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¡No conviertas la prueba en castigo!

(Fernando Regnault – Articulista).-

Todos los llamados por Dios en Cristo Jesús pasarán por diversas pruebas, algunas muy difíciles, de ese pensamiento debemos armarnos. Hay cristianos que se quedan en el camino porque erróneamente les enseñan que todo lo bueno viene de Dios, y si les acontece algo malo es el diablo que está atacándolos. Pues amados nada más lejano de la Verdad, la Palabra nos enseña que todo proviene de Dios: «¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó? ¿De la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno?» (Lamentaciones 3:37-38). El que diga que pasó algo que el Señor no mandó, está diciendo que el Señor no tiene el control del universo. Esto incluye el hecho que, cuando el diablo hace cosas, es porque el Señor lo permite por alguna razón, que con seguridad es justa.
A los hijos de Dios en particular el enemigo no puede tocarlos, a menos que el Señor se lo permita. Cuando el Señor lo permite es porque llegó el momento de crecer espiritualmente, es una prueba de nuestra fe. El Señor «reprende y castiga» a cada uno de sus hijos: «Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete» (Apocalipsis 3:19).  Esto es lo que hace como Padre con el hijo que ama, lo corrige para vida eterna. Quien se somete a la disciplina, humillándose delante del Señor, está aceptando el señorío de Cristo y es aceptado como hijo, veamos: «Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?» (Hebreos 12:7).
Entendamos que disciplina no es castigo, sino entrenamiento o corrección, pudiera involucrar castigo pero no siempre es así. Así que si soportamos la prueba sometiéndonos al Señor entonces «Dios os trata como a hijos», sino será dejado sin disciplina y no será hijo; veamos: «Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos» (Hebreos 12:8). Así que si estas en una prueba difícil: «Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo» (1ª Pedro 5:6).
Sabiendo que a los que aman al Señor todas las cosas serán para bien, porque así como le dijo el Señor a los Israelitas en el desierto así nos lo dice hoy a nosotros, veamos: «que te sustentó con maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido, afligiéndote y probándote, para a la postre hacerte bien» (Deuteronomio 8:16).  Él nos hará bien así como a Job, realmente es un privilegio que el Dios vivo nos tome en cuenta para perfeccionarnos para vida eterna. «Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo» (2ª Timoteo 2:7).

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