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Para disfrutarlo, has de decirlo, Marcelino Sojo

«Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho» (Marcos 11:23).

El don natural más precioso que Dios le ha dado al hombre es el don de las palabras: la capacidad de hablar y producir palabras. Tú eres lo que dices. Tu vida es el fruto de las palabras que de ti proceden. El versículo de inicio nos muestra la importancia de darle forma a tu vida correctamente, con tus palabras. El principio es bien claro: «lo que digas te será hecho». La vida producirá para ti una cosecha de lo que digas -bueno o malo.
Has de comprender este principio y aplicarlo. Alguien dirá: «Bien, yo no he dicho nada en absoluto, de modo que todo irá bien». No es así. Vas a tener una cosecha de todos modos; pero será la cosecha errónea. Es como tener un jardín y no sembrar ninguna semilla en él. Algo va a crecer, de una u otra manera –hierbas silvestres. Así son las vidas de algunas personas. No se dan cuenta que es su responsabilidad vivir vidas de victoria, potestad y prosperidad.
Dios ya ha hecho todo lo que tenía que hacer para que tú puedas tener y disfrutar una vida trascendente en Cristo, por medio del poder del Espíritu Santo.
Ahora es tu responsabilidad hacer -con tus confesiones de fe- que tu vida sea conforme a lo que Cristo consumó. Así pues, si quieres disfrutar una gran vida, has de declararlo. Debes comprender que has sido llamado a una vida de gloria y virtud, a una vida de poder, belleza y excelencia.
2ª Pedro 1:3 dice: «Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia». ¿Comprendes pues que no hay nada que no tengas? Por lo tanto, esto debe ser el fundamento de tus declaraciones de fe.
Nunca declares escasez, enfermedad, debilidad, incapacidad o temor. Más bien, sigue afirmando que tienes y disfrutas salud divina. Afirma que el Señor es tu fortaleza, tu justicia, tu éxito y tu prosperidad. Sigue diciéndolo, y tu vida irá en una única dirección -hacia arriba y hacia delante.

Confesión

Mi vida es el testimonio de la gracia de Dios. La gloria de Dios se manifiesta hoy en mi vida. Yo vivo por la Palabra y produzco resultados por la Palabra. Estoy lleno de fortaleza, pues Cristo está en mí. Él es mi justicia, mi sabiduría, mi éxito y mi prosperidad. ¡Bendito sea Dios!
Estudio más amplio: Hebreos 13:5-6; Marcos 11:22-23.

Marcelino Sojo
Apóstol, escritor y conferencista

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