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Sabiduría de los dichos de Salomón No. 27: Todo tiene su tiempo: hay un momento oportuno para cada cosa, Arnoldo Arana

«Todo tiene su tiempo (momento oportuno), y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz. ¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana?» (Eclesiastés 3:1-9).
La vida del hombre está compuesta de variadas y heterogéneas situaciones; y en muchos casos opuestas: alegría – tristeza, trabajo – descanso, triunfos – fracasos, nacer – morir, hablar – callar, entre otros. La vida nos toca con sus extremos. Y en ambos extremos necesitamos aprender a vivir. En ocasiones los extremos representan el inicio y el fin de un ciclo interminable que se repite continuamente, tal como lo expresa el mismo Salomón en Eclesiastés 1:4-7 (NVI): «Generación va, generación viene, mas la tierra siempre es la misma. Sale el sol, se pone el sol, y afanoso vuelve a su punto de origen para de allí volver a salir. Dirigiéndose al sur, o girando hacia el norte, sin cesar va girando el viento para de nuevo volver a girar. Todos los ríos van a dar al mar, pero el mar jamás se sacia. A su punto de origen vuelven los ríos, para de allí volver a fluir». En este ciclo continuo para todo hay su tiempo. Así nos alegramos cuando nace un hijo, que luego es llorado cuando muere. Hay un tiempo en que sembramos trabajando esforzadamente (arar, abonar, regar), hasta el tiempo en que se cosecha, y ahí el agricultor obtiene el fruto de su labor; para luego iniciar el proceso, y así una y otra vez. Si bien reconocemos que el proceso no se repite de la misma forma, porque la realidad es cambiante. Vivimos en un mundo siempre cambiante. Los sucesos de cada día, así como las condiciones de la vida humana, difieren grandemente, y estamos constantemente pasando y volviendo a pasar de un estado a otro. Esa es la dinámica de la vida. De allí la necesidad de aprender a vivir y a gestionar el cambio.
La vida necesita, entonces, ser aceptada cómo es, cómo se presenta, pues no se tiene control sobre todo lo que acontece en nuestra vida. Y es precisamente esa variedad de experiencias lo que le infunde a la vida su riqueza. Cómo, pues, apreciar el descanso sin haber experimentado la fatiga del trabajo; cómo reconocer el momento de triunfo, sin haber experimentado algún obstáculo y fracaso; como valorar la salud, si nunca se ha estado enfermo. Si entendemos que así es la vida, tendremos la sabiduría y la fuerza para vivir cada situación que de turno nos toque experimentar, obteniendo así provecho de cada circunstancia. Entonces, cada experiencia humana cobra sentido.

TENEMOS LIBERTAD PARA ELEGIR NUESTRA ACTITUD CON QUE ENFRENTAMOS LA VIDA

Muchas veces no tenemos elección sobre los que nos toca vivir, pues no tenemos control total sobre nuestro destino, si bien cosechamos lo que sembramos; pero siempre tenemos la opción de elegir desde la conciencia y la responsabilidad; de inventar nuestras propias soluciones. Somos libres para vivir y asumir con una determinada actitud cada circunstancia que la vida nos presenta. Aun ante las adversidades somos libres de elegir: somos libres de rendirnos ante las adversidades, o de esforzarnos para superarlas, y aun no superándolas, somos libres de elegir como reaccionar ante ellas. Por lo menos tenemos la opción de elegir interiormente de qué manera nos afectará lo que nos sucede.
Dice Víctor Frankl: «El devenir de una persona no depende ni de la predisposición ni del entorno, ni de lo que la herencia le haya deparado, ni de lo que su educación le haya tocado en suerte, sino que al fin y al cabo, todo se deja al criterio de su propia decisión y dentro de los límites que las condiciones y las circunstancias le permitan, esta decisión será una decisión libre. Es decir, el hombre no está libre de circunstancias biológicas, psicológicas y sociológicas, pero siempre es y será libre para adoptar una postura frente a todas estas condiciones y circunstancias, ya sea resignándose a ellas o ya sea superándolas haciendo uso del poder de obstinación de la mente».

NECESITAMOS CRECER EN FLEXIBILIDAD

En la vida, cada cosa tiene su tiempo: oportunidad, ocasión. Hay un tiempo propicio para todo. Ningún momento es absoluto. En Eclesiastés 9:11 (NVI), el rey Salomón dice: «Me fijé que en esta vida la carrera no la ganan los más veloces, ni ganan la batalla los más valientes; que tampoco los sabios tienen qué comer, ni los inteligentes abundan en dinero, ni los instruidos gozan de simpatía, sino que a todos les llegan buenos y malos tiempos». Puede que alguna de las cosas que nos acontezca nos desagrade, pero en vez de renegar y rehusar vivirlas (lo cual no es opcional), recordemos que es el tiempo para que eso nos ocurra, en lugar de pensar que no debiera pasarnos, que eso está bien para otras personas, pero no para nosotros. Si reconocemos que toda circunstancia y experiencia está dentro del menú de opciones que la vida tiene, entonces, podemos sacar un aprendizaje de cada situación que nos toque vivir.
Se requiere, por consiguiente, de flexibilidad para desenvolverse con efectividad en cada momento, en cada circunstancia. Así, por ejemplo, se requiere la tristeza para tomar contacto con el valor de lo perdido y experimentar un necesario proceso de duelo; pero también se requiere experimentar la alegría en momentos donde nuestras necesidades son satisfechas. Así mismo, se requiere la fuerza y firmeza para hacer frente a un ataque o defender una postura que consideramos no negociable; pero también se requiere de la fragilidad y suavidad para cargar y atender un niño de meses de nacido.
No podemos prescindir de ninguno de los dos extremos con que la vida nos confronta. De hacerlo, estaríamos negando la mitad de nuestros recursos y posibilidades. En este caso estaríamos excluyendo una gama importantes de elecciones y comportamientos potenciales existentes en nuestra condición y potencialidad como seres humanos, lo que hace que perdamos flexibilidad y adaptabilidad, pues al tener un comportamiento o emoción alienado, sólo contamos con las opciones que nos provee el polo identificado y aceptado, pero tenemos vedadas las posibilidades que potencialmente posee el polo rechazado –alienado.  Esta situación nos coloca en una posición de vulnerabilidad y desventaja en nuestra interrelación con el medio ambiente.  Así por ejemplo, puede ser muy conveniente disponer de la fuerza y firmeza para poner límites a un ofensor; pero puede ser muy inconveniente, usar esa misma fuerza y firmeza para tratar con un niño recién nacido.
Ahora, aprender a ser flexibles implica percibir el tiempo más como una oportunidad que en forma cronológica, para salirnos de la rigidez que significa ser gobernado por el reloj. Esto comporta un paradigma diferente al de nuestra cultura occidental que mide el tiempo en forma lineal e inelástica por el calendario; pero en la época del rey Salomón, importaba más lo que acontecía y su significado que la duración de las cosas. Esta visión occidental del reloj es uno de los obstáculos para entender la información cronológica que se posee. En el pensamiento hebreo era más importante lo que ocurría en el tiempo, que el transcurrir del tiempo como tal.

LAS COSAS REQUIEREN MADURACIÓN

Vivir bajo la premisa que «todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora», implica también que las cosas requieren un tiempo para adquirir madurez. Esto demanda entender que la vida funciona por procesos. Este paradigma es opuesto a la mentalidad de micro ondas y de recetas instantáneas de esta época en que vivimos.
No se puede apurar el tiempo, como no se puede empujar un río. Hay un tiempo apropiado y oportuno para ciertas cosas, que demanda la madurez de la situación. Tampoco podemos acelerar los procesos obviando las leyes naturales. No podemos cultivar antes de sembrar. En ocasiones necesitamos dar tiempo al tiempo, vale decir, dar lugar a que las situaciones maduren, permitiendo que transcurran de un modo natural. Necesitamos curarnos de la inmediatez que busca resultados a corto plazo.
Si bien es cierto que el tiempo es un bien no renovable, limitado e inelástico, que requiere ser gestionado con diligencia y responsabilidad, debemos evitar caer en la esclavitud el tiempo.

Enseñanzas para el liderazgo:
«El desafío no consiste en administrar el tiempo, sino en administrarnos a nosotros» -S. Covey.
«El problema es la falta de dirección, no la falta de tiempo: todos contamos con días de 24 horas» -Zig Ziglar.
Para aprovechar el tiempo – tiempo de oportunidad – necesitamos cultivar la paciencia, para esperar el tiempo apropiado – la circunstancia madura – en la que nos conviene actuar.
La vida nunca es fácil. «La vida es difícil», dice M. Scott Peck. A veces puede parecer injusta, con altibajos. Sin embargo, la vida cobra sentido en el proceso de afrontar y resolver los problemas y dilemas que ella nos presenta. Los problemas y altibajos son una oportunidad para el crecimiento.
No siempre podemos elegir lo que nos toca vivir; pero siempre podemos elegir con que actitud vivir cada situación.
La vida es un proceso. Necesitamos, entonces, desarrollar una mentalidad de proceso, si queremos alinearnos con la vida, para ver las cosas en su contexto, desde una más perspectiva amplia, donde todas las cosas estas interconectadas en la gran trama de la vida.

Pensamiento: No necesariamente las cosas más importantes requieren de la mayor parte del tiempo, pero sí el mejor tiempo; tiempo que a veces gastamos en las cosas urgentes.

Arnoldo Arana
Pastor, psicoterapeuta y escritor
arnoldoarana@hotmail.com

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