir hay que generar la riqueza. «Cuando las nubes están cargadas, derraman su lluvia sobre la tierra». Todo esto toca el asunto de la generación de la riqueza. Entonces, bien puede aplicar la otra interpretación, que trata sobre cómo invertir los recursos para generar un negocio prospero. Alineados con la primera interpretación, es importante no sólo cómo se genera la riqueza, sino también cómo se gestiona y utiliza ésta.

¿CUÁL ES MI MOTIVACIÓN PARA GENERAR RIQUEZAS?

¿Atesorar, acumular; o servir de canal para la contribución a otras personas? ¿Generar desarrollos que beneficien las vidas de otras personas, o llenarme de posesiones y bienes materiales? La motivación para crear riquezas determina en buena medida la forma cómo la utilizamos y nos relacionamos con ella. ¿Es la riqueza un fin en sí misma, o un medio para…? ¿Somos esclavos de las riquezas, o las usamos constructivamente sin que ellas nos gobiernen? La motivación también determina la actitud que desarrollamos cuando nos movilizamos en procura de ella: avaricia vs contribución, codicia y ambición desmedida vs generosidad.

CREANDO VALOR A TRAVÉS DE LAS RIQUEZAS

Es muy difícil desarrollar empresas en medio de una sociedad débil, ignorante y empobrecida. Hay que empezar por comprender que un negocio requiere de una comunidad exitosa y prospera, no simplemente para generar el mercado y la demanda para sus productos y servicios, sino para generar los recursos vitales para su desarrollo y sostenibilidad. La única responsabilidad de una empresa no puede ser solamente para con sus accionistas, e instancias legales. Ni tampoco su contribución puede limitarse a su papel filantrópico a través de sus «programas responsabilidad social empresarial», como un medio para posicionar su reputación. Las empresas y negocios requieren una visión en la que creen valor social a través del valor económico que generan. Hace falta una nueva definición de éxito económico que vincule a la sociedad donde operan las empresas. Se necesita una perspectiva más integradora de la sociedad y de más largo plazo.
De allí la necesidad de ver la creación de valor y la prosperidad no sólo puertas adentro de las empresas, sino también concebir a las empresas como partes de un gran ecosistema económico, ambiental, político y social. Las raíces que le dan sustentabilidad a cualquier negocio corresponden a una sociedad fuerte. En este sentido las empresas y negocios tienen la responsabilidad de constituir cadenas de valor que beneficien a la sociedad en general: productores, fabricantes, empleados, clientes, proveedores, entes públicos, consumidor, entre otros.
Todo este proceso conlleva una dinámica diferente, que contemple: desarrollo de productos o servicios que satisfaga una necesidad social, a la vez que sean amigables con el ambiente, generar productos y servicios que agreguen valor a los consumidores, generar infraestructuras que contribuyen al desarrollo de la sociedad en la misma medida que son de provecho al negocio, desarrollar proveedores locales, mejorar el nivel educativo y la capacitación en las comunidades donde desarrollan su actividad económica, desempeñarse con sentido ético en la forma como se utilizan los recursos de un sociedad.
Construir un negocio exitoso genera riqueza. La creación de riqueza genera responsabilidades. Sin responsabilidad social empresarial, y sin sensibilidad hacia las necesidades de otros, la riqueza puede degenerar en avaricia, codicia, utilitarismo, mezquindad y ambición desmedida. La avaricia es el afán o deseo desordenado y excesivo de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas. La avaricia nuca se sacia. «El que ama el dinero, no se saciará de dinero» (Eclesiastés 5:10a). El avaro concentra, retiene, y termina por convertirse en un gran egoísta; actúa con una mentalidad de escasez.
La generosidad, por el contrario, se expresa en dar a otros. El generoso se mueve con una orientación a la contribución. El generoso actúa con mentalidad de abundancia. El generoso actúa con la creencia de que la creación de riqueza es sustentable cuando se benefician otras personas: clientes, empleados, público en general, entre otros.

PONIENDO LA RIQUEZA AL SERVICIO DE LA CONTRIBUCIÓN COLECTIVA

Las riquezas pueden ser un instrumento para el envilecimiento y la vanidad personal; o para el engrandecimiento de la persona, si son compartidas con otras personas. Las riquezas entrañan grandes peligros o grandes oportunidades, según se le maneje. También conlleva dilemas existenciales que resolver: elegir entre la avaricia o la contribución; adoptar el egoísmo o la responsabilidad; vivir con moderación o suntuosidad; ceder ante la codicia o desarrollar una actitud altruista y filantrópica.
«Distribuir la riqueza personal no es una elección. La riqueza debe darse; queda sólo una decisión por tomar. ¿Será mientras vivamos o se distribuirá después de nuestra muerte? Antes de morir, quien dona, determina el monto y el beneficiario y puede observar como su riqueza hace diferente la vida de los que la reciben. Luego de morir, en muchos casos, gran parte de la riqueza va al gobierno federal, y el fallecido se pierde la alegría de dar» (Jay Van Andel).

Enseñanzas para el liderazgo:
Las riquezas imponen una responsabilidad ética, moral y social para aquellos que la generan.
Se cosecha conforme al tipo de semilla que se sembró. La ley de la cosecha conforme a lo que se siembra, nos asegura una retribución.
Las empresas y negocios necesitan aprovechar las necesidades sociales para crear progreso social, en la medida que generan sus ganancias.
Las empresas y negocios requieren una visión en la que creen valor social a través del valor económico que generan.
«No son suficientes la responsabilidad clásica de los empresarios ni la filantropía para responder con efectividad a las necesidades sociales. No basta con donar dinero o cumplir ciertos estándares sociales y ambientales. Hay que redefinir el propósito de las empresas. No solo porque es lo correcto y lo moral, sino porque de eso depende el progreso, la sostenibilidad e, inclusive, la existencia de cada empresa a largo plazo». -Michael Porter.
«Las empresas que tengan como estrategia la creación de valor compartido son las que van a tener éxito en los próximos 20 años. El valor compartido es la oportunidad de crecimiento y de innovación más grande de la economía global, y el siguiente capítulo en la mentalidad de los gerentes». Michael Porter.

Pensamiento: «Más bienaventurado es dar que recibir» (Hechos 20:35).

Arnoldo Arana
Pastor, psicoterapeuta y escritor
arnoldoarana@hotmail.com

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