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Sabiduría de los dichos de Salomón No. 25: Cultivando un corazón sano

«Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida» (Proverbios 4:23).
La versión LBLA traduce: «Con toda diligencia guarda tu corazón, porque de él brotan los manantiales de la vida»; expresando la importancia de darle prioridad al corazón, guardándolo y cuidándolo con diligencia (ponle un centinela, protégelo): responsabilidad, esmero y cuidado. La razón de tener un enfoque orientado a cultivar un corazón sano, es porque del corazón mana la vida. Esto es, los resultados, el fruto que damos en nuestras vidas. El corazón y lo que hay dentro de él determinan los frutos que saldrán de él. Los tesoros del corazón no tienen precio: el corazón contiene un extraordinario potencial; pero ese potencial puede ser anulado e intoxicado.
Lo interno es causa de lo externo. Como dicen Stephen K. Mawell y otros autores: «Todas las formas externas o estructuras provienen de algún poder interno». Jesús habló con mucha sabiduría de este principio. «Ni el buen árbol da malos frutos, ni el árbol malo da buenos frutos. Uno conoce al árbol por el fruto que produce. Los espinos no dan higos ni las zarzas dan uvas. El hombre que es bueno hace el bien porque tiene un buen corazón. Pero el que es malo hace el mal porque le brota de adentro, porque de la abundancia del corazón habla la boca».
El corazón es el lugar donde se origina el verdadero éxito. El lugar más estratégico del hombre es, entonces, su corazón. El corazón refleja la verdadera realidad del hombre. Más allá de las apariencias, el verdadero hombre se oculta en su corazón. Se puede tratar de demostrar una imagen o vender una apariencia, pero el corazón no puede falsificarse. Esa es la apreciación del rey Salomón: «Como en el agua el rostro corresponde al rostro, así el corazón del hombre al del hombre» (Proverbios 27:19).
El corazón es el centro de comando de la vida del hombre. Y todo lo que ocurre externamente -comportamientos, hábitos, palabras y expresión emocional- obedece a los dictámenes del corazón. El poder de la vida del hombre reside, pues, en su interior: en su corazón. No en balde el rey Salomón nos exhorta a guardar nuestro corazón. «Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida» (Proverbios 4:23).
En este contexto la palabra corazón no se refiere al músculo que bombea la sangre a través del cuerpo humano. Se refiere más bien al alma (la personalidad) del hombre. En el pensamiento hebreo corazón y alma son, generalmente, la misma cosa. El corazón es el centro de la voluntad del ser humano, el lugar donde se toman las decisiones, es la sede del intelecto y de las emociones. El corazón o el alma representa el yo mismo del hombre, su identidad, su propia vida, la conciencia de sí mismo.
Ahora el corazón no debe ser visto como la simple sumatoria de: intelecto + emociones + voluntad. Estas tres dimensiones no son funciones separadas. En el lenguaje de Salomón estas tres funciones están unidas y entrelazadas en el corazón. El corazón funcionando como un todo -integralmente, en integridad (completud), en congruencia de pensar, sentir y hacer- es el órgano que nos permite funcionar cabal y plenamente como personas. Entender y funcionar en el mundo con todo el corazón implica, pues, activar estas tres dimensiones en forma sinérgica. Es en nuestro corazón donde pensamientos, emociones y voluntad se unen en una identidad, una conciencia y un estilo de vida.
Ahora, necesitamos enfocarnos en edificar un corazón sano, lo que conlleva un proceso que dura toda la vida, dando prioridad a lo interno sobre lo externo –de adentro hacia afuera. Edificar la vida interior requiere fijar el foco de atención en nuestras raíces y nuestra espiritualidad: en nuestro sistema de valores, creencias, hábitos y gestión emocional. El Dr. Ron Jenson lo expresa en forma elocuente: «Nos urge efectuar un retorno a las raíces espirituales y a centrarnos en el carácter. Estas son las verdaderas bases para el auténtico poder personal. Lo que cuenta es quién es usted en lo más íntimo de su ser, en lo más profundo de su fe, en su fortaleza espiritual. Esa es la verdadera fuente de su auténtico poder y éxito personal».

NUESTROS PENSAMIENTOS DETERMINAN EL ESTADO DE NUESTRO CORAZÓN

Por otra parte, el corazón en el pensamiento hebreo a menudo es sinónimo de la mente. Y en la mente es donde se incuban los pensamientos, las razones, las imaginaciones y los deseos que dan lugar a las acciones. En buena medida somos los que son nuestros pensamientos. Cuando estamos determinados a mantener nuestro corazón sano, cuidamos los pensamientos que traemos a él, para no contaminarlo. Un corazón sano se expresa en un comportamiento recto.
Nuestras actitudes, comportamientos y emociones están altamente influenciados por nuestra forma de pensar. Somos lo que pensamos. Acertadamente dice el autor de Proverbios: «Porque cual es su pensamiento en su corazón (mente), tal es él (ese hombre)». Eso es así porque nos comportamos en congruencia con la forma en que pensamos. Detrás de los comportamientos y actitudes está una creencia o paradigma. Los pensamientos también influencian cómo nos sentimos. De modo que, si se quiere cambiar la conducta o la forma de sentir, se necesita cambiar la forma de pensar.

EL ESTADO DEL CORAZÓN DETERMINA EL CARÁCTER DE LA PERSONA

Lo que hay en el corazón: emociones, pensamientos y voluntad, determina el carácter de la persona. Allí es donde se forma el carácter. Y el carácter es el centro del desarrollo del ser humano. El carácter determina la integridad, la entereza, la fuerza y la competencia de una persona.
Luego, el carácter es el factor esencial para la gestión líder. El carácter es el área a través de la cual los líderes generan el mayor impacto en las personas. No son el carisma, ni la inteligencia, ni el conocimiento, ni el talento y las habilidades las áreas con las que los líderes producen el mayor impacto. Por el contrario, el carácter, determinado por el estado del corazón, es lo que facilita que su inteligencia, talentos, habilidades y destrezas, energía y esfuerzo obren para generar influencia e impacto en su gestión.

UN CORAZÓN SANO ES UN CORAZÓN QUE ANDA EN RECTITUD E INTEGRIDAD

La evidencia de un corazón sano se expresa en los comportamientos. Un comportamiento recto e íntegro -que camina en verdad y justicia- es la prueba de que hay sanidad en el corazón. Ahora, un comportamiento recto e íntegro es consecuencia cultivar la salud del corazón, con los pensamientos con que lo alimentamos, con las motivaciones que albergamos y las actitudes que adoptamos, que son a la postre los factores que determinan los comportamientos.
Necesitamos aprender, entonces, a guardar el corazón: en los momentos que tenemos conflictos con otros o nos ofenden, para evitar guardar resentimiento u odio; en los momentos en que experimentamos prosperidad en nuestra vida, para no caer en la avaricia, el orgullo y la arrogancia; en los momentos de escasez, para no desviarnos en nuestra integridad; en los momentos de enfermedad, para no amargarnos, ni desesperanzarnos, ni perder la perspectiva; en los momentos de rendir cuentas, para ser justos, responsables y congruentes; en los momentos en que hacemos negocios, para no ceder a prácticas deshonestas, al soborno o al fraude; y en toda circunstancia.
Dice Salomón en Eclesiastés 10:2, «El corazón del sabio está en su mano derecha, más el corazón del necio en su mano izquierda». En el mundo antiguo el bien y el mal eran representados con la derecha y la izquierda, respectivamente. El camino del sabio es el camino del bien, pero el camino del necio es el camino del mal. La verdadera sabiduría está relacionada con escoger el bien y evitar el mal.
La frase «el corazón del sabio está a su mano derecha», indica que el sabio se desplaza con facilidad –con destreza y dominio– a sus objetivos. Esos objetivos están dentro del marco de una conducta ética, moral y enmarcada en el bien hacer, como consecuencia de cultivar la verdad, la justicia, la rectitud moral y la integridad del corazón. La derecha significa la claridad y la destreza del sabio en la prosecución del bien. La derecha significa también los principios y preceptos del bien, con que se alimenta el corazón. Pero el corazón del necio está en su mano izquierda, que le hace ir torpemente hacia sus objetivos, que están enmarcados por la falta de integridad y rectitud, como consecuencia de no tener un corazón sano.
De este pasaje se pueden obtener dos accesiones con respecto al andar del sabio y el necio. Una tiene que ver con la dirección y otra con la destreza o dominio. La dirección del sabio es hacia el bien, mientras que la del necio es hacia el mal. Pero además el sabio se encamina con destreza y dominio del bien (justicia, rectitud y verdad), mientras que el necio se encamina con torpeza por los caminos del mal.
La referencia en este pasaje de Eclesiastés 10:2 es a tener nuestro corazón en nuestra mano derecha para poder evaluarlo (sus motivaciones, sus sentimientos, sus inclinaciones, etc.). El corazón puede inclinarse hacia el bien (ayudar, obrar en justicia, cuidar, andar en rectitud, practicar la verdad, etc.) o hacia el mal (maquinar iniquidades, mentir, envidiar, accionar en forma deshonesta, etc.). En todo caso nuestros comportamientos se direccionarán en función de lo que hay en nuestro corazón.
Por otra parte, sólo en un corazón sano se genera el ambiente adecuado para amar sin egoísmos, andar en rectitud y justicia, accionar con entereza, actuar con integridad; ser efectivo y equilibrado en la vida.

ENSEÑANZAS PARA EL LIDERAZGO:

Si quieres cambiar tus resultados, cambia tus acciones, si quieres cambiar tus acciones, cambia tus pensamientos y si quieres cambiar tus pensamientos, guarda tu corazón.
«Si nuestro corazón es un invernadero y nuestros pensamientos son semillas, ¿no deberíamos tener cuidado con lo que sembramos?» (Max Lucado).
Guardar el corazón es una tarea estratégica para todo líder.
Guardar el corazón de las influencias externas que atenten contra su integridad, es la garantía de contar con la fortaleza, el discernimiento y la sabiduría para enfrentar las demandas de la realidad.
«La actitud del corazón debe tomar preeminencia en la vida de un líder… una actitud incorrecta del corazón impide más el progreso y la realización de una vida, que una falta de habilidad y potencial» (Joyce Mayer).
Andar en rectitud, integridad, verdad y justicia es una elección que depende de mantener un corazón sano, y esa es una elección personal. Esa es la clave para un liderazgo ético.
Pensamiento: El corazón es el árbol del cual depende el fruto que damos.

Arnoldo Arana
Pastor, psicoterapeuta y escritor
arnoldoarana@hotmail.com

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