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No a la intervención militar extranjera

Ante la creciente crisis venezolana y aparente imposibilidad de tener una solución cercana, cada día crece la solicitud de las fuerzas vivas de la nación por una intervención militar extranjera para forzar la tan ansiada solución que enrumbe nuevamente a Venezuela. Hasta se ha vuelto un clamor el invocar el artículo constitucional 187 en su numeral 11, que expresa: “Corresponde a la Asamblea Nacional: Autorizar el empleo de misiones militares venezolanas en el exterior o extranjeras en el país”.
Al preguntársele a la mayoría del liderazgo cristiano nacional si está de acuerdo con dicha intervención foránea, obviamente responden que no, los creyentes jamás estaremos de acuerdo con las salidas bélicas, salvo que sea la voluntad de Dios. Trataré de interpretar, desde mi humilde opinión, el sentir de la mayoría y dar el porqué de nuestra negativa, «pero no con palabras aprendidas de la sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, que explican las cosas espirituales con términos espirituales» (1ª Corintios 2:13).
Desde hace varias décadas el Señor ha venido hablándole a la Iglesia venezolana de diversas maneras a través de muchos hombres y mujeres de Dios, mostrando a la nación como una anciana embarazada que no puede dar a luz porque no tiene fuerzas, pero que el clamor de un remanente fiel de la iglesia será usado como la partera espiritual para que la vieja Venezuela dé a luz a la Nueva y muera en el parto. Esta tranca que observamos desde hace años por obtener una salida para el país se debe a que aun cuando hay dolores de parto la anciana no ha podido romper fuente.
El agravamiento de la crisis seguirá en escalada hasta el doloroso e inminente enfrentamiento entre venezolanos, todo apunta a eso, ninguna de las partes involucradas en el conflicto político cederá; por el contrario, se están preparando para eso. El país hace rato está convencido de que no hay otra salida, un bando está atrincherado en la nación, mientras el otro se escuda en la intervención extranjera; pero ni uno ni otro goza del favor divino, porque Dios tiene una sorpresiva salida que vendrá en medio del caos que estos bandos generarán.
Respetamos a quienes no creen en la palabra profética, nosotros sí «juzgamos la profecía», su cumplimiento hasta ahora ha sido pleno y porque la exigencia que el Señor le ha hecho a su Iglesia y a la nación no ha sido obedecida. Dios ha pedido arrepentimiento nacional para poder restaurar a Venezuela, pero la respuesta ha sido contraria. La terquedad de la nación y de muchos en la Iglesia de seguir poniendo los ojos en los hombres y buscando salidas políticas y propiciando negociaciones humanas nos está llevando, precisamente, al desenlace de la palabra profética.
Una posible intervención militar extrajera será el producto de no reconocer nuestra condición de rebelión contra Dios. Si no nos arrepentimos y humillamos delante del Señor, será esa actitud la que nos lleve por el peor camino.
Por lo tanto, la «ayuda» extranjera armada no es del todo una bendición, más bien es la consumación del juicio de Dios, es el resultado de la desobediencia de los venezolanos, es el fruto de la falta de arrepentimiento, es la última y más dolorosa medida disciplinaria del Señor para una nación que ha sido escogida desde antes de la fundación del mundo para grandes cosas y para ser de bendición a las naciones de la tierra, pero cuyo pueblo ha decidido clamar a los falsos dioses, a los ídolos de las religiones antes que al Santo y Eterno Dios, que es el Rey del universo desde antes de la creación y lo será por los siglos de los siglos.
¿Podemos estar los cristianos de acuerdo con una intervención militar extranjera? ¿Está de acuerdo alguien con que se le azote y castigue? ¡Obvio que no!, pero la desobediencia lleva a eso; «porque el Señor disciplina al que ama, y azota a todo el que recibe como hijo… Claro que ninguna disciplina nos pone alegres al momento de recibirla, sino más bien tristes; pero después de ser ejercitados en ella, nos produce un fruto apacible de justicia» (Hebreos 12:6,11). Los humanos tenemos una conducta tan obstinada que Dios debe emplear la vara de la corrección para que nos volvamos a Él y pueda sanarnos, restaurarnos y salvarnos.
Ese es el caso de Venezuela. Pero cuanto mayor sea la prueba y difícil el proceso, mayor será la gloria postrera…

Georges Doumat B.

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1 GUAIDÓ Y LA IDENTIDAD SEXUAL. “Hemos promovido por años el respeto a la identidad sexual y de género de los venezolanos. En 2016, declaramos desde la @AsambleaVE el 17 de mayo como Día Nacional contra la Homofobia, Bifobia y Transfobia. ¡Respetaremos siempre la diversidad entre nuestros ciudadanos!”, escribió el pasado 17 de mayo en su cuenta @jguaido el presidente de la Asamblea Nacional. Le aclaramos al Sr. Juan Guaidó que una cosa es la fobia en contra de personas, la cual deploramos, y otra muy diferente usar el parlamento para legislar el tema moral que no nos compete a los hombres, sino a Dios; y la Biblia es bien clara con respecto a los temas de perversión sexual, cualquiera sea su tipo. Dios condena la inmoralidad sexual y punto.
2 ISRAEL ES UNO DE LOS PAÍSES MÁS FELICES DEL MUNDO. Israel es el 11° país más feliz del mundo por quinto año consecutivo, lo superan las naciones nórdicas de Europa desde que se produjo por primera vez en 2012, que entre otras cosas evalúa derechos ciudadanos, economía, sistema de salud y otros factores para medir la felicidad en las naciones; según el “Informe Mundial de la Felicidad” de la ONU. En contraste, sus vecinos de la Autoridad Palestina ocuparon el 104° lugar, el Líbano en el 88°, Jordania en el 90° y Siria el lugar 150° en el listado de 156 países.
3 LO DIJO Charles Spurgeon: “No hay pecado que condene al hombre que cree, y nada puede salvar al hombre que no va a creer”.
Y la Biblia DICE: “Ustedes fueron salvos gracias a la generosidad de Dios porque tuvieron fe. No se salvaron a sí mismos, su salvación fue un regalo de Dios. La salvación no es algo que ustedes hayan conseguido, pues nadie puede decir que se salvó a sí mismo” (Efesios 2:8-9. PDT).

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