domingo , octubre 21 2018
Home / Opinion / Sabiduría de los dichos de Salomón: No. 18: Orgullo vs humildad, Arnoldo Arana

Sabiduría de los dichos de Salomón: No. 18: Orgullo vs humildad, Arnoldo Arana

«Antes del quebrantamiento se enaltece el corazón del hombre, y antes de la honra está la humildad» (Proverbios 18:12).
El orgullo y la humildad son dos actitudes de vida opuestas. El rey Salomón contrasta el orgullo con la humildad, tanto en su naturaleza (actitud) como en los resultados que genera cada una de estas posturas de vida. Salomón expresa que el orgullo conduce a la humillación y a la deshonra; mientras que la humildad trae honra y sabiduría. Ese es el sentido de Proverbios 29:23: «El orgullo (la soberbia) del hombre lo humillará, pero el de espíritu humilde obtendrá honores». También lo enfatiza Salomón en el Proverbios 11:2: «Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra; mas con los humildes está la sabiduría».

El orgullo: vivir para sí

La palabra orgullo puede tener dos significados: una actitud de soberbia, arrogancia y altivez que se siente superior (una característica negativa); una actitud de satisfacción placentera de valor adecuado (una característica positiva). En el contexto que usa la palabra orgullo el rey Salomón connota altivez, soberbia y arrogancia. En este caso el orgullo puede definirse como exceso de estimación hacia uno mismo y hacia los propios méritos y capacidades por los cuales la persona se cree superior a los demás.
Ahora, no debemos confundir el orgullo con la adecuada autovaloración. Experimentar satisfacción personal por algo propio o relativo a uno mismo y que se considera valioso, no tiene que significar orgullo. Reconocer la propia dignidad como persona, y experimentar un sentimiento de gratitud al ser consciente de quien se es y cuáles son sus fortalezas (dones, talentos, habilidades y potencialidades), es saludable para la autoestima. Pero esta actitud es diferente al egocentrismo y endiosamiento que genera el orgullo. El orgulloso constantemente anda en busca de reconocimiento y de alabanza para sí mismo.

El orgullo da lugar a contiendas

Este tipo de orgullo no es buen consejero, y es hasta peligroso. El orgullo crea barreras en las relaciones interpersonales, y genera antagonismos, en función de la baja tolerancia, el excesivo egocentrismo y la baja valoración de los otros a que da lugar. Esta actitud de sobreestimación propia, dificultad el conciliar las ideas dentro de un grupo, por eso el orgullo da lugar a las contiendas, dada su carga de desdén y deprecio que manifiesta hacia otras personas. «Ciertamente la soberbia concebirá contienda; mas con los avisados está la sabiduría» (Proverbios 13:10). «El altivo de ánimo suscita contiendas; mas el que confía en Jehová prosperará» (Proverbios 28:25). Los egos inflados realmente entorpecen y pueden levantar murallas con los demás.
El orgullo hace a la persona creerse infalible, por lo que la persona orgullosa puede recurrir al engaño, la manipulación y la coerción para que su opinión prevalezca. El orgulloso, cuando comete una torpeza, busca disimularla con altanería. El orgullo se disfraza de celos y contención. El orgulloso no admite la posibilidad de cometer errores, nunca da su «brazo a torcer» cuando se equivoca u ofende a otros, por lo que genera muchas relaciones rotas y dañadas. El orgullo impide pedir perdón y dar lugar a la restauración y reconciliación de las relaciones.

El orgullo conduce al fracaso

El orgullo (arrogancia, altivez, soberbia, envanecimiento) precede al fracaso y la ruina, según el rey Salomón. El orgullo surge de la testarudez consigo y en la dureza de un corazón necio (demasiado centrado en sí). Esta actitud termina por acarrear el fracaso en la vida de la persona. «La soberbia del hombre le abate (conduce al fracaso); pero al humilde de espíritu sustenta la honra» (Proverbios 29:23). La altivez de corazón impide que la persona sea provista de sabiduría, pues el orgulloso tiene mucha dificultad para reconocer sus fallos, y en aceptar la opinión sincera de otros, por pensar que siempre tiene la razón. El orgullo impide aprender de los propios errores y de las opiniones de los demás.
La sobreestimación que produce el orgullo conlleva a decisiones erróneas. Al orgulloso le cuesta recibir consejo y ayuda -participar del trabajo colaborativo- por su tendencia a la autosuficiencia, por lo que corre un alto riesgo de equivocarse en la toma de decisiones. La mayoría de las veces se encuentra tomando las decisiones en solitario. Así el orgulloso se priva del trabajo en equipo, de la generación de sinergia en los procesos productivos en los que participa, y del aprendizaje que posibilita la autorreflexión sincera y realista de su propio desempeño.
La persona orgullosa cree que siempre tiene la razón, y los demás están equivocados, por lo que generan mucho rechazo y resistencia, además de un ambiente difícil para el trabajo en equipo. Por otra parte, al orgulloso le cuesta admitir sus errores y equivocaciones, y por eso su capacidad de rectificación es muy baja, pues a sus ojos, él (ella) no se equivoca, de ahí su dificultad para aprender de sus errores. Por eso la sabiduría huye del orgulloso.

La humildad: reconocer lo que somos, sin exagerar ni minimizar

La humildad, a su vez, puede tener dos interpretaciones: una actitud de modestia, respeto, deferencia (una característica positiva); o una actitud de poco valor, insignificancia, sometimiento y de inferioridad (una característica negativa).  En el contexto que lo refiere el rey Salomón se refiere a mansedumbre, modestia y autenticidad. La humildad no es despreciarnos, ni tener una pobre opinión de nosotros mismos, sino más bien el conocimiento y la estimación verdaderos: fortalezas y limitaciones. C. S. Lewis lo expresó de la siguiente manera: «La humildad no es pensar menos de ti mismo, es pensar menos en ti mismo». La humildad nos lleva, pues, a tener una adecuada evaluación y valoración de nosotros mismos. «La humildad es hacer una estimación correcta de uno mismo» (Charles Haddon Spurgeon).
La cultura actual promueve el deseo de ser reconocido, de sobresalir, de ocupar los primeros lugares, de recibir honra y alabanza. Poco se habla hoy de cultivar una actitud de humildad. Para algunos la humildad es sinónimo de desvalorización, de debilidad de carácter, algo servil o despreciable. Por el contrario, la humildad refleja fuerza de carácter y dominio propio; seguridad y autoestima positiva. La humildad va unida al respeto por la persona que somos. En ese sentido, dice Robert Brault: «Pocos son humildes, porque se necesita una autoestima que pocos poseen». Elizabeth Skoglund lo resume: «La verdadera humildad es simplemente una ausencia de concentración en la propia persona; y significa que mientras me aprecio y acepto a mí mismo, no necesito demostrar excesivamente mi valía ni a mí ni a otros».
La persona humilde tiene conciencia de sus habilidades y capacidades propias, y como no tiene nada que demostrar, está más abierta a aprender y a reconocer sus errores, así como a apreciar el valor de las otras personas. La persona humilde reconoce su falibilidad, y como tal, está dispuesta a oír las opiniones de otros y retiene las mejores.
La humildad es contraria a la soberbia, la altivez y la arrogancia, propias del orgullo. El orgullo es una estimación poco honrada de uno mismo y constituye en el fondo un intento desesperado de una persona que se siente desvalorizada, por escapar de sus sentimientos de inferioridad. La persona orgullosa no admite errores, ni ser corregido ni ser enseñado. Le cuesta además ver los méritos en otros. La persona humilde, por el contrario, permanece enseñable y abierta a la crítica constructiva. Y como es capaz de ver los atributos positivos en otros, dejar hacer y dejar ser ellos mismos a otros.

La humildad es autenticidad en acción

La humildad consiste en ser uno mismo, en ser auténtico con la gente y en desechar las falsas mascaras. Para ser humildes necesitamos ser honestos y realistas, conocernos y aceptarnos a nosotros mismos tal como somos. Solo aquellos, pues, que se ven tal como realmente son, pueden ser considerados humildes. Humildad significa ser autentico, sin pretensiones ni arrogancia. Al orgulloso, por el contrario, le  cuenta ser genuino, dada su tendencia a mantener su máscara de infalibilidad.
En la medida en que un hombre es más humilde crece una visión más correcta de la realidad en él, como consecuencia del conocimiento interno al que accede, pero a la vez por la apertura que muestra hacia otros, lo que le permite generar una interacción más rica, fluida y contextualizada con los demás. Por otra parte, su condición de humildad le aporta vulnerabilidad, dada la sencillez, sinceridad y tolerancia propias de la humildad.
El orgulloso, por su traje de infalibilidad que viste, se hace invulnerable (inaccesible) a otros; se vuelve lejano e intransitable para las demás personas. Por el contrario, la persona humilde se hace vulnerable, no en el sentido de debilidad (carencia) que algunas personas le atribuyen, sino en término de accesibilidad. La vulnerabilidad que acompaña a los humildes, hace que la gente se identifique con ellas, y termina ganándose el corazón de éstos.

La humildad: vehículo para el servicio a otros

La humildad es la negación de nuestro egoísmo, del deseo de gratificación individualista, de la vanagloria y de la excesiva ambición personal; nace del puro altruismo, del deseo de ayudar a otros. Obviamente la humildad es fruto del amor fraternal por las personas, que se expresa en el deseo de servir y ayudar a otros. La humildad es el vehículo a través del cual viaja nuestro servicio y ayuda a otros; no podemos servir si estamos demasiado concentrados en nosotros mismos.

La sabiduría se asocia con la humildad

Donde hay humildad hay sabiduría. «Más con los humildes está la sabiduría» (Proverbios 11:2ª). Sin humildad no hay conocimiento de sí mismo y, por tanto, falta la sabiduría. La humildad viene de la conciencia que se tiene de sí  mismo, lo cual requiere autorreflexión, que es la puerta para el autoconocimiento. Pero para el orgulloso el autoconocimiento se hace difícil, ya que la soberbia y la arrogancia que acompañan al orgulloso, ensombrece la conciencia. Por eso bien dice el dicho: «Donde hay soberbia hay ignorancia».
El siguiente paso después que se conseguido el conocimiento propio, es  aceptar la propia realidad. Esto resulta difícil para el orgulloso porque la soberbia se rebela cuando la realidad no es favorable o confirmatoria de las cualidades personales.
Por otra parte, el humilde, dada su predisposición a aceptarse tal como es, con sus fortalezas y sus debilidades, está más abierto a recibir las correcciones de los demás; eso pone a su disposición los conocimientos y experiencias de otras personas, lo que lo enriquece. «El humilde muestra su sabiduría aceptando la corrección y considerando positivamente las opiniones de los demás» (P. Luis Carlos Aparicio Mesones S.M). P. Bernhard Haring lo dice magistralmente: «Sólo el verdaderamente humilde es capaz de apreciar digna y noblemente las cualidades y ventajas del prójimo».
Enseñanzas para el liderazgo:
La humildad permite a la persona ser digna de confianza, flexible y adaptable, atributos clave en la gestión del liderazgo.
En la medida en que somos humildes ganamos el corazón de los demás; pero cuando somos orgullosos, ganamos el rechazo y la resistencia de otros hacia nosotros.
El verdadero liderazgo necesita una alta dosis de humildad y modestia y el compromiso de modelar comportamientos coherentes con lo que es la persona.
La sabiduría está ligada a la humildad: capacidad para reconocerse a sí mismo, y de reconocer el valor de los demás.
Pensamiento: «Mejor es humillar el espíritu con los humildes, que repartir despojos con los soberbios» (Proverbios 16:19).
Arnoldo Arana
Pastor, psicoterapeuta y escritor
arnoldoarana@hotmail.com

About redaccion

Check Also

En nuestro matrimonio no hay mucha esperanza, Luis y Hannia Fernández

¡Experimentar la esperanza es una necesidad fundamental de todo ser humano! Tener esperanza, es tener …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *