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Objeto de burla

Los arlequines siempre fueron parte del séquito real, su función: ser el hazmerreír de la audiencia; eran el objeto oficial de burla, su trabajo era hacer reír, sus tonterías entretenían a la audiencia. Un arlequín era un objeto de burla.
En los tiempos modernos el arlequín fue sustituido por el payaso. Una suerte de cómico pero para todos, ya no para una corte, ya no dentro de un séquito real; la popularidad del payaso le permite estar en cualquier lugar, desde una sencilla fiesta infantil hasta el más grande circo del mundo. El payaso es otro objeto de burla.
Arlequín y payaso viven de la burla y la risa de los demás, su trabajo era, y es, ser objetos de burla.
En Mateo 27:27-31 se nos presenta una cuadro sumamente dramático y diferente, alguien está siendo objeto de burla, y no precisamente en un circo ni en una fiesta real. Pero esa burla, es una despiadada, vejatoria, diabólica. Una burla que pasa del rato alegre al escarnecimiento. Jesús no era solo un objeto de burla para los impíos soldados romanos, era un objeto del escarnio público; del selecto público religioso y pretoriano. El poder político militar y la religión, los siempre aliados contra el Señor y su Reino eterno.
El escenario del diabólico show, el pretorio, algo así como el patio de la casa del gobernante o del área militar; allí estaba el Maestro, el Rey de reyes y Señor de señores era el objeto de burla por parte de unos insensatos soldados del gobernador. Dejaron de cumplir sus funciones, se reunió toda la compañía para recrearse con Aquel que «como oveja fue llevado al matadero», sin abrir su boca, el corazón del Señor desfallecía de dolor. Ese mismo que días después subió para llenarlo todo con su gloria y se sentó a la diestra del Padre, era escarnecido. A quien millares de ángeles, arcángeles y serafines adoran desde la eternidad era objeto de burla en la tierra. El mundo que amó tanto y por lo cual estaba allí en ese lugar a punto de ser injustamente condenado.
No era cualquier burla, era expuesto al escarnio público. Escarnecer es burlarse de manera humillante. El Rey de los siglos era burlado de manera humillante durante la hora de las tinieblas.
Razón tiene Pablo al decir que «se humilló hasta lo sumo», porque no sólo se hizo hombre y sufrió, sino que fue humillado públicamente. Le cambiaron sus ropas resplandecientes y cinto de oro por un manto de burla color escarlata, el mismo color que adorna al séquito de Babilonia la gran ramera. Sustituyeron su corona de Rey del universo por una de filosas y penetrantes espinas que perforaron su cabeza. Tomaron su bastón de autoridad divina y le pusieron una simple caña creada por Él mismo.
No conforme con esto le escupieron y le golpearon. La sangre que salía de su cabeza se mezcló con la humillante saliva de los soldados. Lo vejaron como a nadie. Y así le sacaron fuera para ser injustamente sentenciado a muerte. Ya no sólo se burló humillantemente la compañía militar en pleno, ahora lo hizo todo el pueblo allí reunido. Carcajadas cínicas. Carcajadas humillantes. El arlequín de Israel era su propio Rey y Mesías. El objeto de burla, el mismo Dios a quien ellos decían amar y servir.
Todavía hoy se le escarnece. Le escarnecen las peñas filosóficas ateas, le escarnecen los de la Nueva Era, le escarnecen las religiones, le escarnecen quienes han creado un dios a su manera y conforme a su necesidad, le escarnecen quienes endurecen su corazón para no oír Su dulce voz. Todos sus escarnecedores son inspirados y sirven al dios de este siglo, Satanás.
También le escarnecen los que yendo en pos del Maestro viven su vida de espaldas a Él; ante las tinieblas hacen al Señor su objeto de burla. Cada negación, cada práctica de pecado, cada desacato a las Sagradas Escrituras hacen a Jesús objeto del escarnio público por causa de nuestro mal testimonio cristiano.
Nunca debemos olvidar sus propias palabras: «Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles» (Marcos 8:38). Si nuestra actitud escarnece al Maestro, si nos avergonzamos de Él,  nuestro Señor se avergonzará de nosotros. Nuestro escarnio y vergüenza es temporal, pero el suyo para con los desobedientes es eterno, por los siglos de los siglos. Al final todo lo que se siembra se cosecha.
El mundo nunca entenderá por lo que pasó nuestro Señor por amor a la humanidad, para muchos fue un evento conmovedor y nada más, un capítulo triste de la historia y ya. Para otros, Jesús fue un utópico guía espiritual que dejó a mitad de camino su trabajo. Otros se han erigido a sí mismos como los complementos de la labor profética dejada por Jesús. Pero la verdad es que el escarnio sufrido por el Señor ha quedado en el registro de Dios como un período extremadamente triste sufrido por Su Hijo por amor al mismo mundo que se burla de Él y le da la espalda hoy.
En muchas ocasiones nosotros también somos y seremos escarnecidos, unos en mayor grado que otros, pero todos sus discípulos seremos objeto de burla para los incrédulos, se nos dirán muchos epítetos duros y vulgares por sencillamente seguirle a Él; no temamos, no nos entristezcamos, sintámonos dignos de sufrir los mismos padecimientos de nuestro Señor, si otros los sufrieron antes que nosotros ¿seremos acaso mejores que ellos?
Todavía permanecen en pie grandes estructuras que la arqueología ha descubierto donde nuestros hermanos fueron escarnecidos, ultrajados y asesinados. Como testigos mudos del horror de los cristianos quedan los circos romanos, areópagos y lugares de exterminio desgastados por el tiempo pero plenos de gloria, de la gloria de aquellos que prefirieron ser escarnecidos y muertos antes que avergonzarse de su Maestro.
Después de ser humillados y burlados públicamente, eran echados a las fieras, quemados vivos en hogueras y estacas, despedazados por impíos que obedecían las satánicas órdenes de sus gobernantes. De los soldados romanos de la compañía de Pilato, a los burladores asesinos de años y siglos más tarde no dista mucho. Todos eran siervos del diablo. Todos perseguían acabar con los seguidores del Maestro.
De aquellos discípulos escarnecidos y martirizados de los primeros siglos y de los siglos de la Inquisición a los  de ahora es poca la diferencia. Hoy nuestros misioneros, pastores y cristianos sencillos y humildes son vilipendiados, escarnecidos y asesinados por causa de Cristo. La intolerancia religiosa, los intereses terroristas y la persecución guerrillera han tomado hoy la posición de aquellos escarnecedores soldados romanos de la compañía. Siguen poniéndonos ropas viles, coronas de espinas y bastones de caña en lugar de las blancas ropas de la salvación, de nuestras coronas eternas y de nuestra autoridad divina; todas ellas dadas por gracia por Aquel que un día fue escarnecido por nosotros, pero se alzó con la victoria.
Después de la burla humillante viene la victoria. Después del trago amargo viene la dulce gratificación. Luego del escarnecimiento y la vejación sigue la honra del Señor… porque «¡Dios honra a los que le honran!».
Honremos a Dios con nuestra obediencia mientras somos escarnecidos, nunca nos avergoncemos del Maestro en tanto que dure la prueba, porque hace siglos ya está preparada nuestra victoria y los galardones que su sola gracia nos da.
¿Sufrir escarnio por el Maestro? ¿Quién dijo miedo? Como el Padre estuvo con Él en esa horrible circunstancia, también lo estará contigo. ¡No desmayes… viene un nuevo y glorioso amanecer para nosotros!

director@verdadyvida.org

@GeorgesDoumat

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