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Palabra profética de Ana Victoria Sanz para Venezuela

Con grandes y terribles juicios juntos, unos con otros, y con mis brazos extendidos te salvaré y libertaré, nación porfiada”

¡Quitaré tu yugo, Venezuela y serás verdaderamente libre! / EFE

(Verdad y Vida).-

Palabras al remanente de Dios de Venezuela dadas por el Señor a la profeta Ana Victoria Sanz, el último día de los 21 días de ayuno llevados a cabo entre el 11 al 31 de enero 2021, bajo el título: “A VOX POPULI LO HAGO SABER, DICE EL SEÑOR”; profecía que transcribimos textualmente para nuestros lectores:
Escucha pueblo de Dios, escucha pueblo del Dios que hizo a Venezuela, escucha ahora remanente. Agradado está el Altísimo con su pueblo que en obediencia atendió a su voz.
Dice el Señor: “Ven, pueblo mío, que ahora hago que tus oídos se afinen y sea quitado el prepucio de tu corazón, hago ahora que tus ojos se aclaren y vean como el águila desde lejos, pongo colirio en ellos para que veas clara la visión.
Has oído de mi Palabra lo siguiente:
‘Derramaré mi Espíritu sobre toda carne; y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán sueños, vuestros jóvenes verán visiones. Y aun sobre los siervos y las siervas derramaré mi Espíritu en esos días. Y haré prodigios en el cielo y en la tierra: sangre, fuego y columnas de humo.  El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y terrible. Y sucederá que todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo’; pues este es el tiempo kairos, pueblo, es el tiempo kairos de esa Palabra para Venezuela. De noche cuando cierres tus ojos tras la vigilia, te hablaré en sueños y de día mientras me buscas te daré visión de lo que haré en los próximos tiempos en esta nación. ¿Acaso no es este pueblo mi amigo, mi hermano de entrañable amor que le cuento todo? Te enseñaré a tí, a ti mismo qué debes hacer por ti, por tu familia, por mi pueblo y por esta nación.
Ven pueblo mío de Venezuela, que hablo a tu corazón ahora. A tu entendimiento se le es quitado el velo para que vea con claridad la luz. Los que son míos, míos son y con celo les celo Yo. Como leona celosa guardando a sus cachorros les guardo y con furia peleo por ustedes.
Porque de ahora en adelante mi pueblo será entendido de los tiempos como lo es la cigüeña entendida de su tiempo y como la tórtola aguardarás el tiempo de mi juicio y salvación sobre esta nación y caminarás por el camino que yo te indico y con prudencia y sigilo seguirás mi instrucción.
Yo te despierto en justicia, Yo enderezo tus caminos -dice el Señor-, te he puesto sobre esta nación para traer salvación y libertad a los cautivos y sobre esto te he hablado en alta voz, a vox populi te he hablado, no te hablado solo en el secreto de tu habitación, en lo oculto de los oídos de los demás, te hablado en voz audible a los oídos de todos para que escuchen quién eres tú y te adversen los que te han de adversar y te teman los que te han de temer.
Porque te alisto con destreza para la batalla, te preparo intensamente para tomar este país, te enseño como a Josué estrategia de guerra, estrategias absurdas a los ojos humanos para conquistar esta nación. No te dejes intimidar por el adversario y no te confundas con los que te llaman a sus batallas sin mí, yo llamo a mis valientes y voy delante de ellos y les enseño cómo ir.
Venezuela sabrá que en mí y solo en mí está la justicia y el poder, dice el Señor. Y cuando mi justicia se haya visto, los labios de los venezolanos serán labios que hablan pureza, la boca de este pueblo hablará verdad y de su corazón manará amor para con su prójimo y mi justicia y temor será impartido en el pueblo de Venezuela.
No te alteres remanente mío mientras esperas, porque el tiempo no te alcanzará, los días te serán muy cortos y muchas de las cosas que tendrás que hacer, porque muy de madrugada te levantarás y muy tarde en la noche te recostarás y aun dormido no dormirás, porque mi revelación será en ti y mi instrucción cada día escribirás.
Fuertes son los dolores de parto, en extremo, más cuando hay complicación. Fuertes es la angustia de la mujer a punto de dar a luz. ¿Dónde está la partera? Se rompe el saco y la fuente de sangre no se puede controlar. ¿Dónde está la matrona que sabe cómo asistir a la mujer a punto de parir? Si no es asistida la mujer complicada, no solo la madre muere, sino también la criatura al nacer. ¡Levántate Iglesia y está atenta que en tus manos está recibir a la nueva Venezuela!
Hoy mudo tu corazón remanente mío, pues tu corazón ha de sentir como siente el mío, sentirás el dolor y el llanto por la tragedia a causa del pecado de esta tierra. Llorarás mucho pueblo mío; llorarás, pero no por las calamidades de esta tierra; llorarás por las almas; llorarás por los perdidos; llorarás por ellos como si fueran tus hijos; llorarás por los hombres, mujeres, jóvenes, ancianos y niños, sentirás dolor por ellos como la madre que pierde a su hijo; y llorarás por compasión aún para con tu enemigo.
Hoy mudo tu corazón, remanente mío, te cambio el corazón de piedra por un corazón de carne sensible a la tragedia de Venezuela, la tragedia de la humanidad, la tragedia de la muerte eterna. Hoy mudo tu corazón a un corazón hecho de amor que todo lo sufre por amor, que lo da todo por amor y que pelea por amor contra el adversario y lo vence con el poder de mi amor.
Preparo ya a los que tienen el corazón conforme al mío, preparo a los que tienen las armas absurdas, preparo a lo que no temen a los leones, ni osos, ni mucho menos a los gigantes que hablan sandeces y dicen maldiciones contra ellos, preparo a los que están seguros de quién son en mí y lo que Yo Soy en ellos. Porque delante de ellos caerán los gigantes y con su misma espada les cortarán la cabeza.
Con grandes y terribles juicios juntos, unos con otros, y con mis brazos extendidos te salvaré y libertaré, nación porfiada. Venezuela, llena de terror y oprobio, condenada a muerte estás. ¡Levántate David!, los campos, sabanas, montañas y valles hacen eco de tu canción de adoración. ¡Prepara tu corazón! Porque con olor fragante a mi nariz has presentado tu petición para enfrentar al adversario y para destruir al gigante, yo entrego tus manos el decreto de Victoria y con arma absurda haré que hagas caer a los gigantes. ¡Quitaré tu yugo, Venezuela y serás verdaderamente libre!
¡Escucha, cielo y haz caer mi rocío sobre Venezuela! ¡Nubes júntense y hagan llover copiosamente mi justicia sobre los venezolanos! ¡Ábrase la tierra de par en par y brote mi salvación para este pueblo! ¡Crezca mi salvación sobre Venezuela con la lluvia de mi justicia! Sí, germine prontamente mi salvación junto a mi justicia para este pueblo”.

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