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Qué dice la Biblia acerca de las beatificaciones

Venerar o rendir culto a cualquier criatura y atribuirle poderes para sanar es idolatría, invocación a los muertos y, por lo tanto, una grave abominación a Dios porque viola sus mandamientos

El viernes 30 de abril se llevó a cabo la ‘canonización’ del venezolano José Gregorio Hernández, ‘el médico de los pobres’, como nuevo beato de la religión católica, tras gestiones llevadas a cabo desde hace muchos años ante el Vaticano. Gestiones eminentemente humanas e institucionales que la Biblia condena, cuestión que deberían saberla muy bien los jerarcas de la religión romana, pero hacen caso omiso de las Escrituras acarreando maldición sobre ellos y su feligresía que de manera sumisa les sigue sin percatarse que los llevan hacia la eterna condenación.
No hablaremos nada acerca del personaje, quien en su tiempo fue un médico muy querido y respetado en Venezuela, pero de ahí a usarle como objeto religioso y de veneración es un grave pecado. No pretendemos ofender a nadie con nuestra reflexión de hoy, pero estamos obligados a decir la verdad y tratar, por lo menos, de que algunos abran los ojos ante este nuevo intento por erigirle como un nuevo objeto de idolatría y acarrear más maldición a la ya crítica y depauperada Venezuela.
En la Biblia y los 10 Mandamientos que, por cierto, creen católicos y cristianos, dice textualmente: «No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo ni abajo en la tierra ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás culto, porque yo soy el SEÑOR tu Dios, un Dios celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos» (Éxodo 20:4-6).
Esto deben saberlo los fieles que han hecho largas filas en medio del Covid-19, para estar tras las puertas de la iglesia Nuestra Señora de La Candelaria, en Caracas, donde reposan los restos de este nuevo beato y objeto de culto y veneración por parte de la gente que le atribuye ‘poderes curativos’ y hasta algunos milagros, ignorando que el mismo Satanás, el engañador, se disfraza de ángel de luz (2ª Corintios 11:14) para engañar y llevar a la condenación a la gente que no busca en la Palabra de Dios lo que el Altísimo ha ordenado para obedecerle, sino que van detrás de sus jerarcas religiosos que se comportan como «ciegos, guías de ciegos» para caer finalmente todos en el mismo hoyo (Mateo 15:14).
De por sí Venezuela está llena de brujería, pactos diabólicos, idolatría (en menos de 54 años han ‘elevado a los altares’ idolátricos a tres beatas y un beato: María de San José, Candelaria de San José, Carmen Rendiles y ahora el Dr. José Gregorio Hernández), corrupción, narcotráfico y una amplia lista de pecados como para que le sumemos ahora una nueva maldición, pues Dios no dará por inocente al culpable.
Es una abominación usar el nombre y la memoria de los muertos para elevarlos a los altares, los hombres no tienen poder ni facultad para hacer «santo(a)» a nadie; la Biblia enseña que los santos del Señor están con vida ya que Jesús los ha santificado, tal y como lo muestran las cartas apostólicas del Nuevo Testamento; por esta razón es un grave pecado contra Dios honrar, rezarle o atribuirle poder alguno a los muertos; los fallecidos no pueden escucharnos (Lucas 16) y mucho menos aparecerse, más bien son demonios que toman su figura y se personifican para engañar a los incautos feligreses que no leen la Biblia; ellos no sanan, simplemente se retira del cuerpo el demonio causante de la enfermedad y la persona atribuye este supuesto milagro al beato, «santo» o «virgen».
El único que pagó el precio de nuestra sanidad en la cruz del Calvario fue Jesucristo, «por sus heridas ustedes han sido sanados» (1ª Pedro 2:24b; Isaías 53:5). Venerar o rendir culto a cualquier criatura y atribuirle poderes para sanar es idolatría, invocación a los muertos y, por lo tanto, una grave abominación a Dios porque viola sus mandamientos (Éxodo 20:4-6). Es triste que la feligresía católica no lea la Biblia para que salgan del engaño y la condenación a la que los conducen cuando les inducen a la práctica abierta de idolatría.
Toda beatificación es el establecimiento de un nuevo objeto de idolatría y, por ende, una nueva fuente de maldición. El apóstol Pablo le escribió a la iglesia en Galacia que «aun si alguno de nosotros o un ángel del cielo les predicara un evangelio distinto del que les hemos predicado, ¡que caiga bajo maldición!» (Gálatas 1:8). Solo se debe adorar a Dios (Padre, Hijo y Espíritu Santo) no a sus criaturas para no caer así en maldición.

Georges Doumat B.

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