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Penosa realidad…

Cuán difícil es ver la vida positivamente cuando la nación en la que vives está en permanente convulsión política, social y económica. Si no fuera por la fe que tenemos en Jesucristo y gracias a las promesas que nos ha dado de que levantará a Venezuela moral y espiritualmente, lo cual generará el resto del cambio nacional, sería difícil no acongojarse en la actualidad.

Pero con todo y esas promesas e inmensa fe en el Altísimo, existe una amplia mayoría de personas que no creen en Jesucristo, ni menos en sus promesas, las cuales viven desesperanzadas, abatidas y agobiadas por problemas como la inseguridad, desabastecimiento, encierro nacional por carecer de acceso a divisas, fallas graves en el estado de derecho y muchísimos inconvenientes más.
Es necesario advertir que la intención de este artículo no es hacer politiquería partidista, como tampoco es la línea editorial de este quincenario, por si algún sector se siente aludido y lanza sus andanadas contra este servidor. Soy un pastor y comunicador con más de 23 años de trayectoria y desde las responsabilidades que Dios ha delegado sobre mi constato directamente, y a diario, las angustias por la que padecen no solo los miembros de mi congregación y sus familias, sino del país entero.
Desde la trinchera del evangelio y con la verdad por delante es imposible que podamos falsear o encubrir lo que estamos viviendo. La penosa realidad de Venezuela es que nadie rinde cuentas de la gran cantidad de millones de dólares que han ingresado por la renta petrolera y menos en manos de quién han ido a parar; denuncias vienen y van sin que nadie las aclare. Denuncias, inclusive, provenientes de las mismas filas gubernamentales acerca de dineros entregados por la anterior Cadivi sin que hasta la fecha sepamos ¿dónde han parado esos egresos mil millonarios de dólares?
No negamos que mucha gente ha recibido beneficios como viviendas, misiones, intervenciones quirúrgicas, entre otras; pero éstas son mínimas en comparación con lo que ha ingresado al país. Aplaudimos todo lo que se invierta en materia social, pero no podemos estar de acuerdo, como cristianos, con aquello que ha terminado en manos ajenas, y menos que no haya hasta ahora un responsable ante la justicia.
Dios condena la malversación del erario, la mala administración, el quitarle dinero al pobre y necesitado; crean las personas que el Señor existe o sean ateas, ello no anula los principios establecidos por Dios en la Biblia. Cada palabra de las Sagradas Escrituras ha de cumplirse a cabalidad y TODOS LOS HOMBRES compareceremos algún día ante el tribunal de Dios para rendir cuenta por lo que hemos recibido y lo que hemos hecho. ¡Vaya sorpresa la de los ateos cuando sean trasladados ante el gran trono blanco del juicio divino! Se verán cara a cara con Aquel que ex profeso ignoraron o se condujeron como si no existiera…
La Biblia enseña que «Dios es amor… gracia, perdón, paz y vida eterna» a través de Jesucristo; pero también dice que es «fuego consumidor» para quienes rechacen el perdón y salvación de Cristo y vivan de espaldas a Él. Eso es lo que deseamos recordarle a quienes tienen el sagrado deber de gobernar para todos y administrar equitativamente los recursos que el Altísimo pone en sus manos.
En cuanto a la penosa realidad en la que estamos viviendo, le recordamos al pueblo venezolano -tanto el que aquí vive como a quienes por una causa u otra decidieron marcharse del país en resguardo de sus familias e inversiones-, que Dios ha prometido hacer justicia, cambiar el oprobio por el que pasa Venezuela y levantar como nunca antes a nuestra nación, la hará conocer como el lugar donde reside y gobierna el Señor en gloria, seremos un país de avivamiento espiritual y moral, porque -aunque no lo crean- Dios tiene a Venezuela en sus manos y pronto la visitará con poder transformador y regenerador que cambiará el corazón de los venezolanos. Eso es lo que muchos no saben y es nuestro deber anunciarles.
Muchas naciones se han levantado de guerras y catástrofes devastadoras; pero con Venezuela sucederá algo más maravilloso, será conocida como una nación milagrosa sobre quien Dios puso sus ojos para glorificar su nombre en ella y a través de ella para bendecir al mundo. Guarde estas palabras en su corazón, ya que antes de lo que muchos creen se cumplirán, para la gloria de Dios Padre, en Cristo Jesús.

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