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No tientes a Dios, Eduardo Padrón

No puedo emitir un juicio, pero habrá aun quienes dentro de la iglesia tientan a Dios murmurando sobre su poder, amor y cuidados

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¿Hay una diferencia entre tentar y rogar? Tal vez alguien diga: ¡No hay nada más evidente! Pero, ¿sabía que en una oración se podría estar tentando a Dios? La oración modelo enseñada por el Señor Jesucristo muestra lo siguiente: “no nos metas en tentación, mas líbranos del mal” (Mateo 6:13). Está clara la prescripción, ¿verdad? Sin embargo, siempre existe el riesgo en el corazón inseguro de irse al otro lado y tentar al Señor con lo más sublime de una vida cristiana: La oración. Ilustremos esto.
Ella era una de esas cristianas con inclinaciones honestas y justas hasta donde podía, pero su impericia en la vida le impedía comprender las contradicciones que veía en algunos cristianos. La pregunta que recurrentemente venía a su mente era por qué algunos creyentes tenían ese comportamiento y por qué Dios no les ponía arreglo. Así que no fue difícil pasar de esta queja a otras más difíciles de contestar. El día que faltó alimento en casa le hizo un reproche a la fe: “si Dios es realmente todo lo que dice, ¿por qué atravesamos por esta crisis? ¿No puede Dios ayudarnos y cambiar esta situación?”.
Algo similar, pero más crítico es el cuadro dibujado en el Salmo 78. Asaf escribe una larga descripción de la historia de Israel que debía ser conocida y recordada por las nuevas generaciones a fin de no reeditar la rebelión de los antepasados contra Dios a pesar de haber presenciado sus maravillas. Nos dice el texto: “Sino que se olvidaron de sus obras, [las de Dios] y de sus maravillas que les había mostrado.  Delante de sus padres hizo maravillas en la tierra de Egipto, en el campo de Zoán. Dividió el mar y los hizo pasar; detuvo las aguas como en un montón. Les guió de día con nube, y toda la noche con resplandor de fuego. Hendió las peñas en el desierto, y les dio a beber como de grandes abismos, pues sacó de la peña corrientes, e hizo descender aguas como ríos. Pero aún volvieron a pecar contra él, rebelándose contra el Altísimo en el desierto; pues tentaron a Dios en su corazón, pidiendo comida a su gusto. Y hablaron contra Dios, diciendo: ¿Podrá poner mesa en el desierto?”.
Interesante y esclarecedora la traducción del versículo 18 en otras versiones que describen cómo tentaron a Dios. La Biblia en Lenguaje Sencillo señala: “Se les metió en la cabeza poner a Dios a prueba, y le pidieron comida a su antojo. Hablaron mal de Dios, y hasta llegaron a decir: ‘Aquí en el desierto Dios no puede darnos de comer’”.
En el término tentación están presente las ideas de tropiezo, escándalo y hasta de poner a prueba. Pero el énfasis que prevalece aquí es absolutamente negativo pues alude a la sutil forma de probar a Dios, creyendo que lo pasará por alto o responderá a la indirecta. Se suele suponer que no pasará nada, olvidando que la santidad de Dios es tan real como su amor y que esta santidad exige actitudes santas.
No es necesario mencionar las tentaciones a las que se enfrenta un creyente, pero la menos evidente es la que se manifiesta en la murmuración. En otras palabras, es hablar mal de alguien, hablar entre dientes, con disgusto y quejándose de algo o de una persona a sus espaldas. A esta murmuración el escritor inspirado la describió como tentar a Dios pues fue dirigida en su contra. Imagínese aquel cuadro en el desierto. Todo un pueblo recordando lo que comían en Egipto y acariciando el deseo de devorar carne. Aunque aquella fue una magnífica oportunidad para la fe y seguir viendo los hechos y las maravillas de Dios, la convirtieron en pérdida al despreciarlo en sus corazones. ¿No es verdad que cuando murmuramos de alguien promovemos sus defectos?
Pregunto, ¿cómo reaccionamos, sentimos o nos expresamos cuando llegan los momentos difíciles? Cuando alguien nos recuerda o pensamos en el Dios que permite que ciertas cosas pasen. ¿No es esta más bien la actitud del necio que lo niega? No puedo emitir un juicio, pero habrá aun quienes dentro de la iglesia tientan a Dios murmurando sobre su poder, amor y cuidados. Es posible que muchos hemos estado muy cerca de decir algo indebido cuando no vemos que la ayuda llega a tiempo. Entonces toca a las puertas la tentación de quejarnos sin medir la ofensa. Confieso que algunas veces dije: “Dios no se mete en esos asuntos”, no porque estuviera convencido bíblicamente, sino con ese acento de reproche porque no lo hace. Luego tuve que recapacitar y aunque no tengo el asunto claro, lo abordo con respeto y creyendo que Dios está al tanto de todo.
¿Qué debemos hacer entonces? Lo que debió hacer el pueblo: creerle a Dios, aceptar su dirección y caminar en la fe. De esa forma nunca se caerá en la tentación de tentarle y de asumir posturas que ofendan su santidad, majestad y soberanía.  A veces esperar es lo recomendable. La respuesta vendrá. Sigamos creyéndole y honrándole.

Eduardo Padrón
Pastor, comunicador y escritor
Min. Educación y Cambio
edupadron@gmail.com

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