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Sabiduría de los dichos de Salomón No. 26: Afilar el hacha, Arnoldo Arana

«Si se embotare el hierro, y su filo no fuere amolado, hay que añadir entonces más fuerza; pero la sabiduría es provechosa para dirigir» (Eclesiastés 10:10)

La versión PDT traduce Eclesiastés 10:10 de la siguiente manera: «Pero la sabiduría hace más fáciles los trabajos. Es muy difícil cortar con un hacha sin filo, pero si se le saca filo, el trabajo es más fácil.  Las cosas se hacen bien si se hacen con sabiduría». La efectividad que logremos al usar nuestras herramientas depende de que tan preparadas – mantenidas estén. ¿Cómo están nuestras habilidades, conocimientos, energías? ¿Embotadas o afiladas?
Embotar en este contexto significa engrosar -perder- el filo del hacha, lo que le quita efectividad en su capacidad de cortar. En este caso aplicar más fuerza no compensará la falta de filo del hacha. La manera de recuperar la eficacia del corte del hacha es amolarla –devolverle el filo. Una herramienta mal preparada no rinde los frutos más óptimos, y hace que el que la usa tenga que añadir más esfuerzo. Lo sabio es preparar adecuadamente la herramienta de trabajo que se usa. Aplicada esta metáfora a las personas, nos plantea la necesidad de la renovación personal para recuperar la perspectiva, el enfoque, la eficiencia y la eficacia en el desempeño de un rol.
¿Cómo escapar de la rutina? A veces nos atrapa la rutina; estamos tan ocupados trabajando, yo diría trabajando en automático, por inercia, que no nos percatamos si estamos siendo efectivos en lo que estamos realizando. Hace falta, entonces, parar, alejarse para tomar perspectiva, recapitular, analizar, descansar y retomar la visión inicial. Este proceso no siempre es fácil ni obvio. Nuestras rutinas y agendas tienen el poder de atraparnos y de darnos una falsa seguridad en el hecho de mantenernos ocupados; pero estar ocupados no es sinónimo de ser productivos. Pensamos que es una pérdida de tiempo detenernos para evaluar lo que está pasando o cómo estamos trabajando. Lo cierto es que trabajar afanosamente no garantiza que terminaremos más rápido el trabajo; trabajar inteligentemente si lo hará.

AFILAR EL HACHA PARA MEJORAR EL DESEMPEÑO

A veces la falta de productividad puede atribuirse a nuestro fracaso al «afilar nuestra hacha». Eso me hace recordar un relato que leí en el libro los Siete Hábitos de la Gente Altamente Efectiva, escrito por S. Covey:
En cierta ocasión un leñador trabajaba afanosamente cortando un gran árbol. Las horas transcurrían, pero el leñador no progresaba mucho en su meta. Un fotógrafo de la naturaleza lo observaba:
 – ¿Qué está haciendo? – le pregunta el fotógrafo.
 – Trabajando – responde en forma malhumorada el leñador.
 – ¿Hace cuántas horas que trabaja? 
 – Muchas horas.
 – Veo que no ha avanzado mucho ¿Por qué no se toma unos minutos para afilar el hacha? – inquiere el fotógrafo.
 – Estoy muy ocupado. Tengo prisa por acabar el trabajo – dice el leñador entre dientes.
Podríamos comparar al obstinado leñador con el hierro embotado. El hierro embotado describe el comportamiento del necio del que habla Salomón en otros proverbios. La diferencia entre el accionar del necio y el sabio, se observa en los resultados. Utilizar un hacha embotada requiere más esfuerzo físico y tiempo para cortar el mismo número de árboles que utilizar un hacha bien afilada. El sabio usa más adecuadamente las herramientas de que dispone, por eso se toma el tiempo suficiente para amolar adecuadamente el hacha antes de comenzar a trabajar. «…pero la sabiduría es provechosa para dirigir». Muchas veces nosotros nos comportamos neciamente, como el hierro embotado. Trabajamos hasta el estado de agotamiento, o en forma rutinaria (automática); sin reflexionar acerca de nuestro desempeño. En tal estado perdemos la pasión por el trabajo, la capacidad de atención y enfoque, el deseo de crecer, la perspectiva de lo que está ocurriendo en el entorno. En ese momento dejamos de ser eficientes y eficaces en lo que estamos haciendo.
Conviene, entonces, hacer una pausa para afilar el hacha; eso no es una pérdida de tiempo. Más rápido, a veces, puede terminar siendo más lento. Apartar tiempo para capacitarse, o reflexionar sobre nuestro desempeño, o renovar las fuerzas, o dedicar un esfuerzo a fin de desarrollar una habilidad o adquirir alguna destreza, o recuperar la perspectiva y avivar la visión, por ejemplo, puede rendir grandes beneficios.
«Si va a cortar leña afile primero el hacha». En nuestro quehacer diario, necesitamos tomar el tiempo necesario para obtener el conocimiento, o desarrollar las habilidades y destrezas que necesitamos para completar el trabajo de manera más eficiente y eficaz. El hacha amellada puede ser síntoma de que en alguna de las áreas de nuestra vida: física, mental, social-emocional y espiritual, necesita afilarse – renovar algunos paradigmas, que se hagan algunos ajustes en la forma de trabajar, recargar las baterías, reevaluar la visión, etc. Recordemos: aplicar más fuerza a un hacha embotada no compensará el beneficio de estar afilada.

IMPORTANCIA DEL DESCANSO PARA LA PRODUCTIVIDAD

Muchas personas pretender trabajar duramente para al final de su vida retirarse para disfrutar del fruto de su trabajo en su jubilación; pero no es aconsejable esperar la jubilación para descansar, quizás sea muy tarde. El descanso es un factor importante en cada etapa de avance de nuestras metas.
La cultura actual de máxima productividad, restringe y aun condena nuestra disposición a pasar tiempo de descanso, ocio o recreación. Hay quienes se sienten culpables y autocensurados por aspirar un tiempo libre o de esparcimiento. Esto ocurre porque asociamos el ocio con la frivolidad, la vagancia o la improductividad. Pero la recreación no es lujo; es una necesidad. Ayuda a recuperarnos de la presión del trabajo. La recreación nos libera del afán y el estrés de nuestras rutinas. También puede ser un tiempo valioso para la creatividad. Nuestra capacidad para recrearnos y disfrutar del fruto de nuestro trabajo, es una parte esencial de la vida. El rey Salomón dijo: «No hay cosa mejor para el hombre que alegrarse en su trabajo; porque esta es su parte…» (Eclesiastés 3:22).
Trabajar sin parar no hará que obtengamos mejores resultados. Es mejor detenerse por un tiempo y reflexionar en un mejor método para lograr nuestros objetivos en la vida; sobre todo cuando percibimos que no avanzamos. Hacer esto, nos evita el desgaste innecesario, el retrabajo y el esfuerzo adicional no productivo.
La productividad no se riñe, pues, con el descanso; incluso, descansar es necesario para mantener la productividad. Todo sistema necesita recargar y reponer la energía consumida. Ignorar esta ley puede traer resultados pobres, e inclusive consecuencias negativas. Los estudios apuntan a que cuando eludimos el descanso y nos sobrecargamos, la capacidad de enfoque disminuye, al igual que la agudeza mental, lo que sofoca nuestra creatividad y efectividad personal. De modo que darnos el tiempo para la renovación es importante en la efectividad de nuestro desempeño.
Esta renovación necesita hacerse con balance, vale decir, darnos un tiempo para nuestra renovación, física, mental, espiritual, social -emocional.

LA DIMENSIÓN FÍSICA: CUIDAR NUESTRO CUERPO

La dimensión física abarca el cuidado y la salud del cuerpo, lo cual supone realizar ejercicio físico con regularidad, mantener un régimen alimenticio saludable, descanso y recreación, entre otros elementos. A medida que se aumenta la capacidad del cuerpo para hacer cosas más exigentes, las actividades normales van resultando más fáciles y placenteras.
Si nuestras metas en la vida no incluyen la buena salud y el bienestar físico, probablemente fallaremos en las otras áreas. ¿Puede haber entusiasmo en el corazón de una persona agobiada por penosas enfermedades? La falta de salud limita la alegría por la vida y el desarrollo de nuestro potencial. El incentivo para cuidar la salud y el buen funcionamiento de nuestro cuerpo, está relacionado con coadyuvar al normal desenvolvimiento de nuestra mente. Mente sana en cuerpo sano. Un cuerpo enfermo, fatigado y agobiado por dolencias, reduce la plena expresión de nuestras vidas (talentos, conocimientos, habilidades). Cuando no hay salud no hay normalidad en nuestras vidas.

LA DIMENSIÓN ESPIRITUAL: EXAMINAR NUESTROS MOTIVOS

La renovación de la dimensión espiritual proporciona liderazgo a nuestra propia vida. Es el compromiso con nuestro sistema de valores para llegar a tener una comprensión profunda de nuestro ser.
Es el contacto con nuestra espiritualidad lo que nos mantiene vitales y rejuvenecidos. Nuestra espiritualidad nos conecta con nuestro propósito en la vida, lo cual nos brinda una brújula en nuestro andar por la vida.

LA DIMENSIÓN MENTAL: CUIDAR NUESTROS PENSAMIENTOS

Abarca el desarrollo de las capacidades mentales, la disciplina y los hábitos de estudio, el cultivo de la lectura y la escritura, el correcto uso de la expresión oral, la capacidad de reflexión, la maduración de la capacidad analítica, el desarrollo de la imaginación y la creatividad.
Para lograr estos fines tenemos necesidad de recurrir a la educación formal, así con al esfuerzo propio en la lectura de buenos libros, la participación en seminarios y cursos, la asociación con personas de mayor nivel al nuestro, etcétera.
El desarrollo mental constituye un aspecto vital en el ser del hombre. Somos lo que creemos y sabemos. «Porque cual es su pensamiento su en corazón (mente), tal es él (ese hombre)» (Proverbios 23:7), dijo el sabio Salomón. Nuestros pensamientos determinan lo que sentimos y hacemos.
Nuestra mente es la puerta a la sabiduría y al conocimiento; es la puerta a los poderes creativos del hombre. Pero la sabiduría y el conocimiento requieren aprender a pensar, analizar y reflexionar sobre nuestras experiencias vividas y sobre lo que leemos. Muchas personas son poco reflexivas, no han disciplinado su mente a analizar y ver en perspectiva y retrospectiva los sucesos y circunstancias en su vida, a pedir opiniones y comparar diferentes puntos de vidas, a leer en forma activa y sistemática.

LA DIMENSIÓN SOCIAL Y EMOCIONAL: CUIDAR NUESTRA VIDA INTERIOR Y NUESTRAS RELACIONES

Las dimensiones social y emocional están ligadas entre sí porque nuestra vida emocional se desarrolla principalmente a partir de nuestras relaciones con los otros, y en ellas se manifiesta. Necesitamos prestarle atención, entonces, a nuestro mundo interior y a nuestras relaciones.
No importa en qué corriente terapéutica nos ubiquemos, en cualquier caso todos estos modelos hablan de la necesidad de comprender nuestras emociones, de aceptarlas y aprender a manejarlas, modularlas, vale decir, ponerlas a nuestro servicio, a fin de ser más plenos y efectivos, en lo intrapersonal y en lo interpersonal.

Enseñanzas para el liderazgo:

El trabajo, el esfuerzo y la tenacidad, aun siendo importantes para el éxito, requieren alternarse con el descaso y la renovación.
El día a día y la rutina nos dificultan con frecuencia, emprender acciones que mejoren nuestro trabajo a mediano y largo plazo.
Los líderes necesitan enfocarse no sólo en los fines, sino también en los medios, herramientas y recursos para alcanzar esos fines.
Las «herramientas» que utilicemos, sean las que sean, han de ser las idóneas para nuestro trabajo y estar siempre en perfecto estado (afiladas).
Una vida sanamente equilibrada incluye: la perspectiva (espiritual), la autonomía (mental), la conexión (social) y el tono (físico). Herb Shepherd
El descanso y la renovación no debe ser un objetivo al que se llega por fuerza mayor (enfermedad, agotamiento, pobres resultados), sino por una estrategia intencional y adecuadamente planificada y ejecutada.
Nosotros somos los instrumentos de nuestra propia ejecución, y para ser efectivos debemos reconocer la importancia de dedicar tiempo regularmente a afilar la sierra. S. Covey
El proceso de autorrenovación debe incluir la renovación equilibrada de las cuatro dimensiones de nuestra naturaleza: la física, la espiritual, la mental y la social-emocional. Un desbalance en algunas de las dimensiones afecta negativamente la totalidad.
Aplicar más fuerza a un hacha embotada no compensará el beneficio de estar afilada.

Pensamiento:

¿Tomas una pausa, de vez en cuando, para «afilar tu hacha», vale decir, renovar tus propias capacidades, habilidades, perspectivas y conocimientos necesarios para atender adecuadamente tus deberes y tus responsabilidades?

Arnoldo Arana
Pastor, psicoterapeuta y escritor
arnoldoarana@hotmail.com

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