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No es por emoción, es por convicción, Otoniel Font

Los cristianos no estamos buscando una emoción. Los creyentes estamos buscando la convicción para caminar por ella

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“Le descubrió, pues, todo su corazón, y le dijo: Nunca a mi cabeza llegó navaja; porque soy nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si fuere rapado, mi fuerza se apartará de mí, y me debilitaré y seré como todos los hombres” (Jueces 16:17).
Como Sansón, tú todavía no has entendido que fue Dios quien te llamó, y sigues jugando. Las reglas siguen muy relajadas, y tú sigues en el juego para terminar entregando el corazón. Pero esto es difícil porque es imposible tener un hombre como Sansón, con grandes fuerzas, mandado a conquistar, y que no tenga pasión.
Los hombres y mujeres de éxito tienen pasión. Porque tú no puedes conquistar, si no hay ganas para conquistar, si no hay fuerzas para conquistar. Por eso es que la iglesia tradicional te dice que no prosperes, matando la pasión del hombre por conquistar porque la iglesia sabe que un hombre con pasión puede caer en tentación. Pero es que el reino de Dios no puede avanzar si no hay hombres con pasión que conquisten. Lo importante no es quitarles la pasión, sino encaminarla.
Hay quien, en algún tiempo, prosperó y vio lo que hace el pecado después que uno prospera; han perdido muchas cosas. Y ahora llegan a la iglesia y no quieren prosperar por no volver a caer en los problemas de antes; pero es que tú no caes por el dinero, sino por el corazón. Si pones a Dios primero, esa pasión Dios la va a encaminar.
Tú no puedes quedarte atrás. La iglesia tiene que ir de frente, tiene que conquistar y poner por estrado de los pies de Cristo a todos los enemigos. Mujer, tienes que luchar, seguir hacia adelante; luchar por tus hijos, por tu familia, tienes que prosperar, progresar. Tú no necesitas de ningún hombre para prosperar y progresar. Dios te ha dado a ti las fuerzas. Que nadie te quite la pasión, que nadie te quite el deseo. Lo que pasa es que cuando tienes una pasión grande, esa pasión se puede descontrolar. Pero nadie te la puede quitar porque, si te la quitan, entonces, no alcanzas nada.
Hay quien tiene muerto el corazón. No pecan, pero viven aburridos, sin nada que hacer; no salen a conquistar porque algo les mató la pasión. Eres como el elefante, que cuando pequeño lo amarran a una estaca en el cemento, y él hala y hala y no logra nada. Ya cuando grande, le ponen la estaca sin el cemento, pero ya no hala porque, aunque es grande y tiene toda la fuerza del mundo, le rompieron el corazón. Y tú no puedes permitir que las experiencias de tu pasado te quiten la pasión, el deseo de progresar, de prosperar, de seguir hacia adelante. Eso puede parecerte mucho problema, pero es que si no prosperas también tienes problemas. Y el problema es que, si tú no prosperas, más le queda al enemigo.  Lo que tú tienes que hacer es saber que, cuando las cosas te van bien, Dios sigue siendo Dios; y cuando te van mal, Dios sigue siendo Dios.
Si tienes carro, Dios es el dueño de tu corazón. Y si no lo tienes, también lo es. Y si por una metida de pata pierdes tu casa, no le echas la culpa a Dios cuestionándole por qué te hizo perder eso; Dios sigue siendo Dios. Y vuelves y te levantas. Eso es lo grande del Dios Todopoderoso. Si lo hace con alguien que está en pecado, cuánto más lo hará con un corazón arrepentido que le quiere servir a Él de todo corazón.
Se hace difícil porque los cristianos tenemos que cambiar nuestra emoción por la fe, y la fe no se siente igual que la emoción. La fe no siente nada. Y en el mundo que vivimos, la gente quiere sentir. Quieren sentirse vivos. Pero los cristianos no estamos vivos por lo que sentimos, sino por lo que creemos, por nuestras convicciones, por nuestra fe, porque en nuestro interior sabemos en quién hemos creído.
Los cristianos estamos vivos porque ya no eres tú, sino Cristo en ti. Ya tú no vives para ti. Ahora tú vives para Dios. Los cristianos no estamos buscando una emoción. Los creyentes estamos buscando la convicción para caminar por ella.  En el mundo, lo que se busca es la emoción, la adrenalina del momento.
Cuando tú vas a un restaurante y sabes que no debes comerte el postre porque estás a dieta. Cuando llegas allí, tienes dos opciones: comértelo o no comértelo. Si te lo comes, tendrás treinta segundos intensos de sabor, pero el problema es que te comes el postre y después sales de allí y piensas: no me lo debí comer; tengo que correr cuatro millas mañana para bajar la mitad de este postre. Así que, por unos segundos te sentiste vivo, para después saber lo muerto que estás. Piensas que te vas a obligar a correr, pero no lo haces porque correr no te hace sentir igual de vivo. No te gusta correr; te gusta el postre. El problema es que treinta segundos de placer te cuestan hora y media de ejercicio y de tiempo. Pero si un día vas al restaurante y no te comes el postre, la batalla que tienes afuera es bien diferente; porque te puedes sentir bien, y decir: me lo pude haber comido y no me lo comí; me aguanté. Y eso te debe hacer crecer. Lo que pasa es que entonces la mente te dice: qué tonto, hay que vivir; se vive una sola vez.  vuelve Dalilah con sus cosas. Pero tú debes tener la satisfacción de haber tenido la fuerza de voluntad para pararte firme ese día y saber que el día que dijiste que no, es cuando más vivo estabas porque el día que dijiste que sí, pensaste a lo loco, te entregaste a un momento y no te entregaste a toda la vida que Dios tiene para ti.
No es tan fácil cambiar lo que sientes por la fe, pero el cristiano tiene que cambiar siempre lo que siente por la fe, por su convicción. No se siente igual ir a comprar un televisor, que entregar una ofrenda, pero es más grande entregar una ofrenda, que comprar un televisor. No se siente igual, pero presentarte delante de Dios y decirle que Él es tu prioridad, que no hay nada más grande que Él en tu vida, que nada va a tener un lugar más especial en ti, es más importante a la larga.
José, cuando lo tentaron, no cedió por dos razones. Él dijo claramente: no le voy a hacer esto a mi Dios ni a mi jefe. No es porque no quieras ni porque no puedas, es que tú no vas a defraudar a Dios ni a aquellos que han confiado en ti. Antes de irte al valle de Sorec, piensa en el Dios que entregó su vida por ti en la cruz del Calvario.  Piensa en tu cónyuge, en tus hijos, en tus empleados, en los miembros de la iglesia. Antes de irte al valle de Sorec y ceder con Dalilah, piensa en toda la gente que ha creído en ti, que una falta de tu carácter les destruiría, les causaría dolor. Es verdad que Dios te perdonaría, te restauraría, pero el dolor que causas a tanta gente alrededor es tan fuerte, que no todo el mundo lo puede superar. Y si cometes un error, sé lo suficientemente humilde para aceptarlo, arrepentirte y cambiar tu vida para siempre.
La historia de Sansón, aunque termina de una forma trágica, termina en victoria. El pelo le creció porque la gracia de Dios está sobre tu vida y, cuando Él te llamó para algo, Él va a cuidar de ti.
¿De qué te sirve que te prediquemos prosperidad, y te olvides de Aquel que te da esa bendición? Cuando tengas que enfrentarte al valle de Sorec, toma la decisión correcta. Que Dios sea siempre primero en tu vida.

Otoniel Font
Pastor, escritor y conferencista

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